Why they say that Garo is the highest among the Makai Knights?
(Reorganized chapters):
Chapter 1.
Chapter 2.
Chapter 3.
Chapter 4.
Chapter 5, the end.
dissabte, 4 de juliol del 2009
diumenge, 28 de juny del 2009
GARO Fanfic – Regreso de los exiliados, 1
Fic situado poco tiempo tras la Noche Blanca.
Capítulo 1: Sombras
El horror vigila el portal atentamente. Con sus redondos ojos. Sus antenas, a pesar de elevarse casi un metro por encima de su reseca cabeza, de poco sirven para captar algo en otra dimensión. Espera, sabiendo que no encontraría otro congénere con voluntad suficiente para ejecutar semejante plan. Puede permitirse ser paciente, siempre que mantenga su hambre bajo control.
Una sombra se insinua al otro lado del portal. Como una exalación su brazo cruza de dimensión, le da un violento zarpazo a la sombra y vuelve a retirarse. Vaya, se lamenta en seguida, mirándo su garra teñida con sangre casi negra, se trata de uno de esos estúpidos merodeadores. Cambio de planes immediato. Se precipita al otro lado en busca de su víctima, la qual se desprende con rapidez del humano que había poseído para huir más ligero. És inútil. Le alcanza con facilidad y no tarda en convertirse en energía y nutrientes almacenados en su segundo estómago, el de las reservas. Justo cuando aprovechaba la ocasión para llevarse al desgraciado humano con él de vuelta a su mundo, oye un grito. Otro humano, testigo aterrorizado de la aparición, que huye. El forastero se da prisa en regresar, no quiere llamar la atención sobre sí mismo, ni entre los humanos ni entre los horrores que merodean entre ellos.
Ya en terreno conocido, el cuerpo que arrastra consigo se desintegra, ja no podrá probar la carne humana y ver si realmente vale la pena salir y correr el riesgo de tropezarse con un caballero makai. Por eso los horrores Bariri como él son de clase superior: más inteligentes y prudentes, tienen la comida al alcance de la mano, y dominan a los otros horrores por el miedo a ser devorados.
Dado que la carne humana adulterada por un merodeador no es ni una cosa ni otra, no le sirve para nada. Tiene que esperar otra oportunidad. El portal se halla en el territorio adecuado, sólo necesita un humano para empezar a deambular libremente.
Su paciencia se ve recompensada cuando ve la siguiente sombra. O no. Apenas su garra se precipita a través del portal, el dolor desgarra su cuerpo, retrayendo en el acto su brazo. Su mano ha sido cercenada de cuajo con la insoportable eficiacia del metal del alma. Ya es mala suerte que un caballero makai advirtiera este portal precisamente ahora, y lo cerrara con rapidez.
El horror Bariri tuvo un gran berrinche al ver sus planes frustrados, por eso ahora se dedica a cazar a otros horrores indiscriminadamente para aliviar también su dolor en el brazo mientras éste empieza a regenerarse.
Cuando restablece el control sobre sí mismo se da cuenta de que, con toda probabilidad, el caballero makai responsable de su lesión es el que está buscando. Bien, se ensañará en su venganza cuando llegue el momento. Habiéndose animado a sí mismo, busca y encuentra otro portal en la misma zona. Ahora entiende por qué a veces es necesario arriesgarse en el mundo de los humanos. A fin de cuentas, se arenga, según las memorias de otros horrores que ha ido recopilando, ellos son los depredadores naturales de los humanos, y los Caballeros Makai son muy pocos.
Le lleva tiempo ver su paciencia y su espera premiadas. Con íntimo gozo contempla la roja sangre que mancha su mano, y no resiste la tentación de llevarse, de un lametazo, buena parte de la carne arrancada a su víctima. En seguida decide que los humanos son poco menos que insípidos para los puros paladares Bariri. Contempla el portal al otro lado del cual debía haber un humano con una fuerte hemorragia, pero se centra en sí mismo.
Sus largas antenas descienden hasta que sus extremos se mueven entre los restos de su mano, copiando su ADN. Creyó que su transformación estaría completa en unos diez segundos, como de costumbre, pero no contó con que las enormes diferencias entre ese ADN y el suyo requieren más tiempo, e incluso dolor.
A penas un minuto después Filo Envenenado se adentra, entusiasta, en el mundo de los humanos.
– Perdone, señorita, ¿puede ayudarme con un herido, por favor?
Llegar tarde al trabajo: lo que le faltaba para completar el día. Kaoru sigue resignada al hombre de la camisa de rayas, consolándose en que puede que así dejará de pensar en el mudo desplante de Koga.
– Quizá baste con llamar a una ambulancia –dice el desconocido, deteniéndose en una pequeña calle desierta.– Me he olvidado el móvil en otro pantalón.
Cuando la muchacha empieza a buscar el pequeño aparato en las pobladas profundidades de su bolso, detecta que algo va mal. Apenas su cerebro registra un rápido movimiento del desconocido y unas uñas inusualmente largas en un hombre, antes de sentir un lacerante dolor en el brazo izquierdo. Sonrisa malvada del desconocido; sangre en su mano. Gotas coloradas en el suelo. Su propio brazo, ensangrentado. ¿Es que le ha arrancado la carne? ¿Éso blanco es el hueso?
Impresionada por la visión, Kaoru pierde el sentido.
Capítulo 1: Sombras
El horror vigila el portal atentamente. Con sus redondos ojos. Sus antenas, a pesar de elevarse casi un metro por encima de su reseca cabeza, de poco sirven para captar algo en otra dimensión. Espera, sabiendo que no encontraría otro congénere con voluntad suficiente para ejecutar semejante plan. Puede permitirse ser paciente, siempre que mantenga su hambre bajo control.
Una sombra se insinua al otro lado del portal. Como una exalación su brazo cruza de dimensión, le da un violento zarpazo a la sombra y vuelve a retirarse. Vaya, se lamenta en seguida, mirándo su garra teñida con sangre casi negra, se trata de uno de esos estúpidos merodeadores. Cambio de planes immediato. Se precipita al otro lado en busca de su víctima, la qual se desprende con rapidez del humano que había poseído para huir más ligero. És inútil. Le alcanza con facilidad y no tarda en convertirse en energía y nutrientes almacenados en su segundo estómago, el de las reservas. Justo cuando aprovechaba la ocasión para llevarse al desgraciado humano con él de vuelta a su mundo, oye un grito. Otro humano, testigo aterrorizado de la aparición, que huye. El forastero se da prisa en regresar, no quiere llamar la atención sobre sí mismo, ni entre los humanos ni entre los horrores que merodean entre ellos.
Ya en terreno conocido, el cuerpo que arrastra consigo se desintegra, ja no podrá probar la carne humana y ver si realmente vale la pena salir y correr el riesgo de tropezarse con un caballero makai. Por eso los horrores Bariri como él son de clase superior: más inteligentes y prudentes, tienen la comida al alcance de la mano, y dominan a los otros horrores por el miedo a ser devorados.
Dado que la carne humana adulterada por un merodeador no es ni una cosa ni otra, no le sirve para nada. Tiene que esperar otra oportunidad. El portal se halla en el territorio adecuado, sólo necesita un humano para empezar a deambular libremente.
Su paciencia se ve recompensada cuando ve la siguiente sombra. O no. Apenas su garra se precipita a través del portal, el dolor desgarra su cuerpo, retrayendo en el acto su brazo. Su mano ha sido cercenada de cuajo con la insoportable eficiacia del metal del alma. Ya es mala suerte que un caballero makai advirtiera este portal precisamente ahora, y lo cerrara con rapidez.
El horror Bariri tuvo un gran berrinche al ver sus planes frustrados, por eso ahora se dedica a cazar a otros horrores indiscriminadamente para aliviar también su dolor en el brazo mientras éste empieza a regenerarse.
Cuando restablece el control sobre sí mismo se da cuenta de que, con toda probabilidad, el caballero makai responsable de su lesión es el que está buscando. Bien, se ensañará en su venganza cuando llegue el momento. Habiéndose animado a sí mismo, busca y encuentra otro portal en la misma zona. Ahora entiende por qué a veces es necesario arriesgarse en el mundo de los humanos. A fin de cuentas, se arenga, según las memorias de otros horrores que ha ido recopilando, ellos son los depredadores naturales de los humanos, y los Caballeros Makai son muy pocos.
Le lleva tiempo ver su paciencia y su espera premiadas. Con íntimo gozo contempla la roja sangre que mancha su mano, y no resiste la tentación de llevarse, de un lametazo, buena parte de la carne arrancada a su víctima. En seguida decide que los humanos son poco menos que insípidos para los puros paladares Bariri. Contempla el portal al otro lado del cual debía haber un humano con una fuerte hemorragia, pero se centra en sí mismo.
Sus largas antenas descienden hasta que sus extremos se mueven entre los restos de su mano, copiando su ADN. Creyó que su transformación estaría completa en unos diez segundos, como de costumbre, pero no contó con que las enormes diferencias entre ese ADN y el suyo requieren más tiempo, e incluso dolor.
A penas un minuto después Filo Envenenado se adentra, entusiasta, en el mundo de los humanos.
* * *
– Zaruba, ¿quedan más posibles portales oscuros?
– Ése era el último. Has trabajado mucho hoy y te convendría descansar un rato, Koga. Imagínate que esta noche tuvieses que salir de cacería.
El joven piensa que la diminuta cabeza parlante de su anillo tiene razón, y emprende la marcha hacia casa, con el aliciente de volver a contemplar el rostro de su amada y de perderse entre la calidez de sus brazos.
Un rato después su desarrollada percepción le advierte que alguien le sigue.
– Zaruba, ¿hay algún horror por aquí cerca?
– En absoluto. ¿Por qué?
– Olvídalo.
Koga sabe por experiencia que un humano decidido y con odio suficiente puede ser más peligroso que un horror hambriento, y que no puede levantar su espada contra él. Bien, ya está llegando a casa y no ha sucedido nada. Si lo vuelve a sentir siguiéndole lo interceptará.
Su paso se apresura y su semblante se suaviza cuando ve en el jardín, dándole la espalda, la figura de ella.
– ¡Kaoru!
– ¡Cuidado con el seto! –exclama ella.
Koga vuelve la cabeza automáticamente a derecha y a izquierda hasta comprender que el aviso no es para él. ¿Por qué no se ha girado para recibirlo? No lo habrá oído. Entonces oye otras voces. ¿Qué sucede aquí?
Lo primero que ve cuando llega donde está ella, doblando la esquina de la casa, es un enorme camión. Y luego un par de hombres cogiendo los extremos de unas largas placas de madera clara, tratando de hacerlas entrar por la puerta. ¿Otra vez? Desconcertado, contempla a la muchacha.
– Kaoru...
– Hola, Koga –dice ella, aún sin volverse hacia él.– ¡Vigilen con la mesita que hay al otro lado de la entrada!
¿Dónde está su abrazo, ese que le hace volver feliz a casa? ¿Dónde está esa mirada que siempre celebra su regreso? De pronto desea echar a fuera a los forasteros que le arrebatan el afectuoso saludo al que tiene derecho.
– Kaoru, ¿para que es éso?
– Estoy harta de la deprimente decoración del comedor, ¡es tan oscuro!
Koga no se imagina qué quiere decir ella con “oscuro”, pero ella lo toma por el antebrazo y lo arrastra al interior de la casa, y entonces comprende. Sus ojos no esperaban encontrar tanta luminosidad en el comedor y tienen que parpadear.
– ¿Dónde están las cortinas? –protesta a su entusiasta novia.
– Las vamos a cambiar. Son casi opacas, y mantienen simpre el comedor en una terrible penumbra.
Además, las oscuras (y nobles) maderas de mesa, sillas, sillones y armarios han sido sustituídas por otras más sencillas y claras; sólo las maderas que tapizan parte de la pared permanecen intactas, creando un extraño contraste.
