dissabte, 28 de juny de 2008

GARO - Koga Saejima: un héroe solitario en busca –involuntaria– de su humanidad

ATENCIÓN: Recordad que si todavía no habéis visto la serie, la lectura de este texto os la va a fastidiar.


Si algo pesa sobre la vida y milagros de Koga, es su padre. Mejor dicho, su muerte. Es difícil pensar que Taiga hubiera permitido, de seguir vivo, que su hijo se hubiera desarrollado sin un entorno social mínimo que, aparte de permitirle conservar la sonrisa, le habría dado unas pautas elementales de conducta social. En este sentido Koga es un poco salvaje, desconoce mucho de las relaciones humanas, ni siquiera tiene interés alguno. Además habla poco, es cerrado, arisco y adicto al trabajo. Es insociable, y gracias a su bondad básica y a su idealismo combinados, no es antisocial.

Pero Taiga murió y su hijo, aún niño, carente también de madre, vertió todo su ser en lo que su padre le había encomendado vía comunicación post-mortem: reclamar la herencia de Garo y todo lo que implicaba de protección hacia la humanidad. Un idealismo heredado, y un padre idealizado.

Cap. 7. Rei provoca a Koga, pero sólo puede enfadarlo en serio cuando insulta la memoria de su padre. Y no es una reacción suave.

Cap. 12. Koga lleva escritas en la cara su robada infancia y la pesada herencia que fue puesta sobre sus tiernos hombros.

Aunque a primera vista pueda parecerlo, su misión heróica no era aceptada tan sólo como una verdad dogmática, debió haber algún grado de convencimiento. Sinó, ¿por qué en el episodio 2 se molesta en pedirle a un horror el dinero que Kaoru le había entregado de buena fe porque eran el único medio que ella tenía para cumplir sus sueños, si sabía que le quedaban menos de cien días de vida y que él mismo tendría que ser su verdugo?

Ésto de los sueños es curioso. Él, que había renunciado a tener los suyos propios, defiende los de los demás. Da la impresión de ser una víctima sacrificial; de la primera mitad de la serie se deduce que él ha renunciado a su vida humana para que los otros la disfruten. Creo que por eso se trastorna cuando, en el capítulo 16, el sacerdote Makai Amon le dice que la maldad siempre existirá en el corazón humano y que por eso la lucha de los Caballeros será eterna: ¿si no hay esperanza, por qué tenía él que defender a nadie o, dicho más personalmente, por qué había él sacrificado su humanidad? En estos momentos la presencia de Kaoru era ya muy importante, y él se había dado cuenta de que en la vida no todo era cazar horrores.

Quizás es por eso que en el episodio siguiente se pregunta si un asesino humano merece ser protegido por él, cuestión que semanas antes habría rechazado ni siquiera plantearse. Seguramente había algo de eso cuando, más tarde, enfurecido porque el tipo había escogido a Kaoru como víctima, lo pretende matar. La magnanimidad de ella lo salva de ser ensartado por la espada de Koga, pero éste no entiende por qué hay que dejarlo vivir. Cada criminal se convertía en una burla a lo que él hacía por la humanidad, y Kaoru debe recordarle que no hay ningún ser humano perfecto.

Su conflicto existencial no se mezcla bien con su creciente conciencia de los sentimientos, como hemos visto en el caso del asesino. Los efectos se suman o se multiplican y resultan más difíciles de controlar. Su estoicismo indiferente o, dicho de otra manera, su frialdad, queda relegada a los momentos de calma. Siempre son los sentimientos los que disparan las alarmas emocionales; si éstos no son tocados es capaz de mantenerse sereno porque, a pesar de todo, él cree en su causa.


Cap. 21. Disparado, herido, desarmado, insultado, inducido a desconfiar de la bondad de su causa y amenazado de muerte inminente por un hombre que busca venganza. Koga ha tragado saliva, pero ser capaz de mantener sus dudas para sí, sin perder el control, le permite salir airoso.

