dissabte, 24 d’octubre de 2009

GARO Fanfic – Regreso de los exiliados, 5


Capítulo 5: Día “D”


Koga sabe que no está en su mejor momento, por mucho que intente disimularlo. Debería estar entrenándose, pero en vez de éso permanece sentado en el césped del jardín, su espada desnuda abandonada a lu lado. Su mente, lejos de allí, centrado en un bello rostro que indistintamente le sonreía y le maldecía. Zaruba ha dejado de advertirle, convencido al fin que el joven neceita un período de duelo para sanar su corazón.

Pensamientos de muerte lo invaden a menudo. Matar o ser muerto, ¿qué más da?, ambos aportarían algún alivio. Pero no puede hacer nada. Dos veces se ha sorprendrido a sí mismo las últimas noches haciendo maniobras temerarias en sus luchas contra los horrores: Zaruba se lo había reprochado con crudeza.

También ha pensado en emprenderla contra Rei, y así al menos tomaría venganza. Incluso ha considerado obligar a Kaoru a volver, pero sabe que ésto sólo serviría para atraerse la perdición. Ociosos pensamientos, se repite con amargura, pero no puede evitarlo. Está desequilibrado, a fin de cuentas el eje de su vida ha cambiado con brusquedad. ¿Debería pedir el traslado e irse a vivir lejos?

Nunca debería haberse abierto al amor.

Le lleva un buen rato darse cuenta que alguien lo está observando desde poca distancia.

– ¿Qué haces aquí? –Aparta su vista de Kaoru. Ningún entusiasmo, ninguna sorpresa en su voz.

– ¿Cómo estás?

No hay amabilidad alguna en su pregunta. Mejor así, piensa Koga.

– ¿Acaso te importa?

– Claro que sí, tú y yo hemos pasado muchas cosas juntos.

Sus palabras siguen sin ajustarse para nada al tono indiferente de su voz.

– Es cierto.

– Entonces no te molesto, ¿verdad?

Ella se ha acercado hasta permanecer de pie junto a él, pero Koga ni la mira.

– Vete.

– Tan galante como siempre.

Lejos de seguir su mandato, Kaoru se sienta a su lado y sigue hablando.

– Eres único para hacer palpitar de emoción el corazón de una mujer, ¿nunca te lo han dicho? –Al no recibir contestación, ella continua–. Yo debí hacerlo, hace mucho. Te metiste en mi vida hasta lo indecible, y encima creías que me hacías bien. Tuve mucha paciencia. Pero ahora que ya soy libre, no quiero seguir recordándolo. Nunca quise dañarte, y por éso he callado. Incluso ahora no quiero hacerlo, pero mi paz mental exige dejar las cosas claras.

El corazón helado de Koga tiembla ante el tono despiadado y ante las palabras, que le aseguran que su tortura no ha hecho más que empezar. Pero permanece inmóvil, convencido de que no puede evitarlo.

– Koga, ¿por qué no me abandonaste a mi suerte cuando fui manchada por la sangre de horror? ¿O por qué no me mataste? ¿Sabes todo lo que nos habríamos ahorrado?

– Te dije que nunca me arrepentiría. Pero al parecer, tú sí.

La breve carcajada que oye resquebraja su hielo interior. Se frota la cara con una mano. Ella habla de nuevo.

– No exactamente, pero trataba de convencerme a mí misma de que merecías la compasión de almenos una persona, a fin de cuentas tenías buenas intenciones. Hasta que tus brazos convirtieron en una cárcel, cada beso tuyo en un chantage emocional, y tus ansias protectoras en excusas para mantenerme indefensa como una niña. ¿No sabías que tu amor podía ser así de destructivo?

Él la mira por fin, ¿se habrá vuelto loca? ¿Por qué dice estas cosas? ¿De veras él la podido dañarla sin pretenderlo? No sabe si tiene éxito en ocultarle su desmoronamiento. Ningún esfuerzo suyo hacia Kaoru ha servido para nada, si lo que dice ella es cierto. Sus palabran han convertido lo más sagrado de su amor en una farsa. Deja caer su cabeza levemente hacia delante, presa de un agotamiento que no creyó que pudiera existir, sus hombros le siguen, y finalmente se tiende en el césped, mirando al cielo sin verlo.

– Ya me has dicho lo que querías decirme. –Apenas un hilo de voz sale de su garganta.— Ahora, vete.

No le sorprende que ella no se mueva de allí. Al contrario, se medio tiende a su lado y siente su mano acariciando su cabello. No tiene fuerzas para rechazarla.

– En realidad –añade Kaoru, ahora con una pegajosa dulzura– he venido a despedirme. Piensa en ello como un brindis por los buenos momentos que dejamos atrás. –Se inclina sobre él y la besa la frente–. Porque, en mi inocencia, quise creer que te amaba. –Beso junto a la nariz–. Porque defendiste a mis sueños tan fieramente como a mí. –En la comisura de la boca–. Porque quiero agradecerte que, incluso a tu torpe manera, me amaras. –En los labios.