Una súbita ansiedad se apodera del joven. Sin previo aviso, los muebles con los ha convivido casi toda su vida desaparecen. Conocer a Kaoru le ha permitido mantenerse firme en su humanidad, pero ya no. No le importó (o al menos no tanto) cuando ella cambió la decoración de su habitación, pero ahora ha invadido su terreno. Quizá no tendría que haberle dicho “mi casa es tuya” cuando se reencontraron tras su regreso de Europa, pero entonces sintió que quería hacerlo. ¿Está siendo posesivo con sus cosas, o egoísta con su terreno? ¿Está flaqueando su confianza en ella?
– ¿Qué te parece? –pregunta la chica, rebosante de esperanza.
Él, confundido, no puede abrir la boca. Abandona el comedor a grandes zancadas dejando tras de sí a una Kaoru desilusionada y entristecida.
– Ése era el último. Has trabajado mucho hoy y te convendría descansar un rato, Koga. Imagínate que esta noche tuvieses que salir de cacería.
El joven piensa que la diminuta cabeza parlante de su anillo tiene razón, y emprende la marcha hacia casa, con el aliciente de volver a contemplar el rostro de su amada y de perderse entre la calidez de sus brazos.
Un rato después su desarrollada percepción le advierte que alguien le sigue.
– Zaruba, ¿hay algún horror por aquí cerca?
– En absoluto. ¿Por qué?
– Olvídalo.
Koga sabe por experiencia que un humano decidido y con odio suficiente puede ser más peligroso que un horror hambriento, y que no puede levantar su espada contra él. Bien, ya está llegando a casa y no ha sucedido nada. Si lo vuelve a sentir siguiéndole lo interceptará.
Su paso se apresura y su semblante se suaviza cuando ve en el jardín, dándole la espalda, la figura de ella.
– ¡Kaoru!
– ¡Cuidado con el seto! –exclama ella.
Koga vuelve la cabeza automáticamente a derecha y a izquierda hasta comprender que el aviso no es para él. ¿Por qué no se ha girado para recibirlo? No lo habrá oído. Entonces oye otras voces. ¿Qué sucede aquí?
Lo primero que ve cuando llega donde está ella, doblando la esquina de la casa, es un enorme camión. Y luego un par de hombres cogiendo los extremos de unas largas placas de madera clara, tratando de hacerlas entrar por la puerta. ¿Otra vez? Desconcertado, contempla a la muchacha.
– Kaoru...
– Hola, Koga –dice ella, aún sin volverse hacia él.– ¡Vigilen con la mesita que hay al otro lado de la entrada!
¿Dónde está su abrazo, ese que le hace volver feliz a casa? ¿Dónde está esa mirada que siempre celebra su regreso? De pronto desea echar a fuera a los forasteros que le arrebatan el afectuoso saludo al que tiene derecho.
– Kaoru, ¿para que es éso?
– Estoy harta de la deprimente decoración del comedor, ¡es tan oscuro!
Koga no se imagina qué quiere decir ella con “oscuro”, pero ella lo toma por el antebrazo y lo arrastra al interior de la casa, y entonces comprende. Sus ojos no esperaban encontrar tanta luminosidad en el comedor y tienen que parpadear.
– ¿Dónde están las cortinas? –protesta a su entusiasta novia.
– Las vamos a cambiar. Son casi opacas, y mantienen simpre el comedor en una terrible penumbra.
Además, las oscuras (y nobles) maderas de mesa, sillas, sillones y armarios han sido sustituídas por otras más sencillas y claras; sólo las maderas que tapizan parte de la pared permanecen intactas, creando un extraño contraste.
Una súbita ansiedad se apodera del joven. Sin previo aviso, los muebles con los ha convivido casi toda su vida desaparecen. Conocer a Kaoru le ha permitido mantenerse firme en su humanidad, pero ya no. No le importó (o al menos no tanto) cuando ella cambió la decoración de su habitación, pero ahora ha invadido su terreno. Quizá no tendría que haberle dicho “mi casa es tuya” cuando se reencontraron tras su regreso de Europa, pero entonces sintió que quería hacerlo. ¿Está siendo posesivo con sus cosas, o egoísta con su terreno? ¿Está flaqueando su confianza en ella?
– ¿Qué te parece? –pregunta la chica, rebosante de esperanza.
Él, confundido, no puede abrir la boca. Abandona el comedor a grandes zancadas dejando tras de sí a una Kaoru desilusionada y entristecida.
* * *
– Perdone, señorita, ¿puede ayudarme con un herido, por favor?
Llegar tarde al trabajo: lo que le faltaba para completar el día. Kaoru sigue resignada al hombre de la camisa de rayas, consolándose en que puede que así dejará de pensar en el mudo desplante de Koga.
– Quizá baste con llamar a una ambulancia –dice el desconocido, deteniéndose en una pequeña calle desierta.– Me he olvidado el móvil en otro pantalón.
Cuando la muchacha empieza a buscar el pequeño aparato en las pobladas profundidades de su bolso, detecta que algo va mal. Apenas su cerebro registra un rápido movimiento del desconocido y unas uñas inusualmente largas en un hombre, antes de sentir un lacerante dolor en el brazo izquierdo. Sonrisa malvada del desconocido; sangre en su mano. Gotas coloradas en el suelo. Su propio brazo, ensangrentado. ¿Es que le ha arrancado la carne? ¿Éso blanco es el hueso?
Impresionada por la visión, Kaoru pierde el sentido.
dissabte, 27 de juny del 2009
GARO Fanfic - El Secret de Garo
¿Per què hom diu que Garo és el superior entre els Cavallers Makai?
(Reestructuració de capítols):
Capítol 1.
Capítol 2.
Capítol 3.
Capítol 4.
Capítol 5 i final.
(Reestructuració de capítols):
Capítol 1.
Capítol 2.
Capítol 3.
Capítol 4.
Capítol 5 i final.
dissabte, 6 de juny del 2009
GARO Fanfic - Garo's Secret (chap. 5, the end)
A day after, Kouga was dragged toward the garden to dismiss Jabi. He saw no need to go outside, but Kaoru insisted it was needed, especially if he believed she to be a good friend.
“... Anyway,” the girl whispered, “if she wasn’t yours, would be mine”.
She turned to Jabi.
“Thank you very much for everything. You’ve saved him: I’ve got a great debt to you”. She bent as a very formal greeting, which Kouga followed.
“I'm happy to meet you again” he added. “Hopefully we could repeat it in better circumstances”.
“I agree” Kaoru pointed.
“Kouga knows how to find me” Jabi reported. She ironically as looking at him. “If you scare me like this again, you’ll really know me!. And, more serious. “Watch what else has changed or is changing. The benefits of your position have not been finished yet. As soon as you uncover them, as soon you’ll be able to use them”.
Kaoru was looking from one to the other, trying to understand what they are talking about. Jabi also alternated her gaze between the couple, before to focus on him.
“You must tell it to her. Some day”.
He sighs. Kaoru renewed her expectations.
“What?”
“Give him some time”, the priestess pointed.
“Oh, Jabi, wait a moment, I want to give you something”.
Kaoru disappeared into the house.
“I can’t tell to her”, Kouga communicate to his friend, feeling it terribly hard.
“ Don’t you think that Kaoru would feel flattered aboutt what you almost did, but happy that you didn’t?”
The boy's head fell forward in desperation. Why was it so difficult for Jabi to understand? He lifted it again, resigned to do another confession, but his sight caressed the grove surrounding the house.
“This diabolical transformation uncovers the worst in a human heart. Simply you can’t watch anything good without perverting it. I couldn’t avoid see Kaoru only as an object which was mine, which he’d seized from me, and it couldn’t be tolerated in any way. If then I’d faced Barago it’d have been just a struggle for power, she hadn’t earned any thoughts of good or evil. If the transformation had been fixed, the only possible relationship between us would have been my desire or, at best, the most ruthless manipulation, as Barago did. It’d have killed any affection she might have towards me, and I wouldn’t minded: I’d rule her whole life and being, and it’d be right to me, drunk of an unlimited freedom, Jabi!”
At last, he accepted to look at her.
“And I don’t take account of what would be imposed upon my job as a Makai Knight. If human life loses its value, it's easy to guess, but the worst is what I can’t imagine. Fortunately I wasn’t there long enough. How to gess all the changes as a result of a drastic modification of your concept of the world: you've the right to do whatever you want just because you can! Really, do you think it is even worth to remember it?”
Kaoru came with a paper bag in hand. Inside, there was one of her paintings, which Kouga didn’t know: Jabi looking back to the one watching the painting, with such a melancholy that Jabi in the flesh had trouble hiding her emotion. Is this the face I show?, she thought.
“Unbelievable” he whispered, impressed. “She really took you!”
Would Kaoru know, the priestess wondered, the cause of this expression is that she took Kouga from me? Would him? I’ve to leave. Now.
After the priestess disappeared from their view, Kaoru watched as Kouga’s look went on focussed on she had left.
“What?”
“I’m afraid that she avoided me to changing job.”
The young woman, who had entusiastically observed the progressive removal of the darkness in Kouga’s life, now realized that this was a mistake.
“If you'd said it before I’d have celebrated. But, really, it’s not fair you just to give up: it’s your mission in life: thank you I can continue my own!” She watched his face with almost uncovered anxiethy. “But, you’ll be careful, promise”.
He brought her head to him and kissed her forehead.
“I promise”.
No excuses anymore, Kouga understood. Kaoru herself, his bringer of light, who had her forehead on his chest, was showing him the path of darkness. Jabi was right, his beloved one was a part of the master plan that defined Garo’s fate. He was trapped.
“... Anyway,” the girl whispered, “if she wasn’t yours, would be mine”.
She turned to Jabi.
“Thank you very much for everything. You’ve saved him: I’ve got a great debt to you”. She bent as a very formal greeting, which Kouga followed.
“I'm happy to meet you again” he added. “Hopefully we could repeat it in better circumstances”.
“I agree” Kaoru pointed.
“Kouga knows how to find me” Jabi reported. She ironically as looking at him. “If you scare me like this again, you’ll really know me!. And, more serious. “Watch what else has changed or is changing. The benefits of your position have not been finished yet. As soon as you uncover them, as soon you’ll be able to use them”.
Kaoru was looking from one to the other, trying to understand what they are talking about. Jabi also alternated her gaze between the couple, before to focus on him.
“You must tell it to her. Some day”.
He sighs. Kaoru renewed her expectations.
“What?”
“Give him some time”, the priestess pointed.
“Oh, Jabi, wait a moment, I want to give you something”.
Kaoru disappeared into the house.
“I can’t tell to her”, Kouga communicate to his friend, feeling it terribly hard.
“ Don’t you think that Kaoru would feel flattered aboutt what you almost did, but happy that you didn’t?”
The boy's head fell forward in desperation. Why was it so difficult for Jabi to understand? He lifted it again, resigned to do another confession, but his sight caressed the grove surrounding the house.
“This diabolical transformation uncovers the worst in a human heart. Simply you can’t watch anything good without perverting it. I couldn’t avoid see Kaoru only as an object which was mine, which he’d seized from me, and it couldn’t be tolerated in any way. If then I’d faced Barago it’d have been just a struggle for power, she hadn’t earned any thoughts of good or evil. If the transformation had been fixed, the only possible relationship between us would have been my desire or, at best, the most ruthless manipulation, as Barago did. It’d have killed any affection she might have towards me, and I wouldn’t minded: I’d rule her whole life and being, and it’d be right to me, drunk of an unlimited freedom, Jabi!”
At last, he accepted to look at her.
“And I don’t take account of what would be imposed upon my job as a Makai Knight. If human life loses its value, it's easy to guess, but the worst is what I can’t imagine. Fortunately I wasn’t there long enough. How to gess all the changes as a result of a drastic modification of your concept of the world: you've the right to do whatever you want just because you can! Really, do you think it is even worth to remember it?”
Kaoru came with a paper bag in hand. Inside, there was one of her paintings, which Kouga didn’t know: Jabi looking back to the one watching the painting, with such a melancholy that Jabi in the flesh had trouble hiding her emotion. Is this the face I show?, she thought.
“Unbelievable” he whispered, impressed. “She really took you!”