Ésta fe vuelve a cuestionarse en el capítulo 22, donde se da cuenta de que todo su trabajo ha servido para proveer a Barago.

Mucho peor: traiciona sus creencias de manera fulminante en el episodio 23. Excitado por los acontecimientos, y siendo una vez más el disparador sus sentimientos personales -el rapto de Kaoru, una derrota contra en Barago y el recuerdo del asesinato de Jabi- paga el precio de su inexperiencia emocional, pierde el control y se deja arrastrar por la ira. Su armadura llega al tiempo límite sin que él la despida; entonces se deforma y empieza a devorar todo lo que el hombre es. Si, in extremis, Rei consigue rescatarlo de las garras de su yo oscuro, es sólo porque la fe, aunque enterrada, permanece allí. Cuando vuelve a efrentarse a Barago, quizás porque la experiencia es demasiado reciente, no osa llamar a su armadura: ahora le tiene mayor respeto, sabe “de verdad” que es un arma de doble filo. Ha empezado a comprender a fondo qué es ser Garo. Sobre todo, Koga no ha tenido nunca tan claro que el camino de las tinieblas no es el suyo: su alma está salvada y su fe es firme.


Cap. 23. Los sentimientos personales potenciados y pervertidos por la ira toman el poder en el peor momento. El cuerpo, el alma y los ideales se retuercen hasta quedar irreconocibles: la unica manera de vencer al mal es con el mal.

Sí, la fe es su punto fuerte. Y aliada con el amor, una vez superada la prueba de fuego del capítulo 23, será la fuerza que expulsará a Meshia del cuerpo de Kaoru, la que inducirá a la propia Kaoru a ejercer su magia y que, en consecuencia, Meshia llegue a ser vencida. Porque si bien es verdad que las alas de su armadura se las debe a Kaoru, también lo es que él pudo mantenerlas virtualmente el tiempo suficiente para conseguir su objetivo cuando se desacopló la armadura.

Todavía más. Durante la lucha con Kiva no puede llamarla. El entorno es extremadamente difícil: un anillo gigante planeando y cayendo sobre la ciudad. Aquí hay algo más que instinto de supervivencia ante lo que es una leyenda viviente. Por fin es capaz de enfrentarse a la macabra escena que la ha perseguido toda la vida: la de una garra espantosa apareciendo delante de su cara después de atravesar el cuerpo y la armadura de su padre. Él puede llegar a perforar la mano de Kiva, el alter ego y maestro de Barago. Lo que comporta la desmitificación de Kiva y tiene un efecto colateral: la única piedra que se interponía entre en Koga sus antepasados, su padre -su muerte- se ha hecho polvo. Por eso, cuando por fin consiguió convocar a su armadura, ya en tierra firme, pudo ser consciente por primera vez de toda la fuerza que descendía a través de su línea de sangre, la de los precedentes Garo, y canalizarla a través de sí mismo. Koga había trascendido su individualidad para convertirse en un alma grupal. O, diciéndolo de una forma más popular, la fe mueve montañas.

Como buen héroe, Koga no abandona nunca su idealismo, lo hemos visto. Se lo matiza y se lo desmitifica, pero es lo que le hace dar lo mejor de sí mismo. Si primero fue la razón de su vida, cuando Kaoru se convirtió en otra razón, evita que se lance de cabeza hacia los sentimientos y lo mantiene en equilibrio; al menos es así hasta que hay un atentado contra éstos los cuales, no lo olvidemos, no está acostumbrado a tomar en consideración. Para él son como bombas de relojería. Pero el idealismo de Koga es también, en buena parte, causa de su insociabilidad.

El servicio a la humanidad, cuando no va acompañado de madurez espiritual, es satisfactorio para un solitario: le da una meta elevada que complace a su alma y le evita el compromiso y los problemas del contacto persona/persona. Koga no necesita nada más para sentirse bien con él mismo y con el mundo. Hasta que los sentimientos no colorean su vida, no le importa que aquéllos a quienes defiende se lo merezcan o no: las pequeñeces humanas están demasiado por debajo de su visión global y, claro está, el bosque no le deja ver los árboles.

