diumenge, 12 de desembre de 2010

GARO Fanfic – Cuestión de supervivencia, 2 (1)

 
Cap. 2: Asedio (parte 1)


La belleza del Parque Nikko no puede hacer otra cosa que inspirar a los treinta estudiantes. Tres profesores atienden a alumnos repartidos por distintos puntos, intentando plasmar en sus cuadernos de dibujo su personal interpretación de cualquier aspecto o punto del parque.

Salir de la ciudad todo un día es para Kaoru refrescante, lejos del bullicio de la escuela. Y lejos de todo lo que le recuerda a los horrores. Sin embargo, el hermoso paisaje tiene un matiz inquietante. ¿Por qué le parece que hay más sobras que las proyectadas por los árboles bajo el sol? Sacude la cabeza para expulsar sus sospechas y se dirige hacia una de sus estudiantes favoritas, sentada en un puente, para ver si ha descubierto por fin qué es lo que quiere dibujar.

Casi ha llegado al puente y el sol la inunda, pero la oscuridad se cierne sobre ella. ¿Horrores, aquí? Muy despacio se acerca a su alumna y observa el dibujo: dos siluetas humanas, una de pie y otra sentada, esta última con un bulto en brazos. ¿Por qué habrá elegido dibujar a gente?

Al otro lado del puente, Kaoru descubre a los modelos: una pareja con un bebé. La están mirando, y la que está sentada se levanta, contrariando a la estudiante. Kaoru suspira. Por nada del mundo quiere que sus alumnos sufran el más mínimo daño de modo que, una vez más, se resigna a hacer de restaurante ambulante.

Kaoru cruza el puente sin prisa y sin pausa hasta situarse delante de la pareja. Ya ha logrado controlar la emisión de energía, así como la aparición de los apéndices óseos de los dedos, lo cual le permite conducirlos a un lugar más reservado, tras un tupido macizo de arbustos. Los dos Bariri dejan al descubierto su vientre, y su nódulo de saciedad se hincha y se proyecta hacia delante para recibir su alimento. Pero cuando la cansada muchacha da media vuelta para irse, una voz femenina la detiene.

      ¡Espera! Tienes que activar a nuestro hijo.

      ¿Qué...?

Kaoru se interrumpe al acudir en su auxilio los recuerdos de Meshia. Los Bariri són algo parecidos a los marsupiales: el hijo se forma dentro de la madre pero no tiene un momento clave de nacimiento; entra y sale hasta que termina su formación, momento en que es demasiado grande para regresar al seno materno. En ese momento necesita que Meshia le de su primera “comida” independiente: la energía alimenticia habitual sazonada con sangre de la propia reina.

El pequeño hace días que se halla insconsciente y al borde de la muerte celular. Kaoru no puede hacer nada por él, ni quiere hacerlo.

      Sabéis que yo no soy Meshia, mi sangre no sirve. ¿Por qué no regresáis a vuestro mundo? Su cadáver aún es capaz de daros lo que necesitáis.

      ¿Por cuánto tiempo? –inquiere el hombre.

      Sabíamos que nos arriesgábamos mucho procreando, pero tú sabes que tenemos que adaptarnos a vivir aquí. Necesitamos a nuestra reina.

El tono de la mujer está tan cargado de amenazas que Kaoru descubre que es capaz de saber qué piensan. No son sentimentales y no les preocupa que el niño muera, pero se hallan genuinamente involucrados en su propia supervivencia y en la de su especie.

La están tanteando. Según como reaccione, idearán un plan para secuestrarla y obligarla a reasumir el papel de Meshia. Saben que no lo es, pero lo único que les importa es que haga lo que ella hacía: estar disponible para ellos. Puede leer sus temores que ella, una vez convertida, se rebele y los destruya. Sabe que no podrían sedarla si fuese necesario para mantenerla sometida, porque el alma de Meshia fue arrancada con parte de su mente, y sería ella, Kaoru, la única dueña y señora de sus vidas y de sus muertes. Aún así, mejor es arriesgarse a ello que a la extinción. La pareja tiene que acudir a una reunión de “apicultores en crisis” mañana, donde informarán de la respuesta de la que, por dos veces, fue huésped de la Reina.