Would Kaoru know, the priestess wondered, the cause of this expression is that she took Kouga from me? Would him? I’ve to leave. Now.
After the priestess disappeared from their view, Kaoru watched as Kouga’s look went on focussed on she had left.
“What?”
“I’m afraid that she avoided me to changing job.”
The young woman, who had entusiastically observed the progressive removal of the darkness in Kouga’s life, now realized that this was a mistake.
“If you'd said it before I’d have celebrated. But, really, it’s not fair you just to give up: it’s your mission in life: thank you I can continue my own!” She watched his face with almost uncovered anxiethy. “But, you’ll be careful, promise”.
He brought her head to him and kissed her forehead.
“I promise”.
No excuses anymore, Kouga understood. Kaoru herself, his bringer of light, who had her forehead on his chest, was showing him the path of darkness. Jabi was right, his beloved one was a part of the master plan that defined Garo’s fate. He was trapped.
diumenge, 31 de maig del 2009
GARO Fanfic – El secret de Garo (Capítol 5 i final)
Un dia després en Koga es va deixar arrossegar fins al jardí per a acomiadar la Jabi. Ell no veia la necessitat de sortir a fora, però la Kaoru insistí en que era el que calia fer, sobretot si ell la considerava una bona amiga.
– ... En tot cas –li xiuxiuejà la noia– si no ho fos teva ho fóra meva.
Es girà cap a la Jabi.
– Moltíssimes gracies per tot. L’has salvat: tinc un gran deute amb tu. –S’inclinà en una salutació força formal, i fou acompanyada en això per en Koga.
– M’alegro molt de tornar-te a veure –afegí ell–. Tant de bo ho poguem repetir en millors circumstàncies.
– Hi estic d’acord –apuntà la Kaoru.
– En Koga ja sap on trobar-me –l’informà la Jabi. Somrigué irònicament en mirar-lo a ell.– Com em tornis a donar un esglai d’aquest calibre sabràs qui sóc jo. –I més seriorsa– . Fixa’t en què més ha canviat o està canviant. Els beneficis de la teva posició no s’han acabat, encara. Quant abans te n’adonguis, abans els podràs utilitzar.
La Kaoru se’ls va mirar a la una i a l’altre, procurant d’entendre de què parlaven. També la Jabi va alternar les seves mirades entre la parella centrant-la després, punyent, en ell.
– Li ho has de dir. Un dia.
Ell sospirà. La Kaoru renovà la seva expectativa.
– Què?
– Dóna-li una mica de temps –puntualitzà la sacerdotessa.
– Ah, espera, Jabi, et vull donar una cosa.
La mestressa desaparegué a dins de casa.
– No li ho puc dir –aprofità en Koga per comunicar a la seva amiga, com si li costés la mateixa vida.
– No creus que la Kaoru se’n sentiria afalagada, del que vas a estar a funt de fer per ella, però feliç de que no ho haguessis fet?
El cap del noi caigué endavant en un gest de desesperació. Per què li costava tant d’entendre, a ella? El tornà a llevar, resignat a una altra confessió, però el seu esguard es dirigia cap a l’arbreda que envoltava la casa.
– Aquesta diabòlica transformació treu el pitjor del cor humà. Senzillament, és incapaç de contemplar res de bo sense pervertir-ho. No vaig poder evitar copsar la Kaoru tan sols com un objecte que era meu, que m’havien pres, i no es podia tolerar de cap manera. D’haver-me enfrontat a Barago en aquestes condicions hauria estat tan sols una lluita pel poder, sense que ella hagués merescut cap pensament ni bo ni dolent. Si la transformació s’hagués instal.lat definitivament en mi, la única relació que hagués pogut exitir entre nosaltres hauria estat la meva voluntat o, a tot estirar, la manipulació més despietada, com va fer Barago. Hauria mort qualsevol afecte que ella pogués tenir cap a mi, i a mi m’haria estat ben igual; ella viuria presonera i a mi no m’importaria; jo governaria la seva vida i em semblaria correcte. Ebri d’una llibertat sense cap límit, Jabi!
Per fi es dignà a mirar-la.
– I això, sense considerar la perversió que imposaria a la meva tasca com a Cavaller Makai. Que la vida humana perdés el seu valor és fàcil d’endevinar, però el pitjor és el que no em puc imaginar: per sort no hi vaig estar prou temps. Com saber tots els canvis conseqüència d’una tan dràstica modificació del concepte del món, que tens dret a fer el que vulguis tan sols perquè pots fer-ho. De veritat creus que és una cosa per dir-la, ni tan sols recordar-la?
La Kaoru arribava amb una bossa de paper a la mà. A dins hi havia un dels seus quadres, un que en Koga no coneixia: la Jabi tornant la mirada al que contemplava la pintura, amb una malenconia tal que la Jabi de carn i sang tingué problemes per amagar la seva emoció. Aquesta és la cara que faig?
– Increïbe –mormolà ell, impressionat–. T’ha agafat ben agafada.
Sabria ella també, es preguntà la sacerdotessa, que la causa d’aquesta expressió és que ella m’ha pres en Koga? I la sabria ell? Havia d’anar-se’n. Ara.
Després que la sacerdotessa hagués desaparegut de la seva vista, la Kaoru observà que en Koga continuava amb l’esguard fit per on ella havia marxat.
– Què passa?
– Si no hagués estat per ella, potser jo m’hauria plantejat seriosament canviar de feina.
La jove, que havia observat amb il.lusió el progressiu allunyament de la forscor què presidia la vida d’en Koga, s’adonava ara que això era un error.
– Si m’ho haguessis dit abans jo ho hauria celebrat. Però, realment, no és just que renunciïs al que és la teva missió a la vida, per a la qual serveixes, quan tu mateix et vas ocupar que jo pogués continuar amb la meva. –El mirà de cara, amb ansiatat mal dissimulada– Només promet-me que aniràs amb molt de compte.
Ell li acostà el cap i li besà el front.
– T’ho prometo.
Ja no tenia excusa, pensà en Koga. La Kaoru mateixa, la portadora de la llum, que havia repenjat el seu front al pit d’ell, li ensenyava el camí de les tenebres. La Jabi tenia raó, la seva estimada formava part del pla mestre que definia el destí de Garo. Estava atrapat.
– ... En tot cas –li xiuxiuejà la noia– si no ho fos teva ho fóra meva.
Es girà cap a la Jabi.
– Moltíssimes gracies per tot. L’has salvat: tinc un gran deute amb tu. –S’inclinà en una salutació força formal, i fou acompanyada en això per en Koga.
– M’alegro molt de tornar-te a veure –afegí ell–. Tant de bo ho poguem repetir en millors circumstàncies.
– Hi estic d’acord –apuntà la Kaoru.
– En Koga ja sap on trobar-me –l’informà la Jabi. Somrigué irònicament en mirar-lo a ell.– Com em tornis a donar un esglai d’aquest calibre sabràs qui sóc jo. –I més seriorsa– . Fixa’t en què més ha canviat o està canviant. Els beneficis de la teva posició no s’han acabat, encara. Quant abans te n’adonguis, abans els podràs utilitzar.
La Kaoru se’ls va mirar a la una i a l’altre, procurant d’entendre de què parlaven. També la Jabi va alternar les seves mirades entre la parella centrant-la després, punyent, en ell.
– Li ho has de dir. Un dia.
Ell sospirà. La Kaoru renovà la seva expectativa.
– Què?
– Dóna-li una mica de temps –puntualitzà la sacerdotessa.
– Ah, espera, Jabi, et vull donar una cosa.
La mestressa desaparegué a dins de casa.
– No li ho puc dir –aprofità en Koga per comunicar a la seva amiga, com si li costés la mateixa vida.
– No creus que la Kaoru se’n sentiria afalagada, del que vas a estar a funt de fer per ella, però feliç de que no ho haguessis fet?
El cap del noi caigué endavant en un gest de desesperació. Per què li costava tant d’entendre, a ella? El tornà a llevar, resignat a una altra confessió, però el seu esguard es dirigia cap a l’arbreda que envoltava la casa.
– Aquesta diabòlica transformació treu el pitjor del cor humà. Senzillament, és incapaç de contemplar res de bo sense pervertir-ho. No vaig poder evitar copsar la Kaoru tan sols com un objecte que era meu, que m’havien pres, i no es podia tolerar de cap manera. D’haver-me enfrontat a Barago en aquestes condicions hauria estat tan sols una lluita pel poder, sense que ella hagués merescut cap pensament ni bo ni dolent. Si la transformació s’hagués instal.lat definitivament en mi, la única relació que hagués pogut exitir entre nosaltres hauria estat la meva voluntat o, a tot estirar, la manipulació més despietada, com va fer Barago. Hauria mort qualsevol afecte que ella pogués tenir cap a mi, i a mi m’haria estat ben igual; ella viuria presonera i a mi no m’importaria; jo governaria la seva vida i em semblaria correcte. Ebri d’una llibertat sense cap límit, Jabi!
Per fi es dignà a mirar-la.
– I això, sense considerar la perversió que imposaria a la meva tasca com a Cavaller Makai. Que la vida humana perdés el seu valor és fàcil d’endevinar, però el pitjor és el que no em puc imaginar: per sort no hi vaig estar prou temps. Com saber tots els canvis conseqüència d’una tan dràstica modificació del concepte del món, que tens dret a fer el que vulguis tan sols perquè pots fer-ho. De veritat creus que és una cosa per dir-la, ni tan sols recordar-la?
La Kaoru arribava amb una bossa de paper a la mà. A dins hi havia un dels seus quadres, un que en Koga no coneixia: la Jabi tornant la mirada al que contemplava la pintura, amb una malenconia tal que la Jabi de carn i sang tingué problemes per amagar la seva emoció. Aquesta és la cara que faig?
– Increïbe –mormolà ell, impressionat–. T’ha agafat ben agafada.
Sabria ella també, es preguntà la sacerdotessa, que la causa d’aquesta expressió és que ella m’ha pres en Koga? I la sabria ell? Havia d’anar-se’n. Ara.
Després que la sacerdotessa hagués desaparegut de la seva vista, la Kaoru observà que en Koga continuava amb l’esguard fit per on ella havia marxat.
– Què passa?
– Si no hagués estat per ella, potser jo m’hauria plantejat seriosament canviar de feina.
La jove, que havia observat amb il.lusió el progressiu allunyament de la forscor què presidia la vida d’en Koga, s’adonava ara que això era un error.
– Si m’ho haguessis dit abans jo ho hauria celebrat. Però, realment, no és just que renunciïs al que és la teva missió a la vida, per a la qual serveixes, quan tu mateix et vas ocupar que jo pogués continuar amb la meva. –El mirà de cara, amb ansiatat mal dissimulada– Només promet-me que aniràs amb molt de compte.
Ell li acostà el cap i li besà el front.
– T’ho prometo.
Ja no tenia excusa, pensà en Koga. La Kaoru mateixa, la portadora de la llum, que havia repenjat el seu front al pit d’ell, li ensenyava el camí de les tenebres. La Jabi tenia raó, la seva estimada formava part del pla mestre que definia el destí de Garo. Estava atrapat.
dijous, 14 de maig del 2009
GARO fanfiction - Update
Botan has published the second chapter of her Garo Second Season.
The title of this chapter: Lupi Gemelli
Enjoy!
The title of this chapter: Lupi Gemelli
Enjoy!
dissabte, 9 de maig del 2009
GARO Fanfic – Garo’s Secret (Chap. 4)
Do not mind how much Kouga thought about: there was no point. Why, how might it be, that an entiere lineage of Makai Knights was obligated to cross the line against which all they were warned so seriously? He even remembered what priest Amon said once some years ago, when he spent a couple of months with him to get some theoretical instruction:
“You need some great skills of observation and wits to finish your opponent before your armor run out of time” he said. “I assume you know about that danger: deformation at every level of yourself. And, believe me, not being handsome anymore is the most harmless. Want d’you know the worst?”
Kouga wanted to say no, he was not in the mood, and had no intention to become an evil one, but Amon did not mind his facial look.