Sí se autoimpone tratar con alguien, lo hace movido por el interés. El capítulo 4 es revelador en este sentido. Inicia la conversación y escucha la historia de una pobre mujer que busca a su marido desaparecido después de visitar a un médico-horror, y cuando ha obtenido toda la información que precisa, se marcha sin decir ni gracias ni adiós. El caso de Kaoru es atípico desde el principio. Si se digna a llevarla a su casa y velarla hasta que sabe que está bien, después que estuvo a punto de matarla, posiblemente habrá que entender que él acepta la responsabilidad de protegerla, ya que todo después nos lo indica así.

Koga da un paso de gigante al aceptar a Kaoru en su casa en el capítulo 5. A veces está claro que se arrepiente de esta decisión: cuando su yo solitario se rebela contra esta invasión, y contra la erosión más sutil a que la presencia de ella lo somete.

Al final del capítulo 6 tenemos el primer indicio de que ella ya es algo más que un cebo, y parece que Rei Suzumura también lo piensa. Que Koga cierre los puños cuando Rei parece querer maltratarla se puede interpretar como instinto protector, pero que se turbe cuando el otro insinúa que la quiere a ella nos habla de algo distinto. Igualmente, al acabar el capítulo 7, su ansioso ¿"donde está"? habría sido más indiferente si tan sólo fuera una cuestión de responsabilidad para con alguien a quien hay que guardar del peligro.



Cap. 3. A Koga le fastidia la exuberancia expresiva de Kaoru. Estas dos tomas son de después que él la haya salvado de un horror mientras ella estaba inconsciente. Ella se despierta en sus brazos, grita, patalea, le dice que la suelte, y él la deja caer al suelo sin ninguna ceremonia.

En el episodio 16 el mismo Koga dice haber observado sus sentimientos. Seguro que se dio cuenta de sus reacciones en estos casos. Él, ni siquiera se planteaba que estos sentimientos lo pudieran llegar a afectar. En el capítulo 5 Zaruba, el anillo-guía, comenta, curioso, las complicaciones de las relaciones entre hombres y mujeres, pero Koga declara tajantemente que a él no le interesan para nada. Entonces, no es muy probable que le gustaran. Del episodio 8 al 11 es el mismo tipo frío e insociable de siempre. Incluso al final del capítulo 9, cuando por fin le dice a la Kaoru la primera cosa bonita –"hoy tienes un aspecto magnífico" – sólo parece la simple constatación de un hecho; al fin y al cabo ella ha cambiado muy favorablemente la opinión que tenía de su padre, y eso podía haberla dotado de un aspecto radiante.

Seguro que Kaoru no quería exasperarlo en el episodio 11. Ella le insiste en que lo acompañe a un concurso de televisión. Es curioso que el enfado de él empiece cuando ella insinúa querer hacerle la misma propuesta a Rei, dada su negativa. Quizás la mirada que le hace después tiene implícita algún grado de arrepentimiento, pero no hay duda que Koga se esforzará mucho para rescatarla de las garras del horror que se ha aprovechado de su tristeza. Sin disimular su aversión, se dejará convencer por el demonio para participar en su juego, aunque el precio del fracaso sea, no sólo perder el alma de Kaoru, sino también la suya propia. No es una apuesta banal, la de Koga; pero él nunca ha sido banal. Velar por su protegida, ¿o algo más?

Cap. 11. Sometido a lo que para él son estupideces -juegos y pruebas- en escenarios bastante “horteras” creados por un horror que, además, es un mal perdedor, Koga ve puestas a prueba su paciencia, ingenio y determinación para recuperar el cuerpo y el alma de Kaoru ... y no perder la suya en el proceso.