Un temblor recorre el cuerpo de Kaoru al comprender la gravedad y extensión de la conspiración. Error: los Bariri se han dado cuenta.

      En atención a lo que de Meshia queda en ti –dice el hombre– te lo estamos pidiendo. Pero si tenemos que obligarte, lo haremos. Estamos dispuestos a destruir el Templo de las Tinieblas para mantenerte encerrada en nuestro mundo para siempre.

Kaoru contraataca aprovechándose de los miedos que les ha descubierto.

      ¿No sabéis lo que les sucede a los humanos cuando pierden la esperanza? No sólo pierden el instinto de autoconservación, sinó que además no les importa destruir lo que sea. ¿Cómo evitaríais que yo os matara a todos antes de suicidarme?

–  Se impondría una huída masiva hacia vuestro mundo. Y tendríamos que adaptarnos a comer humanos. ¡Tenemos derecho a sobrevivir y nadie, ni siquiera tú, lo impedirá!

De pronto, una mano de la mujer sale lanzada hacia el aire, atrapando a una imprudente avispa, y llevándosela a la boca. Kaoru, agradeciendo la distracción, simula descubrir algo.

      ¡Sóis vosotros los que hacéis desaparecer las abejas!

      Lástima que sean tan pequeñas. Estamos intentando guardar algunas para criarlas, pero cuando el hambre acucia... ¡Y su reina es exquisita!

      Por éso –añade la mujer– tenemos que desplazarnos a las ciudades. Los hijos de Kiva las prefieren. Nunca entenderé cómo puede gustarles la carne humana.

      Porque Kiva fue humano en sus orígenes –responde el hombre– ¡Estúpidos mestizos!

      Deliciosos estúpidos mestizos –puntualiza la mujer.

Los hijos de Kiva, los horrores  “normales”  nacidos de la unión entre el tenebroso Kiva y la hechizada Meshia. Porque ella no pudo intevenir activamente en su desarrollo, nacieron estériles. Ahora, convertidos en el plato favorito de los Bariri, corren peligro de extinción.

Pero los Bariri no quieren extinguirse, y necesitan a su Reina para “activar” a sus crías. ¿Cómo pudo alguien con tanto conocimiento como Meshia crear a un mundo tan dependiente de su ser? ¡Qué gran error! Sin embargo, la respuesta acude en forma de recuerdo: Meshia sabía que había logrado escapar a la muerte y creía que sería eterna. Pero aún más. Estaba determinada a convertirse en diosa, e hizo un mundo a su misma imagen: malvado, violento, manipulado hasta tales niveles que impidió el desarrollo libre de las formas de vida que ella misma creó. Y así determinó su destrucción futura.

Por desgracia, la humanidad va a convertirse en el último recurso de estos seres sin mundo, y no es muy probable que esté preparada para enfrentarse a ello, ni física ni espiritualmente. Los Makai estarán obligados a descubrirse y a extenderse de alguna manera, si no quieren traicionar su misión de protectores.

Y ella, ¿qué puede hacer? Sólo entregarse a manos de los médicos, renunciar a su vida libre, y rezar para que sirva de algo.

Si los Bariri no la secuestran antes.

dimecres, 8 de desembre de 2010

GARO Fanfic -A survival affair, 1(3)


  
Chap. 1: Stalk (Part 3)


As luck or misfortune, that Koga was there when two doctors came into the mansion. Although he has finished eating, and thus he was more accessible than usual, he does not like the way both visitors look at Kaoru, at all.

Kaoru sometimes cursed her growing ease in reading her man’s thoughts. She only can watch him in there, sitting with one leg crossed over a knee, and both hands gripping the chair arms, and to beg the  doctors not to take kicks by him. When Dr. Shimizu begins to allude the time she was in the hospital by have been infected, she thinks Kouga is going to get up and leave, but he keeps himself in order of not letting her alone with them.