“Ethical perversion. Any moral value that could be precious to you ceases to be important. How can it be? You’ll feel such power excess, beyond the human scale, that you won’t have any resources to handle it. Worse: you won’t feel the need to control it and, if someone told you, you’ll think that’s a nonsense. Add an unbearable pain that your altered armor will impose on your body. You'll become insane. When the pain will start to diminish, you’ll fell you have no limit, there is nothing you can’t do. You'll like it. This is the non-return point”.
Amon’s nailing look made him very uncomfortable. As the priest thought he was an easy victim of the dark side, younger Kouga felt insulted. He was about to face and ask him, without any honorable intention, why he could learn all that... unless he had such an experience.
With the information provided by Jabi, he could understand that perhaps it was the experience of someone else: his father, as both men were friends. The old Amon, in his own way, announced him what he could expect.
But he needed to clarify the absurdity of...
“Kouga?”
He almost spilled the cup of tea he had in his hand. He had forgotten he was sitting at the table in the garden, with Kaoru and Jabi. For the first time the priestess had allowed him to leave his bed. Kaoru looked at him.
“You’re okay?”
He simply nodded and took a sip of tea. His beloved one do not feel bad anymore about his mental absences and, plus, because of her he had learned to open up a bit. But a single glance at Jabi was enough to guess that she knew exactly what had kept him lost in thoughts.
“I leave to class” Kaoru said. “A power struggle with the quarrelsome of the school is waiting for me, and I’ve to show them who is in command”.
He took up her hand and spoke directly to her heart, as he did almost always.
“Show them who’s stronger. I know this evening, when you return, they’ll be at your feet”.
Kaoru smiled gratefully. She knew from experience that Kouga’s touch transferred his own strength to her.
“She does not know about, right?” The priestess said when Kaoru was gone. He took out his eyes, so she commented: “ Curious, you refuse to tell her what is, indeed, the greatest test of love”.
Suddenly Kouga focuses his sight on her again, alarm written on his face.
“Don’t need to be a soothsayer” she explained “to know that only your underdeveloped emotional side was weak enough to be the target of such a disaster”.
“I’m not proud of it”. He took another sip. A very long one.
“You’d be: you risked your soul, your whole self, for her. And you won”.
Resigned to Jabi would not change the subject, he left his cup on the table.
“Just because someone else helped me”.
“As your predecessors did: someone or something, either concrete or abstract, got them back on time. Also Garo’s destiny. So few use would be to give up Garo to the dark, right?” She leant forward to he to listen her well. “Because they return, because they get that power and reject it, Garos are superiors”.
“So, why the same fate did not help Barago?”
“Barago didn’t have the patience to complete his training, so he didn’t consecrate himself to Garo. He only sought power. And he got power!”
Why, Kouga wondered, Taiga did not see that the ethical training which a Makai Knight was subjected had not worked to Barago? Soon, he himself found the answer: his father had faith in Barago. Kouga knew that he might have committed this same error, too.
“Given that the individual fate is bound to Garo’s, there should be some alterations: how many Garos have been lost because of it?”
“I don’t know. But” Jabi pointed “they couldn’t be many ones, it’d be useless”.
The girl sat closer, on the chair occupied previously by Kaoru.
“Still you don’t see the benefits that made you to gain”.
Her tone and her voice went down, and the delicious warmth of her glance encircled Kouga in an envelope of privacity that should have surpeised him. Even to Kaoru he had to take the decision to let her into his soul, but his heart was opened to Jabi without him having the purpose, and he did not know why it happened. At that time, the memories of his young times rushed into his mind. Some few facts, but many senses: feeling comfortable with her, unable to imagine life without her over there, anger and affection mixed. It was hard when their respective destinations got them apart. But when Kodama, much later, volatilized her, he lost his temper, and this thing had to have its cause.
“I don’t know to see any advantage there” he answered. “But, I’ve notized a ... resistance ... to do the job”.
“Just this ensures you won’t ever again tempted by the dark side. You can enter as much as you need, with almost no risk”.
Kouga denied.
“Some time ago the darkness get me tired”. This was a confession that he had not done to anyone. Jabi could pull out some confidences ... and, surprisingly, he almost wished it. “Sometimes I want to flee away, throw my sword, not to call my armor anymore ...”
Jabi touched his forearm, her look seemed smooth as silk too.
“Don’t you see how this makes your soul invulnerable? Garo’s greatest gift: his wish for the light, generated from that hard experience and a strong ethics training”.
The young man looked directly into her eyes. She did not seem able to understand his agony, but his self was free to express itself. Jabi was who remembered his mission to him and everything the Makai world had of good. But Kaoru, the brilliant Kaoru, whom he gripped in his saturation of darkness. She, the bringer of light, his refuge and his link with his humanity. He needed both of them to preserve himself.
Jabi approached to him until their heads nearly touched. She kissed him on the lips. She straightend back to her chair and fixed her eyes on her hands folded on her lap.
“Now, I’d be the one to slap you”, Kouga said with a bit of irony.
She giggled. Long ago, before their own traingings got them apart, one Kouga drived by a tender moment, and especially by his hormonal turmoil, kissed her. The girl in her early teens slapped him so hard that almost threw him to the ground, and left laughing, leaving behind her a very confused boy.
But there was not confusion anymore. Now it was he the one becoming closer and touching her lips briefly, bringing his whole capacity of affection, without to pretend anything else, and knowing that it was an unique and unrepeatable time. So, they sealed a lasting friendship and help commitement. They parted..
“But hunger for light isn’t the only gift” Jabi went on, deliberately breaking the spell. “I got only moderately surprised when you’d such an extraordinary transformation as we’re saving the White Night. We’ll never know enough how far Garo’s potential can go. Zaruba” she focused her attention on the madou ring, which was approached by its owner “have you have noticed if Kouga senses better not only horrors, but the presence of the dark thoughts of humans too?”
“Certainly” the tiny metal-head answered. “And now that you say it, I noticed more changes, but they may derive from his recent adherence to the light”.
“Sure” she says, “this has some multidimensional ramifications”.
“There are some more things: before, chocolate and wine were indifferent to him, but now he likes them” Zaruba went on. “And, he insists that Gonza to put more spices into the meals”.
“Chocolate and wine fill the lack of something within himself, he can’t abuse. Scold him if he goes too far. As the species, they’re highly concentrated substances: perhaps his body is doing some readaptations in several levels. If, after spending more or less a year, he remains abusing them, call me, because it means that his imbalance is getting permanent”.
“He begins to like it what humans call good life the talking ring continued”. I suspect this one depends more of Kaoru’s influence”.
“How do you know” she argued “that Kaoru is not a part of this special plan?”
“I don’t know, Jabi. Neither I, myself, knew anything about you've explained”.
The young woman leaned on the back of her chair.
“According to my teacher, there are only two depositories of Garo’s secret: the real Garo and a Makai priest, which extends to their successors”.
“And the madou jewels involved” Zaruba added.
“You don’t utter” Jabi pinted. “Your knowledge is that of your ower, and isn’t made to use it regardless, if it isn’t in his benefit”.
Kouga wondered if this chatty pair had forgotten he was there.
“You need some great skills of observation and wits to finish your opponent before your armor run out of time” he said. “I assume you know about that danger: deformation at every level of yourself. And, believe me, not being handsome anymore is the most harmless. Want d’you know the worst?”
Kouga wanted to say no, he was not in the mood, and had no intention to become an evil one, but Amon did not mind his facial look.
“Ethical perversion. Any moral value that could be precious to you ceases to be important. How can it be? You’ll feel such power excess, beyond the human scale, that you won’t have any resources to handle it. Worse: you won’t feel the need to control it and, if someone told you, you’ll think that’s a nonsense. Add an unbearable pain that your altered armor will impose on your body. You'll become insane. When the pain will start to diminish, you’ll fell you have no limit, there is nothing you can’t do. You'll like it. This is the non-return point”.
Amon’s nailing look made him very uncomfortable. As the priest thought he was an easy victim of the dark side, younger Kouga felt insulted. He was about to face and ask him, without any honorable intention, why he could learn all that... unless he had such an experience.
With the information provided by Jabi, he could understand that perhaps it was the experience of someone else: his father, as both men were friends. The old Amon, in his own way, announced him what he could expect.
But he needed to clarify the absurdity of...
“Kouga?”
He almost spilled the cup of tea he had in his hand. He had forgotten he was sitting at the table in the garden, with Kaoru and Jabi. For the first time the priestess had allowed him to leave his bed. Kaoru looked at him.
“You’re okay?”
He simply nodded and took a sip of tea. His beloved one do not feel bad anymore about his mental absences and, plus, because of her he had learned to open up a bit. But a single glance at Jabi was enough to guess that she knew exactly what had kept him lost in thoughts.
“I leave to class” Kaoru said. “A power struggle with the quarrelsome of the school is waiting for me, and I’ve to show them who is in command”.
He took up her hand and spoke directly to her heart, as he did almost always.
“Show them who’s stronger. I know this evening, when you return, they’ll be at your feet”.
Kaoru smiled gratefully. She knew from experience that Kouga’s touch transferred his own strength to her.
“She does not know about, right?” The priestess said when Kaoru was gone. He took out his eyes, so she commented: “ Curious, you refuse to tell her what is, indeed, the greatest test of love”.
Suddenly Kouga focuses his sight on her again, alarm written on his face.
“Don’t need to be a soothsayer” she explained “to know that only your underdeveloped emotional side was weak enough to be the target of such a disaster”.
“I’m not proud of it”. He took another sip. A very long one.
“You’d be: you risked your soul, your whole self, for her. And you won”.
Resigned to Jabi would not change the subject, he left his cup on the table.
“Just because someone else helped me”.
“As your predecessors did: someone or something, either concrete or abstract, got them back on time. Also Garo’s destiny. So few use would be to give up Garo to the dark, right?” She leant forward to he to listen her well. “Because they return, because they get that power and reject it, Garos are superiors”.
“So, why the same fate did not help Barago?”
“Barago didn’t have the patience to complete his training, so he didn’t consecrate himself to Garo. He only sought power. And he got power!”
Why, Kouga wondered, Taiga did not see that the ethical training which a Makai Knight was subjected had not worked to Barago? Soon, he himself found the answer: his father had faith in Barago. Kouga knew that he might have committed this same error, too.
“Given that the individual fate is bound to Garo’s, there should be some alterations: how many Garos have been lost because of it?”
“I don’t know. But” Jabi pointed “they couldn’t be many ones, it’d be useless”.
The girl sat closer, on the chair occupied previously by Kaoru.
“Still you don’t see the benefits that made you to gain”.
Her tone and her voice went down, and the delicious warmth of her glance encircled Kouga in an envelope of privacity that should have surpeised him. Even to Kaoru he had to take the decision to let her into his soul, but his heart was opened to Jabi without him having the purpose, and he did not know why it happened. At that time, the memories of his young times rushed into his mind. Some few facts, but many senses: feeling comfortable with her, unable to imagine life without her over there, anger and affection mixed. It was hard when their respective destinations got them apart. But when Kodama, much later, volatilized her, he lost his temper, and this thing had to have its cause.
“I don’t know to see any advantage there” he answered. “But, I’ve notized a ... resistance ... to do the job”.
“Just this ensures you won’t ever again tempted by the dark side. You can enter as much as you need, with almost no risk”.
Kouga denied.
“Some time ago the darkness get me tired”. This was a confession that he had not done to anyone. Jabi could pull out some confidences ... and, surprisingly, he almost wished it. “Sometimes I want to flee away, throw my sword, not to call my armor anymore ...”
Jabi touched his forearm, her look seemed smooth as silk too.
“Don’t you see how this makes your soul invulnerable? Garo’s greatest gift: his wish for the light, generated from that hard experience and a strong ethics training”.
The young man looked directly into her eyes. She did not seem able to understand his agony, but his self was free to express itself. Jabi was who remembered his mission to him and everything the Makai world had of good. But Kaoru, the brilliant Kaoru, whom he gripped in his saturation of darkness. She, the bringer of light, his refuge and his link with his humanity. He needed both of them to preserve himself.