El guionista es cómplice de nuestra curiosidad y ha tenido el humor de inventarse un ritual de devolución de alma que implica un beso. No hay duda que Koga lo cumple científicamente, eso ha quedado claro viendo la turbación que muestra después cuando, sentados en la escalera para que la Kaoru tenga tiempo de recuperarse, ella deja caer su cabeza sobre el hombro de él. Bienvenido sea el beso, incluso discretamente oculto por un punto brillante, ya que será lo único que veremos entre los protagonistas.

Cap. 11. Koga recita el antiguo hechizo que forma parte del ritual de devolución del alma. Postura curiosa. Pero seguro que sus ojos cerrados y la mano que se pasea suavemente por la cabeza de Kaoru son aportaciones suyas que ni siquiera sabe que ha hecho.

El viejo sacerdote Amon hurga en el insconsciente del chico para hacer salir a los fantasmas: su padre murió porque lo amaba, y él no osa amar por temor a sufrir la pérdida -Kaoru tiene los días contados. Presionado, Koga da forma verbal a los pensamientos que habían quedado a medio hacer, y acaba sabiendo lo que quiere: luchará por ella mientras le quede vida de la que disfrutar, y la sacrificará un día antes de cumplir los cien para ahorrarle la agonía; su única ambición es que "su luz brille todo el tiempo posible". Así es como en Koga deja, por fin, de luchar contra sus sentimientos.



Cap. 16. Koga vuelve de visitar a Amon. Lo recibe una Kaoru jubilosa, que se ha emocionado al verlo. La frialdad ha desaparecido de su mirada, y sus ojos ya no ocultan nada.

Por desgracia, él continúa sin poder verbalizar algo frente a ella, y pierde una oportunidad de oro para informarla de su situación. El resultado es que aquel mismo día ella sabrá, por la boca de un horror moribundo, que ha sido usada como cebo.

El desconsuelo de Kaoru al saberse engañada, es comparable a la conmoción de Koga que, no solo ha quedado al descubierto su secreto, sino que ella le hace sacar el anillo y huye, arruinando sus buenos propósitos -ya había un fruto Baranacas para ella- y dejándola expuesta al ataque de cualquier horror, precisamente cuando los cien días están a punto de acabarse.

Cap. 19. Jabi ha salvado a Koga de ser muerto por Rei, y lo ha cuidado. Ella se le insinúa, pero él, sin rechazarla abiertamente, no reacciona. Koga hace el gran esfuerzo de rogarle que lo ayude a salvar a Kaoru. Muy a pesar suyo, Jabi acepta.

A partir de ahora Koga tiene que salvar una situación que él mismo ha creado, agravada por los hechos externos -su rebelión contra el santuario del este, las consecuencias del asesinato de Amon-, y veremos las cosas que puede llegar a hacer por amor: sustrae a Kaoru de las manos de un Rei ansioso de venganza, con la consecuencia de tener de luchar a muerte con él; se aventura, con muy pocas posibilidades de éxito, a conseguir el Barancas una vez muertas las dos únicas personas que lo habrían podido ayudar; ha de convencer a Kaoru que vuelva a tener ganas de vivir para darle tiempo a traer el Barancas, y le jura que lo conseguirá; inicia una lucha titánica para salvarla una vez sabe que se ha convertido un un portal para Meshia, y en el proceso se verá tentado casi fatalmente por el lado oscuro, y se enfrentará a Barago, contra el que no tenía prácticamente posibilidades; no podrá utilizar otras armas que la fe y el amor para expulsar a Meshia del cuerpo de Kaoru y, una vez conseguido, tiene que adentrarse en el mundo de los demonios para evitar que ésta vuelva a poseerla. Finalmente, la dejará marcharse a Italia para que empiece a materializar su sueño de convertirse en una gran artista. O sea que Koga se nos ha convertido en un héroe romántico.