“Let me tell you,  Mrs. Saejima”  Dr. Shimizu says, “we are very surprised that you are still alive”.

Kouga suppresses an outburst, but his eyes do not hide anything.

“Do you know”, the doctor continues, ignoring him “that all who have suffered such injuries are dead or close to it?”

His deliberate silence only is useful to make easy the quick response by Kouga.

“I was right to keep her from such incompetent people”.

The younger doctor is impressed by such embarrasing frankness, but the gaze by Dr. Shimizu is exceptic. And hard.

“Since you know so much”, he replies to the owner of the house, perhaps you could tell us what caused that terrible wound”.

“You know it very well: it was an animal”.

“It must be an unknown species”, the doctor insists.

Kaoru involves herself.

“Why do you say it? Every day they discover new species of animals and plants. Just find the one you need”.

The doctor does not give up.

“A deadly microbe has infected many people, and they were infected by other or by animals. We need to examine you, madam, to find the cause of your healing, and to apply it to those people still living”.

If Dr. Shimizu was a telepath, he would have been overwhelmed by the strong mental protests from the couple. Kouga's thoughts were at par with hers on this subject: she never again will be between the hands of some doctors. Both of them do not dare to think about what were they going to find within her body and her blood if she was examined.

This refractory, uncomfortable silence that followed make the visitor to get up, which his companion does too.

“Do not worry, we're leaving. But ask yourself this question: As the epidemic spreads, could you bear yourselves for not having done anything? What right have you to be called humans, if you are indifferent to the fate of others?”

Kaoru turns back to Kouga. She feels him ready to burst. How can this doctor to launch such accusations against someone who has devoted his life to the survival of humanity?

“I give a damn what you think!”  Kouga replies, not in good ways. “ You aren’t worth of another answer”.

Both pairs of eyes meet, and fight. The young woman rests her hand on her husband's arm to distract him, while addressing the poor doctor who does not know where he is getting into.

“Doctor, please do not take this as a negative to...”

“Oh no?” the referred one interrupts sharply. “How should I take it, then?”

“As an opportunity to make an even greater finding. When you had achievedit, I still continue being here”.

Kouga looks askance. Is she thinking to expose the Makai world?

But the cryptic response from her does not please Dr. Shimizu.

“I do not know what's playing at, madam, but maybe when you finish you will not find anyone willing to listen”.

She lowers her eyes in shame.

“Please, do not stop researching. But if you just lock yourself within your laboratory you only see a small part of the picture. Sorry, I can not say any more”.

“Are you unable or unwilling?”

“It's time to leave”. Kouga has stood before Kaoru had a chance to say something else.

Officially expelled, both doctors follow the butler to the outer door. But before leaving the room, just at the threshold, Dr. Shimizu stops his walk and stars at the couple.

“I want you to say that I will not give up”, and leaves the room.

After their departure, Kaoru and her husband look each other worried. Both of them have been touched by the doctor's words. But they know that if Kaoru obeys him, she will never leave the hospital, and without awarranty of finding the remedy to seek. Not to mention the pile of questions that will be asked and that could not be answered. How may you say that humans are as guilty of the presence of the horrors as the ecological destruction of the planet? Above all, how to say that things will get worse? But somehow, they must begin to prepare mankind for what is coming.

The great advantage of her big empathy with Kouga is now Kaoru no longer feels uncomfortable when he reacts silent or leaving. His mind has told her everything she needs to know and can act accordingly. But now he comes and hugs her, suddenly, as if to protect her frin what is to come. She nakes the same, trying to protect him too.

“We must do something”, she says, with half of her mouth covered by his shoulder.

He says nothing, but Kaoru feels him to consider the possibility of convening a Makai emergency meeting.

“Yes, do it”.

Kouga puts away his head to look at her. He does not like to read his thoughts without his consent. Because of that Kaoru tries not being to obvious, but damn! now it has escaped. For the umpteenth time he tries to remember that it is fortunate that only her had this abilityr, and he can feel calm. Reluctant to himself, his head moves in a single, faint nod.