Jabi approached to him until their heads nearly touched. She kissed him on the lips. She straightend back to her chair and fixed her eyes on her hands folded on her lap.
“Now, I’d be the one to slap you”, Kouga said with a bit of irony.
She giggled. Long ago, before their own traingings got them apart, one Kouga drived by a tender moment, and especially by his hormonal turmoil, kissed her. The girl in her early teens slapped him so hard that almost threw him to the ground, and left laughing, leaving behind her a very confused boy.
But there was not confusion anymore. Now it was he the one becoming closer and touching her lips briefly, bringing his whole capacity of affection, without to pretend anything else, and knowing that it was an unique and unrepeatable time. So, they sealed a lasting friendship and help commitement. They parted..
“But hunger for light isn’t the only gift” Jabi went on, deliberately breaking the spell. “I got only moderately surprised when you’d such an extraordinary transformation as we’re saving the White Night. We’ll never know enough how far Garo’s potential can go. Zaruba” she focused her attention on the madou ring, which was approached by its owner “have you have noticed if Kouga senses better not only horrors, but the presence of the dark thoughts of humans too?”
“Certainly” the tiny metal-head answered. “And now that you say it, I noticed more changes, but they may derive from his recent adherence to the light”.
“Sure” she says, “this has some multidimensional ramifications”.
“There are some more things: before, chocolate and wine were indifferent to him, but now he likes them” Zaruba went on. “And, he insists that Gonza to put more spices into the meals”.
“Chocolate and wine fill the lack of something within himself, he can’t abuse. Scold him if he goes too far. As the species, they’re highly concentrated substances: perhaps his body is doing some readaptations in several levels. If, after spending more or less a year, he remains abusing them, call me, because it means that his imbalance is getting permanent”.
“He begins to like it what humans call good life the talking ring continued”. I suspect this one depends more of Kaoru’s influence”.
“How do you know” she argued “that Kaoru is not a part of this special plan?”
“I don’t know, Jabi. Neither I, myself, knew anything about you've explained”.
The young woman leaned on the back of her chair.
“According to my teacher, there are only two depositories of Garo’s secret: the real Garo and a Makai priest, which extends to their successors”.
“And the madou jewels involved” Zaruba added.
“You don’t utter” Jabi pinted. “Your knowledge is that of your ower, and isn’t made to use it regardless, if it isn’t in his benefit”.
Kouga wondered if this chatty pair had forgotten he was there.
dimarts, 5 de maig del 2009
GARO Fanfic – El secret de Garo (Cap. 4)
Per molt que hi pensava, en Koga no hi trobava cap sentit. Per què, com era possible que s’obligués a tota una nissaga de Cavallers Makai a creuar la línia contra la qual eren tan seriosament previnguts? Fins i tot es recodava de quan el sacerdot Amon li ho va explicar feia alguns anys, quan va estar un parell de mesos amb ell per a rebre instrucció preferentment teòrica:
– Et calen grans dots d’observació i d’intel.ligència per a saber acabar amb el teu adversari abans no s’esgoti el temps de l’armadura –havia dit–. Suposo que ja coneixes el perill que representa: deformacions en tots els nivells de la persona. I, creu-me, deixar de ser guapo és la més inocua. Vols saber quina és la pitjor?
En aquell moment en Koga li hauria contestat que no, que no en tenia gens de ganes, ni tampoc cap intenció de passar-se als dolents, però l’Amon no va fer cas de la cara que ell devia estar posant.
– La perversió ètica. Qualsevol valor moral que fins llavors hagis preuat deixarà de tenir cap importància. Com és possible? L’excés de poder que experimentaràs anirà tant enllà de l’escala humana que no tindràs recursos per controlar-lo, ni se t’acudirà que cal fer-ho i, si algú t’ho digués, et semblaria una bestiesa. A això, afegeix-hi el dolor insuportable que l’armadura alterada imposarà al teu cos. Et tornaràs boig. Quan el dolor comenci a minvar, el sentiment residual serà el de que no tens cap límit, no hi ha res que no puguis fer. I t’agradarà. Aquest és el punt crític, el de no-retorn.
L’Amon el fitava de tal manera que se sentia molt incòmode. Que el sacerdot el cregués víctima fàcil del costat fosc l’ofenia molt, a en Koga. Va estar a punt d’encarar-s’hi i preguntar-li, amb una intenció gens honorable, que com podia saber, tot allò, a no ser que ell mateix ho hagués “experiementat”.
Amb la informació que li havia facilitat la Jabi podia entendre que potser era l’experiència d’algú altre: el seu pare; al cap i a la fi ambdós homes eren amics. El vell Amon, a la seva manera, li havia anunciat el que li esperava.
Però, quedava pendent d’esclarir l’absurditat mateixa de...
– Koga?
Gairebé li vessà la tassa de tè que tenia en una mà. S’havia oblidat que era assegut a la tauleta del jardí amb la Kaoru i la Jabi. Per primer cop la sacerdotessa li havia permès de llevar-se. La Kaoru el mirava.
– Estàs bé?
Es limità a assentir amb el cap, i prengué un glop de tè. La seva estimada mai no s’extranyava gaire de les seves absències mentals, i gràcies a ella havia après a obrir-se una mica. Però, amb un cop d’ull a la Jabi en tenia prou per endevinar que ella sabia exactament què l’havia mantingut capficat.
– Me n’haig d’anar a classe –prosseguí la Kaoru– avui m’espera una lluita de poder amb els buscaraons de l’escola, i els haig de demostrar qui hi mana.
Ell l’agafà de la mà i li parlà directament al seu cor, com feia gairebé sempre.
– Demostra’ls qui és més fort. Sé que aquest vespre quan tornis els tindràs als teus peus.
La Kaoru somrigué agraïda. Sabia per experiència que el toc d’en Koga li transferia la seva pròpia força.
– Ella no en sap res, oi? –va dir la sacerdotessa quan la Kaoru hagué marxat. Ell n’apartà els ulls, per la qual cosa ella comentà– És curiós que t’hagis negat a dir-li el que, de fet, és la més gran prova d’amor.
En Koga es girà de sobte a mirar-la, l’alarma escrita a la seva cara.
– No cal ser endeví –explicà ella– per saber que només el teu subdesenvolupat vessant emocional era prou feble per ser l’objecte del daltabaix.
– No me’n sento orgullós. –Prengué un altre glop. Un de ben llarg.
– Ho hauries d’estar: vas jugar-te l’ànima i tot el teu ésser per ella, i te’n vas sortir.
Resignat a que la Jabi no canviaria de tema, ell deixà la tassa a la taula.
– Només perquè una altra persona em va ajudar.
– Igual que als teus predecessors: algú, o alguna cosa, sia concreta o abstracta, els va fer tornar a temps. També forma part del destí de Garo. Ben poc servei farien si s’haguessin de quedar al costat fosc, oi? –Ella s’inclinà cap a endavant, com volent que l’escoltés bé– És perquè en tornen, perquè han estat participants del seu poder i hi han renunciat, que són superiors.
– Llavors, per què aquest mateix destí no va ajudar en Barago?
– En Barago no va tenir paciència per acabar el seu aprenentatge i, per tant, de consagrar-se i d’assumir-lo. Ell tan sols cercava el poder. I ja ho crec que el va trobar!
Per què, es preguntava ell, en Taiga no va saber veure que la formació ètica a que era sotmès un Cavaller Makai no l’havia calat? De seguida va trobar la resposta: ell tenia fe en en Barago. En Koga sabia que ell mateix hauria pogut cometre aquest error.
– Ja que el destí individual s’enllaça amb el de Garo, ha d’haver-hi alteracions: quants Garos s’han perdut per culpa d’això?
– No ho sé però –puntualitzà la Jabi– no poden ser gaires. Si nó, de què servirira?
La noia s’assegué més a prop, a la cadira que habia ocupat la Kaoru.
– Encara no veus els beneficis que t’ha aportat –digué ella.
El seu to i la seva veu havien baixat, i la deliciosa calidesa del seu esguard envoltaven en Koga amb un embolcall d’intimitat que l’hauria hagut de sorpendre. Fins i tot amb la Kaoru ell havia de prendre la decissió de deixar-la entrar a la seva ànima, però el seu cor s’obria a la Jabi sense que ell en tingués el propòsit, i no sabia per què passava. En aquell moment els records dels temps joves es van precipitar a la seva ment. Pocs fets concrets, però moltes sensacions: sentir-se a gust al seu costat, no poder-se imaginar la vida sense que ella existís, ràbia i afecte barrejats. Va ser molt dur quan els respectius destins els van separar. Però quan en Kodama, molt més tard, la va volatilitzar va perdre els estreps, i això devia tenir una causa.
– No sé veure’n cap, d’avantatge –respongué–. En canvi, sí que he notat una... resistència... a fer la feina.
– Precisament això assegura que mai més no seràs temptat pel costat fosc. Podràs endinsar-t’hi tant com calgui sense gairebé risc.
En Koga ho negà.
– Ja fa temps que el contace amb la foscor em cansa. –Aquesta era una confessió que no li havia fet a ningú. La Jabi podria treure d’ell confidències... i, sorpresa, quasi ho desitjava.– Alguns cops m’entren ganes de fugir ben lluny, de llençar l’espasa, de no invocar mai més l’armadura...
La Jabi li tocà l’avantbraç, el seu esguard també li semblava suau com la seda.
– No veus que això fa la teva ànima invulnerable? El major regal de Garo: el desig per la llum, generat a partir d’aquella experiència i d’una formació ètica sòlida.
El jove la mirà directament als ulls. Ella no semblava poder entendre la seva agonia, però el seu jo era lliure d’expressar-se. La Jabi, la que li recordava la seva missió i tot el que de bo tenia el món Makai. Però era la Kaoru, la brillant Kaoru, a qui ell s’arrapava en la seva saturació de foscor. Ella, la portadora de la llum, el seu refugi i el seu lligam amb la humanitat. Les necessitava totes dues per continuar essent ell mateix.
La Jabi s’acostà a ell fins que els seus caps gairebé es tocaven. El besà als llavis. Tornà a redreçar-se a la seva cadira i fità la mirada a les seves pròpies mans plegades sobre la falda.
– Ara hauria de ser jo qui et clavés el mastegot –va dir en Koga, amb un bri d'ironia.
Ella deixà anar una rialleta ximple. Feia anys, abans que els seus respectius aprenentatges els separessin, un Koga impulsat per un moment tendre i, sobretot, per les seves efervescències hormonals, li féu a ella un petó. La joveneta li estampà una bufetada que quasi el tombà, i se n’anà rient, deixant rere seu un noi ben confós.
Però ja no hi havia confussions. Ara fou ell qui s’apropà fins als llavis d’ella breument, amb tota la seva capacitat d’afecte, sense pretendre res més, i sabent que era un moment únic i irrepetible amb el què segellaven un compromís perdurable d’amistat i d’ajut. Se separaren.
– I l’ànsia de llum no és l’únic regal –prosseguí la Jabi, trencant l’encanteri de forma deliberada–. Només em vaig sorprendre mitjanament quan vas tenir aquella transformació tan extraordinària durant la Nit Blanca: suposo que mai no sabrem del tot fins on poden arribar les capacitats de Garo. Zaruba, –centrà la seva atenció en l’anell guia, el qual li fou acostat pel seu propietari– has notat si en Koga percep millor, no sols els horrors, sinó la presència mateixa de la foscor dels pensaments humans?
– És veritat, –respongué el diminut cap metàl.lic–. I, ara que ho dius, he detectat més canvis, però potser es deriven de la seva recent afecció a la llum.
– Segur, –comentà ella– això té ramificacions multidimensionals.
– Més coses: la xocolata i el vi li eren indiferents, però ja no, ara li agraden –prosseguí en Zaruba–. I s’entesta en que en Gonza li posi més espècies al menjar.
– La xocolata i el vi omplen la seva sensació de carència, no se n’ha d’abusar sota cap concepte. Esbronca’l si es passa. Pel que fa a les espècies, són substàncies altament concentrades: és possible que el seu cos les demani per fer readaptacions en més d’un nivell. Si passat més o menys un any n’abusa d’alguna crideu-me, perquè indicarà un desequilibri que tendeix a fer-se permanent.