Cap. 20. Obligado por la muerte de Amon y Jabi, Koga se ha aventurado a solas a recoger el Barancas que necesita Kaoru para sobrevivir, en un lugar mágico donde un caballero Makai está poco menos que indefenso. La intervención inesperada de Rei evita que Koga, agotado por su lucha contra el custodio electromecánico de la fruta, acabe mal cuando ya la había obtenido.

Con tantos acontecimientos que le tocan tan de cerca e impactándolo con fuerza, su fría indiferencia ya es historia y sus sentimientos salen torrencialmente, eso sí, a través de sus acciones. Y de sus ojos, diría yo. Incluso cuando se declara, no lo parece en absoluto o lo hace de forma indirecta, cosa que deja a Kaoru un poco desorientada.

Cap. 21. Koga empieza a tener consideración hacia los sentimientos de los demás. Intenta aliviar la preocupación de Kaoru y Gonza, que saben que él va a adentrarse conscientemente en una trampa. "Volveré", les dice.

Su relación con Rei es más que tensa desde desde el principio. De sopetón, Koga se encontrará luchando por su vida, enfrentado a un colega con una rabia que no puede entender. Sin embargo, es sobre todo en esta relación donde podemos captar mejor su nobleza. No lo ataca cuando cae; no duda en olvidar que ha estado a punto de matarlo cuando hay cosas más importantes a considerar, como el retorno de la espada al mundo de los demonios, y confiando que Rei también valorará la situación imparcialmente. Tampoco se priva de ayudarlo a deshacerse de la garra de un horror gigante.

Pero no olvida. Le echa en cara todas sus maldades cuando Rei admite su error en arremeter contra él. En pro del bien común y por el de Kaoru, sin embargo, es capaz de pasarlo todo por alto. Rei corresponde con un nivel de abnegación tan intenso como su anterior furia vengativa, y Koga tendrá mucho que agradecerle.

Gonza, el mayordomo, es sin duda un subordinado, y eso queda muy claro, pero es una relación correcta y respetuosa. También es evidente que Gonza ama al chico al que, prácticamente, ha criado, y lo conoce bien. Pero sólo hacia el final vemos a Koga interesarse por su salud y teniendo piedad de sus sentimientos.

Cap. 18. Enfrentados por la posesión de la espada del ritual de purificación, Jabi acusa a Koga de dejarse ganar por ella cuando jugaban siendo niños. ¡"Tu amabilidad es tu defecto mayor"!, le dice. Lo insulta y lo desprecia porque él no la quiere atacar aunque ella lo hace, y con ganas.

Con respecto a Zaruba, el anillo-guía, asistimos a una relación más compleja. Curioso, parece que sea precisamente Zaruba el miembro "humano" de esta singular pareja. A veces da la sensación que es él quien expresa lo que tendría que decir Koga. Capítulo 16: Koga va a visitar a Amon:

Zaruba: "Este viento llega cargado de recuerdos".
Koga: "Ya".

Eso no significa que sea sentimental. Capítulo 17: Koga ya ha reconocido que ama a Kaoru; no pueden encontrar un horror, aunque saben por dónde se esconde, aproximadamente.
Zaruba: "No hay alternativa. Tienes que hacer venir la Kaoru".
Koga: ¿"Para usarla como cebo"?
Zaruba: ¿"A estas alturas te preocupas? ¿Acaso no la dejaste vivir para eso"?

Descarado, insinuador, replicador, algo romántico, Zaruba ha sido el único amigo que Koga ha tenido durante muchos años, y su pérdida es sentida como tal. Por la reacción que tiene Rei al ser testigo, podemos saber que los Caballeros Makai acaban teniendo una relación muy profunda con sus joyas-guía.


Muchísimas gracias, Radix, por tu colaboración gráfica, otra vez.

2 comentaris:

SENSALI ha dit...

LA PELICULA DE KUOGA SAEJIMA ES IMPRESIONANTE ,ES LO MEJOR ,ME GUSTO

Mitra ha dit...

Hola, Sensali. Bienvenido/a!

Cuando dices la película, ¿a qué te refieres en concreto?

Saludos.