– I comença a agradar-li això que els humans en diuen “bona vida” –prosseguí l’anell garlaire–. Sospito que això té més a veure amb la influència de la Kaoru.
– I qui t’assegura –al.legà ella– que la Kaoru no forma part també d’aquest pla especial?
– No ho sé pas, Jabi. Tampoc no en sabia res, jo, de tot això que has explicat.
La noia es repenjà al respatller de la cadira.
– Segons el mestre, només hi ha dos dipositaris del secret de Garo: el Garo de torn i un sacerdot Makai, què s’extén als seus successors.
– I les joies-guia implicades –afegí en Zaruba.
– Vosaltres no compteu, –puntualitzà la jove– el vostre coneixement és el del vostre amo i no esteu fetes per a usar-lo amb independència, si no és en benefici seu.
En Koga es preguntava si aquest parell de xerraires s’havia oblidat que ell era allà.
– Et calen grans dots d’observació i d’intel.ligència per a saber acabar amb el teu adversari abans no s’esgoti el temps de l’armadura –havia dit–. Suposo que ja coneixes el perill que representa: deformacions en tots els nivells de la persona. I, creu-me, deixar de ser guapo és la més inocua. Vols saber quina és la pitjor?
En aquell moment en Koga li hauria contestat que no, que no en tenia gens de ganes, ni tampoc cap intenció de passar-se als dolents, però l’Amon no va fer cas de la cara que ell devia estar posant.
– La perversió ètica. Qualsevol valor moral que fins llavors hagis preuat deixarà de tenir cap importància. Com és possible? L’excés de poder que experimentaràs anirà tant enllà de l’escala humana que no tindràs recursos per controlar-lo, ni se t’acudirà que cal fer-ho i, si algú t’ho digués, et semblaria una bestiesa. A això, afegeix-hi el dolor insuportable que l’armadura alterada imposarà al teu cos. Et tornaràs boig. Quan el dolor comenci a minvar, el sentiment residual serà el de que no tens cap límit, no hi ha res que no puguis fer. I t’agradarà. Aquest és el punt crític, el de no-retorn.
L’Amon el fitava de tal manera que se sentia molt incòmode. Que el sacerdot el cregués víctima fàcil del costat fosc l’ofenia molt, a en Koga. Va estar a punt d’encarar-s’hi i preguntar-li, amb una intenció gens honorable, que com podia saber, tot allò, a no ser que ell mateix ho hagués “experiementat”.
Amb la informació que li havia facilitat la Jabi podia entendre que potser era l’experiència d’algú altre: el seu pare; al cap i a la fi ambdós homes eren amics. El vell Amon, a la seva manera, li havia anunciat el que li esperava.
Però, quedava pendent d’esclarir l’absurditat mateixa de...
– Koga?
Gairebé li vessà la tassa de tè que tenia en una mà. S’havia oblidat que era assegut a la tauleta del jardí amb la Kaoru i la Jabi. Per primer cop la sacerdotessa li havia permès de llevar-se. La Kaoru el mirava.
– Estàs bé?
Es limità a assentir amb el cap, i prengué un glop de tè. La seva estimada mai no s’extranyava gaire de les seves absències mentals, i gràcies a ella havia après a obrir-se una mica. Però, amb un cop d’ull a la Jabi en tenia prou per endevinar que ella sabia exactament què l’havia mantingut capficat.
– Me n’haig d’anar a classe –prosseguí la Kaoru– avui m’espera una lluita de poder amb els buscaraons de l’escola, i els haig de demostrar qui hi mana.
Ell l’agafà de la mà i li parlà directament al seu cor, com feia gairebé sempre.
– Demostra’ls qui és més fort. Sé que aquest vespre quan tornis els tindràs als teus peus.
La Kaoru somrigué agraïda. Sabia per experiència que el toc d’en Koga li transferia la seva pròpia força.
– Ella no en sap res, oi? –va dir la sacerdotessa quan la Kaoru hagué marxat. Ell n’apartà els ulls, per la qual cosa ella comentà– És curiós que t’hagis negat a dir-li el que, de fet, és la més gran prova d’amor.
En Koga es girà de sobte a mirar-la, l’alarma escrita a la seva cara.
– No cal ser endeví –explicà ella– per saber que només el teu subdesenvolupat vessant emocional era prou feble per ser l’objecte del daltabaix.
– No me’n sento orgullós. –Prengué un altre glop. Un de ben llarg.
– Ho hauries d’estar: vas jugar-te l’ànima i tot el teu ésser per ella, i te’n vas sortir.
Resignat a que la Jabi no canviaria de tema, ell deixà la tassa a la taula.
– Només perquè una altra persona em va ajudar.
– Igual que als teus predecessors: algú, o alguna cosa, sia concreta o abstracta, els va fer tornar a temps. També forma part del destí de Garo. Ben poc servei farien si s’haguessin de quedar al costat fosc, oi? –Ella s’inclinà cap a endavant, com volent que l’escoltés bé– És perquè en tornen, perquè han estat participants del seu poder i hi han renunciat, que són superiors.
– Llavors, per què aquest mateix destí no va ajudar en Barago?
– En Barago no va tenir paciència per acabar el seu aprenentatge i, per tant, de consagrar-se i d’assumir-lo. Ell tan sols cercava el poder. I ja ho crec que el va trobar!
Per què, es preguntava ell, en Taiga no va saber veure que la formació ètica a que era sotmès un Cavaller Makai no l’havia calat? De seguida va trobar la resposta: ell tenia fe en en Barago. En Koga sabia que ell mateix hauria pogut cometre aquest error.
– Ja que el destí individual s’enllaça amb el de Garo, ha d’haver-hi alteracions: quants Garos s’han perdut per culpa d’això?
– No ho sé però –puntualitzà la Jabi– no poden ser gaires. Si nó, de què servirira?
La noia s’assegué més a prop, a la cadira que habia ocupat la Kaoru.
– Encara no veus els beneficis que t’ha aportat –digué ella.
El seu to i la seva veu havien baixat, i la deliciosa calidesa del seu esguard envoltaven en Koga amb un embolcall d’intimitat que l’hauria hagut de sorpendre. Fins i tot amb la Kaoru ell havia de prendre la decissió de deixar-la entrar a la seva ànima, però el seu cor s’obria a la Jabi sense que ell en tingués el propòsit, i no sabia per què passava. En aquell moment els records dels temps joves es van precipitar a la seva ment. Pocs fets concrets, però moltes sensacions: sentir-se a gust al seu costat, no poder-se imaginar la vida sense que ella existís, ràbia i afecte barrejats. Va ser molt dur quan els respectius destins els van separar. Però quan en Kodama, molt més tard, la va volatilitzar va perdre els estreps, i això devia tenir una causa.
– No sé veure’n cap, d’avantatge –respongué–. En canvi, sí que he notat una... resistència... a fer la feina.
– Precisament això assegura que mai més no seràs temptat pel costat fosc. Podràs endinsar-t’hi tant com calgui sense gairebé risc.
En Koga ho negà.
– Ja fa temps que el contace amb la foscor em cansa. –Aquesta era una confessió que no li havia fet a ningú. La Jabi podria treure d’ell confidències... i, sorpresa, quasi ho desitjava.– Alguns cops m’entren ganes de fugir ben lluny, de llençar l’espasa, de no invocar mai més l’armadura...
La Jabi li tocà l’avantbraç, el seu esguard també li semblava suau com la seda.
– No veus que això fa la teva ànima invulnerable? El major regal de Garo: el desig per la llum, generat a partir d’aquella experiència i d’una formació ètica sòlida.
El jove la mirà directament als ulls. Ella no semblava poder entendre la seva agonia, però el seu jo era lliure d’expressar-se. La Jabi, la que li recordava la seva missió i tot el que de bo tenia el món Makai. Però era la Kaoru, la brillant Kaoru, a qui ell s’arrapava en la seva saturació de foscor. Ella, la portadora de la llum, el seu refugi i el seu lligam amb la humanitat. Les necessitava totes dues per continuar essent ell mateix.
La Jabi s’acostà a ell fins que els seus caps gairebé es tocaven. El besà als llavis. Tornà a redreçar-se a la seva cadira i fità la mirada a les seves pròpies mans plegades sobre la falda.
– Ara hauria de ser jo qui et clavés el mastegot –va dir en Koga, amb un bri d'ironia.
Ella deixà anar una rialleta ximple. Feia anys, abans que els seus respectius aprenentatges els separessin, un Koga impulsat per un moment tendre i, sobretot, per les seves efervescències hormonals, li féu a ella un petó. La joveneta li estampà una bufetada que quasi el tombà, i se n’anà rient, deixant rere seu un noi ben confós.
Però ja no hi havia confussions. Ara fou ell qui s’apropà fins als llavis d’ella breument, amb tota la seva capacitat d’afecte, sense pretendre res més, i sabent que era un moment únic i irrepetible amb el què segellaven un compromís perdurable d’amistat i d’ajut. Se separaren.
– I l’ànsia de llum no és l’únic regal –prosseguí la Jabi, trencant l’encanteri de forma deliberada–. Només em vaig sorprendre mitjanament quan vas tenir aquella transformació tan extraordinària durant la Nit Blanca: suposo que mai no sabrem del tot fins on poden arribar les capacitats de Garo. Zaruba, –centrà la seva atenció en l’anell guia, el qual li fou acostat pel seu propietari– has notat si en Koga percep millor, no sols els horrors, sinó la presència mateixa de la foscor dels pensaments humans?
– És veritat, –respongué el diminut cap metàl.lic–. I, ara que ho dius, he detectat més canvis, però potser es deriven de la seva recent afecció a la llum.
– Segur, –comentà ella– això té ramificacions multidimensionals.
– Més coses: la xocolata i el vi li eren indiferents, però ja no, ara li agraden –prosseguí en Zaruba–. I s’entesta en que en Gonza li posi més espècies al menjar.
– La xocolata i el vi omplen la seva sensació de carència, no se n’ha d’abusar sota cap concepte. Esbronca’l si es passa. Pel que fa a les espècies, són substàncies altament concentrades: és possible que el seu cos les demani per fer readaptacions en més d’un nivell. Si passat més o menys un any n’abusa d’alguna crideu-me, perquè indicarà un desequilibri que tendeix a fer-se permanent.
– I comença a agradar-li això que els humans en diuen “bona vida” –prosseguí l’anell garlaire–. Sospito que això té més a veure amb la influència de la Kaoru.
– I qui t’assegura –al.legà ella– que la Kaoru no forma part també d’aquest pla especial?
– No ho sé pas, Jabi. Tampoc no en sabia res, jo, de tot això que has explicat.
La noia es repenjà al respatller de la cadira.
– Segons el mestre, només hi ha dos dipositaris del secret de Garo: el Garo de torn i un sacerdot Makai, què s’extén als seus successors.
– I les joies-guia implicades –afegí en Zaruba.
– Vosaltres no compteu, –puntualitzà la jove– el vostre coneixement és el del vostre amo i no esteu fetes per a usar-lo amb independència, si no és en benefici seu.
En Koga es preguntava si aquest parell de xerraires s’havia oblidat que ell era allà.
diumenge, 19 d’abril del 2009
GARO Fanfic – Garo’s Secret (Chap. 3)
When Jabi came back into her patient’s room, he was already awake, and Kaoru was beside him, grinning. The couple turned their head to the door.
“Now, I can go” Kaoru said “you‘re between good hands”. She tilted on him for a farewell kiss. “See you”.
She also greeted Jabi, and left. The priestess looked at her as leaving, while that bit of envy tormenting her these days appeared again. Enough, she scolded herself, it isn’t your destiny, And turned to the lying Kouga.
“Did you intend to kick the bucket without even saying goodbye? Who is ill-breed, now?”
Jabi showed him a warm smile, warmer than expected. She could not hide her joy to see him recovered, which was beyond the satisfaction of knowing she was a good healer.
“So, you made me to return to scold me? You always were an impertinent one.”
Kouga was not a good actor, so he could not appear some discomfort. If Kaoru had seen him now, trying to do a bit of humor, she would have believed to have a reason to feel a little jealous.
He rewarded her with a half smile as he used lately, and she broadened hers in genuine joy. Soon, however, she turned serious.
“Zaruba said me what happened. How did you allow to be cornered? You'd have felt that more horrors were coming, and you, Zaruba, shou...”
“There weren’t anymore” the young man cut into. “But there was an unusual concentration of objects with a dark side: because of that we were there. Four horrors appeared almost simultaneously, and later four else”.
“A trap”.
Jabi was visibly worried, but Kouga turned his head to the opposite direction, to the window; he did not need to be said what he already knew. She realised and changed the subject.
“How do you feel? It must hurt all over your body, I asume”.
“You asume right”. He still looked at the window brighting with the light of the day.
“And your mood?”
“A bit tired”.
While he said it, Jabi saw his face change as if, indeed, exhaustion had fallen upon him. She felt stunned, but she said nothing. He had to take strength from this exhaustion. Garo in his completness must be able to do it.
Suddenly she remembered this particular Garo had not could receive the guidance of his predecessor, he has spent much of his life away from the Makai settlements: sure, the fate is overwhelming him, and he can not do otherwise as taking it. He still looked at the window, discouraged, but whithin his eyes the ousider light was reflecting intensely. What a symbol! Such a thirst for light! What a hard fate the Garos have! Finally, Jabi intended to say what needed to be said.
“When it was?”
He did not react. She insisted.
“When your walk through the darkness was?”
The brighting eyes of Kouga opened up a bit. Then he swallowed, but he did not looked at her.
“Yes, I know. You can not hide it from a Makai priestess trained to recognize it”.
“They train you to find some deviations?” Excepting those ones used to say it, he did not move a single muscle.
“It's only taught to the few ones being depositories of Garo’s secret”.
Kouga’s head turned at last.
“May I know what are you talking about?”
“So, it's true, no one has said anything to you”.
“About?”
Why fate did go astray for Kouga so hardly? She went to sit at his bed, where Kaoru had been before, his eyes following her.
“Kouga, haven’t you wondered why Garo has been rewarded with the highest status among Makai Knights?”
“I've always assumed it was a matter of a hard work”.
“This's the general opinion,” Jabi admitted, “but I know how you all are trained; I know there’re no substantial differences. Only individual skills could make a difference, but this’s not only Garo’s heritage”.
She had his whole attention. Under a lesser serious circumstance, she would have challenged his look.
“Kouga, what happened to you was a part of Garo’s destiny”.
She understood his uneasiness, and approached her body to his a little, relying her elbows on her knees.
“When you passed the initiation which made you a Makai Knight you had to accept some commitments, which only would been some simple words if, as you repeated them inside of the armor, a Makai Priest didn’t tie your energy to the one of the armor. So, you made Garo’s destiny yours, among other things”.
Kouga remembered it well, but the implications it had now was bewildering, and overwhelming.
“You joke, right?”
Jabi denied with her head. He took away his look to focus on the window again.
“So absurd!”
She sighed, and put her back right. The revelation was being more difficult than expected.
“It wasn’t my work to tell it to you, but your father's. He had to prepare you for this, but it couldn’t be. In his default, the other only one who knew it, my master Amon, had to”.
The boy looked back at her, surprised that it could be true. The priestess saw his struggle between his trust upon her and the normal excepticism to news like this.
“ I don’t know really why he didn’t do it", she went on. “I remember that some few days after he met you, not much before he died, when I came back from a trip to practice, he told me Garo’s secret, as I was his successor. My face looked like yours, I’m sure. Plus, he confessed that he’d been able to tell it to you, but hadn’t. I didn’t understand why: you had every right to know it, as all preparations would put you ready barely, but my teacher firmly believed that if fate had denied it, it was because you hadn’t to get it. He thought perhaps you had resources enough to face it or, if you passed, probably you’d be the best Garo of the history. Or both”.
She paused and closed her eyes to remember it deeply.
“How many times I insisted! Even, I offered myself to come and tell you, but I was banned”.
“So, when you and me met ... “ Kouga added.
“Although he’s already dead, I was forced to obey , as you know”. She looked at him again. “But now you’ve passed the test and does not make sense to keep it. Moreover, in the not too distant future you’re going to train the next Garo, and then you’ll need all available information”.
The young man nailed his sight at the ceiling, silently.
“Now, I can go” Kaoru said “you‘re between good hands”. She tilted on him for a farewell kiss. “See you”.
She also greeted Jabi, and left. The priestess looked at her as leaving, while that bit of envy tormenting her these days appeared again. Enough, she scolded herself, it isn’t your destiny, And turned to the lying Kouga.
“Did you intend to kick the bucket without even saying goodbye? Who is ill-breed, now?”
Jabi showed him a warm smile, warmer than expected. She could not hide her joy to see him recovered, which was beyond the satisfaction of knowing she was a good healer.
“So, you made me to return to scold me? You always were an impertinent one.”
Kouga was not a good actor, so he could not appear some discomfort. If Kaoru had seen him now, trying to do a bit of humor, she would have believed to have a reason to feel a little jealous.
He rewarded her with a half smile as he used lately, and she broadened hers in genuine joy. Soon, however, she turned serious.
“Zaruba said me what happened. How did you allow to be cornered? You'd have felt that more horrors were coming, and you, Zaruba, shou...”
“There weren’t anymore” the young man cut into. “But there was an unusual concentration of objects with a dark side: because of that we were there. Four horrors appeared almost simultaneously, and later four else”.
“A trap”.
Jabi was visibly worried, but Kouga turned his head to the opposite direction, to the window; he did not need to be said what he already knew. She realised and changed the subject.
“How do you feel? It must hurt all over your body, I asume”.
“You asume right”. He still looked at the window brighting with the light of the day.
“And your mood?”
“A bit tired”.
While he said it, Jabi saw his face change as if, indeed, exhaustion had fallen upon him. She felt stunned, but she said nothing. He had to take strength from this exhaustion. Garo in his completness must be able to do it.
Suddenly she remembered this particular Garo had not could receive the guidance of his predecessor, he has spent much of his life away from the Makai settlements: sure, the fate is overwhelming him, and he can not do otherwise as taking it. He still looked at the window, discouraged, but whithin his eyes the ousider light was reflecting intensely. What a symbol! Such a thirst for light! What a hard fate the Garos have! Finally, Jabi intended to say what needed to be said.
“When it was?”
He did not react. She insisted.
“When your walk through the darkness was?”
The brighting eyes of Kouga opened up a bit. Then he swallowed, but he did not looked at her.
“Yes, I know. You can not hide it from a Makai priestess trained to recognize it”.
“They train you to find some deviations?” Excepting those ones used to say it, he did not move a single muscle.
“It's only taught to the few ones being depositories of Garo’s secret”.
Kouga’s head turned at last.
“May I know what are you talking about?”
“So, it's true, no one has said anything to you”.
“About?”
Why fate did go astray for Kouga so hardly? She went to sit at his bed, where Kaoru had been before, his eyes following her.
“Kouga, haven’t you wondered why Garo has been rewarded with the highest status among Makai Knights?”
“I've always assumed it was a matter of a hard work”.
“This's the general opinion,” Jabi admitted, “but I know how you all are trained; I know there’re no substantial differences. Only individual skills could make a difference, but this’s not only Garo’s heritage”.
She had his whole attention. Under a lesser serious circumstance, she would have challenged his look.
“Kouga, what happened to you was a part of Garo’s destiny”.
She understood his uneasiness, and approached her body to his a little, relying her elbows on her knees.
“When you passed the initiation which made you a Makai Knight you had to accept some commitments, which only would been some simple words if, as you repeated them inside of the armor, a Makai Priest didn’t tie your energy to the one of the armor. So, you made Garo’s destiny yours, among other things”.
Kouga remembered it well, but the implications it had now was bewildering, and overwhelming.
“You joke, right?”
Jabi denied with her head. He took away his look to focus on the window again.
“So absurd!”
She sighed, and put her back right. The revelation was being more difficult than expected.
“It wasn’t my work to tell it to you, but your father's. He had to prepare you for this, but it couldn’t be. In his default, the other only one who knew it, my master Amon, had to”.
The boy looked back at her, surprised that it could be true. The priestess saw his struggle between his trust upon her and the normal excepticism to news like this.
“ I don’t know really why he didn’t do it", she went on. “I remember that some few days after he met you, not much before he died, when I came back from a trip to practice, he told me Garo’s secret, as I was his successor. My face looked like yours, I’m sure. Plus, he confessed that he’d been able to tell it to you, but hadn’t. I didn’t understand why: you had every right to know it, as all preparations would put you ready barely, but my teacher firmly believed that if fate had denied it, it was because you hadn’t to get it. He thought perhaps you had resources enough to face it or, if you passed, probably you’d be the best Garo of the history. Or both”.
She paused and closed her eyes to remember it deeply.
“How many times I insisted! Even, I offered myself to come and tell you, but I was banned”.
“So, when you and me met ... “ Kouga added.
“Although he’s already dead, I was forced to obey , as you know”. She looked at him again. “But now you’ve passed the test and does not make sense to keep it. Moreover, in the not too distant future you’re going to train the next Garo, and then you’ll need all available information”.
The young man nailed his sight at the ceiling, silently.
dilluns, 13 d’abril del 2009
GARO Fanfic – El secret de Garo (Capítol 3)
Quan la Jabi va tornar a la cambra per fer-se càrrec del seu pacient, ell ja era despert, i la Kaoru li era al costat amb un obert somriure. Amdós es van girar en sentir obrir-se la porta.
- Ara sí que ja me’n puc anar –va dir la Kaoru.– Quedes en bones mans. –S’inclinà a sobre d’ell per fer-li un petó de comiat.– Fins després!
S’acomiadà també de la Jabi i sortí. La sacerdotessa la mirà marxar mentre el punt d’enveja que la turmentava aquests dies apareixia un altre cop. Ja n’hi ha prou, es renyà, no és el teu destí. Es girà cap al seu pacient.
– Tenies la intenció d’anar-te’n a l’altre barri sense ni tan sols acomiadar-te? Qui és el maleducat, ara?
La Jabi li mostrà un somriure més càlid del que s’havia esperat. No ho sabia dissimular: la seva alegria en veure’l recuperar-se per fi anava més enllà de la satisfacció de saber-se una bona sanadora.
– És per això que m’has fet tornar, per poder-me esbroncar? Sempre has estat impertinent.
En Koga no se’n sortia en aparentar malestar, mai no havia estat bon actor. Si la Kaoru l’hagués vist ara, intentant fer una mica d’humor, hauria cregut tenir raons per a sentir-se una mica gelosa.
Ell la recompensà amb un mig somriure com els que s’estava acostumant a utilitzar, i ella eixamplà el seu, de genuïna alegria. Aviat, però, es posà seriosa.
– En Zaruba ja m’ha dit què va passar. Com has permès que t’acorralessin? Hauries hagut de preveure que s’acostaven més horrors, i tu, Zaruba, ta...
– No n’hi havia –la tallà el noi..– El que sí que hi havia era una concentració inusual d’objectes amb un vessant fosc, per això érem allà. Van aparèixer quatre horrors quasi simultàniament, i després uns altres quatre.
– Una trampa.
La Jabi estava visiblement preocupada, però en Koga tombà el cap en direcció oposada, cap a la finestra, no necessitava que li diguessin el que ja sabia. Ella se n’adonà i canvià de tema.
– Com et sents? Et deu fer mal tot el cos, suposo.
– Suposes bé. –Ell encara mirava la finestra il.luminada amb la claror del dia.
– I els ànims?
– Una mica cansat.
Mentres ho deia, la Jabi va veure-li canviar la cara com si, en efecte, una llosa d’esgotament li caigués a sobre. Es va quedar estupefacta, però no digué res. Ell n’havia de treure forces, d’aquest cansament. Garo en la seva plenitut ho pot fer i cal que ho faci.
De cop i volta, recordà que aquest Garo en particular no havia pogut rebre el guiatge del seu predecessor, i que ha passat una gran part de la seva vida apartat dels assentaments Makai: segurament el destí l’està aclaparant i ell no pot fer altra cosa que empassar-se’l tal com raja. Ell encara mirava la finestra, desesmat, però amb els ulls brillants pel reflex de la llum exterior. Quin símbol! Quina ànsia per la llum! Quin destí més dur, el dels Garos! La Jabi féu el pensament, se n’havia d’assegurar.
– Quan va ser?
Ell no reaccionà. Però ella insistí.
– Quan va ser, el teu passeig per les tenebres?
Els ulls lluents d’en Koga s’obriren una mica; tot seguit les mandíbules se li apretaren, i empassà saliva, però ni tan sols la mirà.
– Sí, ho sé. No li pots amagar això a una sacerdotessa Makai entrenada per a reconèixer-ho.
– Us ensenyen a trobar les desviacions? –Llevat dels que usà per a dir això, ell no mogué ni un múscul.
– Només és ensenyat als pocs dipositaris dels secrets de Garo.
El cap d’en Koga es girà.
– Puc saber de què parles?
– O sigui que és veritat, ningú no te n’ha dit res.
– De què?
Per què el destí li havia fallat d’una manera tan estrepitosa, a en Koga? Anà a seure’s a la capçalera del llit, on abans havia estat la Kaoru, els ulls d’ell seguint-la.
– Koga, mai no t’has preguntat per què s’atribueix a Garo un estatus superior entre els Cavallers Makai?
– Sempre he suposat que era una qüestió de treball dur.
– Aquesta és l’opinió general –admeté la Jabi– però jo, que conec com sou entrenats vosaltres, sé que no hi ha diferències substancials. Només l’habilitat individual podria marcar la diferència, però això no és patrimoni exclussiu de Garo.
Ell li tenia fita la seva atenció. En altres circumstàncies, la Jabi hauria desafiat la seva mirada.
– Koga, el que et va passar forma part del destí de Garo.
Ella es féu càrrec de la seva torbació i avançà una mica el seu cos cap a el d’ell, recolzant-se en els seus propis genolls.
– Quan vas passar la iniciació que et consagrava com a Cavaller Makai vas acceptar una sèrie de compromisos, què mai no haurien passat de simples paraules si, al mateix temps que les pronunciaves a dins de l’armadura, no hi hagués hagut un sacerdot Makai allà mateix encarregat de lligar la teva energia amb la de l’armadura. Així feies teu el destí de Garo, entre altres coses.
En Koga ho recordava bé, però les implicacions que tot plegat tenia ara eren aclaparadores, desconcertants.
– Estàs de broma, oi?
La Jabi sacsejà el cap negativament. Ell n’apartà la vista per concentrar-se un altre cop en la finestra.
– És absurd!
Ella sospirà i s’incorporà fins a quedar-li l’esquena dreta. La revelació li resultava més difícil del que s’havia esperat.
– No em tocava a mi de dir-t’ho. Era al teu pare, a qui corresponia preparar-te per a aquesta crucial experiència, però no va poder ser. En el seu defecte, a l’altra única persona que ho coneixia, el meu mestre, l’Amon.
El noi tornà a mirar-la, sorprés de que pogués ser veritat. La sacerdotessa va entreveure la lluita entre la confiança que ella l’inspirava i el normal excepticisme davant d’una notícia d’aquesta mena.
– No sé realment per què no ho va fer –continuà ella–. Recordo que el cap de pocs dies d’haver-se trobat amb tu, no gaire abans de la seva mort, quan jo tornava d’un viatge de pràctiques, ell em va explicar el secret de Garo, com a successora seva que era. Jo vaig fer una cara com la teva, no ho dubtis. I ho va amanir confessant-me que havia tingut l’oportunitat de dir-t’ho a tu i no ho havia fet. Jo no entenia per què, tu tenies tot el dret a saber-ho, tota preparació era poca, Però el mestre creia fermament que si el destí t’havia negat la informació pels conductes habituals, era perquè no l’havies de tenir. Ell creia que això volia dir, o bé que tu ja tenies recursos per encarar-t’hi o bé que, de superar-ho, segurament series el millor Garo de la història. O totes dues coses.
Féu una pausa i tancà els ulls per submergir-se en els seus records.
– Quantes vegades li vaig insisitir que t’ho digués! Fins i tot em vaig oferir a venir jo a informar-te, però m’ho va prohibir.
– Llavors, quan tu i jo ens vam trobar... –intervingué en Koga.
– Tot i que ell ja era mort, estava obligada a obeir-lo, com ja saps. –El tornà a fitar– Però ara has superat la prova i no té sentit continuar guardant-ho. A més, en un futur no gaire llunyà et tocarà preparar el següent Garo, i per llavors necessitaràs tota la informació disponible.
El jove clavà l’esguard al sostre, en silenci.
- Ara sí que ja me’n puc anar –va dir la Kaoru.– Quedes en bones mans. –S’inclinà a sobre d’ell per fer-li un petó de comiat.– Fins després!
S’acomiadà també de la Jabi i sortí. La sacerdotessa la mirà marxar mentre el punt d’enveja que la turmentava aquests dies apareixia un altre cop. Ja n’hi ha prou, es renyà, no és el teu destí. Es girà cap al seu pacient.
– Tenies la intenció d’anar-te’n a l’altre barri sense ni tan sols acomiadar-te? Qui és el maleducat, ara?
La Jabi li mostrà un somriure més càlid del que s’havia esperat. No ho sabia dissimular: la seva alegria en veure’l recuperar-se per fi anava més enllà de la satisfacció de saber-se una bona sanadora.
– És per això que m’has fet tornar, per poder-me esbroncar? Sempre has estat impertinent.
En Koga no se’n sortia en aparentar malestar, mai no havia estat bon actor. Si la Kaoru l’hagués vist ara, intentant fer una mica d’humor, hauria cregut tenir raons per a sentir-se una mica gelosa.
Ell la recompensà amb un mig somriure com els que s’estava acostumant a utilitzar, i ella eixamplà el seu, de genuïna alegria. Aviat, però, es posà seriosa.
– En Zaruba ja m’ha dit què va passar. Com has permès que t’acorralessin? Hauries hagut de preveure que s’acostaven més horrors, i tu, Zaruba, ta...
– No n’hi havia –la tallà el noi..– El que sí que hi havia era una concentració inusual d’objectes amb un vessant fosc, per això érem allà. Van aparèixer quatre horrors quasi simultàniament, i després uns altres quatre.
– Una trampa.
La Jabi estava visiblement preocupada, però en Koga tombà el cap en direcció oposada, cap a la finestra, no necessitava que li diguessin el que ja sabia. Ella se n’adonà i canvià de tema.
– Com et sents? Et deu fer mal tot el cos, suposo.
– Suposes bé. –Ell encara mirava la finestra il.luminada amb la claror del dia.
– I els ànims?
– Una mica cansat.
Mentres ho deia, la Jabi va veure-li canviar la cara com si, en efecte, una llosa d’esgotament li caigués a sobre. Es va quedar estupefacta, però no digué res. Ell n’havia de treure forces, d’aquest cansament. Garo en la seva plenitut ho pot fer i cal que ho faci.
De cop i volta, recordà que aquest Garo en particular no havia pogut rebre el guiatge del seu predecessor, i que ha passat una gran part de la seva vida apartat dels assentaments Makai: segurament el destí l’està aclaparant i ell no pot fer altra cosa que empassar-se’l tal com raja. Ell encara mirava la finestra, desesmat, però amb els ulls brillants pel reflex de la llum exterior. Quin símbol! Quina ànsia per la llum! Quin destí més dur, el dels Garos! La Jabi féu el pensament, se n’havia d’assegurar.
– Quan va ser?
Ell no reaccionà. Però ella insistí.
– Quan va ser, el teu passeig per les tenebres?
Els ulls lluents d’en Koga s’obriren una mica; tot seguit les mandíbules se li apretaren, i empassà saliva, però ni tan sols la mirà.
– Sí, ho sé. No li pots amagar això a una sacerdotessa Makai entrenada per a reconèixer-ho.
– Us ensenyen a trobar les desviacions? –Llevat dels que usà per a dir això, ell no mogué ni un múscul.
– Només és ensenyat als pocs dipositaris dels secrets de Garo.
El cap d’en Koga es girà.
– Puc saber de què parles?
– O sigui que és veritat, ningú no te n’ha dit res.
– De què?
Per què el destí li havia fallat d’una manera tan estrepitosa, a en Koga? Anà a seure’s a la capçalera del llit, on abans havia estat la Kaoru, els ulls d’ell seguint-la.
– Koga, mai no t’has preguntat per què s’atribueix a Garo un estatus superior entre els Cavallers Makai?
– Sempre he suposat que era una qüestió de treball dur.
– Aquesta és l’opinió general –admeté la Jabi– però jo, que conec com sou entrenats vosaltres, sé que no hi ha diferències substancials. Només l’habilitat individual podria marcar la diferència, però això no és patrimoni exclussiu de Garo.
Ell li tenia fita la seva atenció. En altres circumstàncies, la Jabi hauria desafiat la seva mirada.
– Koga, el que et va passar forma part del destí de Garo.
Ella es féu càrrec de la seva torbació i avançà una mica el seu cos cap a el d’ell, recolzant-se en els seus propis genolls.
– Quan vas passar la iniciació que et consagrava com a Cavaller Makai vas acceptar una sèrie de compromisos, què mai no haurien passat de simples paraules si, al mateix temps que les pronunciaves a dins de l’armadura, no hi hagués hagut un sacerdot Makai allà mateix encarregat de lligar la teva energia amb la de l’armadura. Així feies teu el destí de Garo, entre altres coses.
En Koga ho recordava bé, però les implicacions que tot plegat tenia ara eren aclaparadores, desconcertants.
– Estàs de broma, oi?
La Jabi sacsejà el cap negativament. Ell n’apartà la vista per concentrar-se un altre cop en la finestra.
– És absurd!
Ella sospirà i s’incorporà fins a quedar-li l’esquena dreta. La revelació li resultava més difícil del que s’havia esperat.
– No em tocava a mi de dir-t’ho. Era al teu pare, a qui corresponia preparar-te per a aquesta crucial experiència, però no va poder ser. En el seu defecte, a l’altra única persona que ho coneixia, el meu mestre, l’Amon.
El noi tornà a mirar-la, sorprés de que pogués ser veritat. La sacerdotessa va entreveure la lluita entre la confiança que ella l’inspirava i el normal excepticisme davant d’una notícia d’aquesta mena.
– No sé realment per què no ho va fer –continuà ella–. Recordo que el cap de pocs dies d’haver-se trobat amb tu, no gaire abans de la seva mort, quan jo tornava d’un viatge de pràctiques, ell em va explicar el secret de Garo, com a successora seva que era. Jo vaig fer una cara com la teva, no ho dubtis. I ho va amanir confessant-me que havia tingut l’oportunitat de dir-t’ho a tu i no ho havia fet. Jo no entenia per què, tu tenies tot el dret a saber-ho, tota preparació era poca, Però el mestre creia fermament que si el destí t’havia negat la informació pels conductes habituals, era perquè no l’havies de tenir. Ell creia que això volia dir, o bé que tu ja tenies recursos per encarar-t’hi o bé que, de superar-ho, segurament series el millor Garo de la història. O totes dues coses.
Féu una pausa i tancà els ulls per submergir-se en els seus records.
– Quantes vegades li vaig insisitir que t’ho digués! Fins i tot em vaig oferir a venir jo a informar-te, però m’ho va prohibir.
– Llavors, quan tu i jo ens vam trobar... –intervingué en Koga.
– Tot i que ell ja era mort, estava obligada a obeir-lo, com ja saps. –El tornà a fitar– Però ara has superat la prova i no té sentit continuar guardant-ho. A més, en un futur no gaire llunyà et tocarà preparar el següent Garo, i per llavors necessitaràs tota la informació disponible.
El jove clavà l’esguard al sostre, en silenci.
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