Él no resiste ni reacciona. Sólo cuando se deja abrir la boca y ella la invade, provoca en él una respuesta, aunque carente de afecto –la herida es demasiado profunda– pero enteramente apasionada, la única que le permite su corazón desgarrado. Sus miembros la rodean y se deja llevar donde su dolor quiera conducirle.

Apenas se da cuenta que le arranca parte de la ropa, ni de que le muerde en el cuello. No sospecha nada cuando no puede tumbarla sobre el césped para colocarse encima, ni tampoco cuando los labios de ella, al volver a acoplarse a los de él, parecen tener un tacto raro, y no oye a Zaruba cuando le grita que se defienda. Su alma asciende por su pecho. Arriba, arriba. Más voces que le gritan. Los labios de Kaoru continuan drenando su alma, qué vuela hacia ella, ahí es donde debe estar. Él siente el abandono, algo le falta, algo importante.

El peso desaparece de encima suyo. El sonido inconfundible de una espada cortando carne de horror. Un grito inhumano. ¿Qué pasa? Koga tose con violencia para recuperar el aliento.

Éso en su boca no son los labios de Kaoru. Hacían ventosa y le estaban asfixiando, ¿cómo no se dio cuenta? La cosa se desprende con facilidad y ve a Rei luchando contra Kaoru... o no. Es Kaoru sólo la mitad derecha de su cuerpo. La otra mitad... una criatura grisácea con un desconcertante ojo redondo y saltón, un ala amplia y correosa, y algo muy largo que le sale de la cabeza, que parece querer alcanzarle y que gotea negra sangre por un extremo.

– ¿Qué le pasa a Kaoru? –grita a su ocupado colega.

– Es un horror.

– Así que ya te has cansado de ella.


– ¿Estás ciego, o qué?

Sangre negra, como un horror. “Kaoru” pierde su apariencia humana a gran velocidad, soltando grandes alaridos que entorpecen su lucha con el Caballero de Plata. Entonces, ¿qué ha sido de Kaoru? Desoncertado, Koga se dirige a Zaruba con no muy buenos modos.

– ¿Por qué no me has advertido?

– ¡Lo he hecho! Pero  estabas demasiado “ocupado”.

Koga resopla de impaciencia. Se dispone a ayudar a Rei, que está empezando a pasarlo mal porque,  al haber perdido por completo la forma humana, el horror está luchando mejor. Al darse cuenta que iba a tener que vérselas con dos Caballeros Makai, el ser de otro mundo opta por una retirada estratégica y se va volando. La espada que le lanza Rei no logra alcanzarlo.

– ¡Maldición! –se lamenta caballero más joven.

– Zaruba, ¿dónde está? –pregunta el dueño del jardín.

– ¡Vamos! –responde la diminuta cabeza metálica, feliz de que, por fin, puede captar al horror.

El anillo parlante guía a los dos veloces caballeros por una sucesión de calles, hasta que ven desaparecer a su presa a través de un portal al mundo de las tinieblas.

– Zaruba –protesta Koga– ¿cuándo ha aparecido ese portal?

– Esta última noche. Pero no me eches la bronca a mí. No he querido llevarte a más excursiones de las estrictamente necesarias. Cuando te pasen las tentaciones suicidas volveremos a hacer las cosas bien.

– ¿Tentaciones suicidas? –Rei parece a punto de soltar una carcajada, pero lo piensa mejor en cuanto ve el rostro atormentado de su colega. No obstante, Rei es Rei.– ¿De veras estabas dispuesto a dejarte matar mientras te dabas el lote?

– ¿Mientras me daba el qué?

Rei se rie, pero Koga lo está mirando con suma seriedad.

– Todo ésto te divierte mucho, por lo que veo.

– ¡Vamos, hombre, te falta cultura mundana, éso es todo!

– ¿Ésa es la relación que quieres tener conmigo, observarme hasta que se te presenta la primera oportunidad para apuñalarme por la espalda?

– ¿Cómo?

Pero Rei no tarda en darse cuenta de qué está hablando su amigo.

– Yo... de veras pensé que ella te había dejado...

Golpe y gemido. El puño de Koga se había lanzado contra su estómago con toda la fuerza de su rabia. Rei no lo esquivó. Ni quiso esquivarlo.

dissabte, 10 d’octubre de 2009

GARO Fanfic – Exiled’s return, 4


Chapter 4: Seduction


Poisoned Edge knows that its great moment is near. Once again it congratulates itself to find Kaoru: the young human woman also keeps in her mind the key to destroy Garo, and this is what it is doing. To get him angry was not its plan, never, because it would have little chance to defeat him. Indeed, facts proved that he could become another abomination.

Because of Kiva  and Barago, the Bariri horrors were forced into the exile. Abominations are not only predators, but do not tolerate any competition. And because of Kiva, Meshia had been asleep and left unable to care for them. No more abominations!

It raises its Kaoru’s eyes toward Rei, the Makai Knight who expects to conquer her. He’s so dreamy. It will deal with him afterwards. But it should be careful: he has looked at it several times with suspicion.

“Kaoru” he interrupts its thoughts “what’s happening?”

“Now, nothing at all”. She gave him the best smile within Kaoru’s repertoire.

But he does not smile, and Poisoned Edge begins to suspect she has done something she should not, in spite she does not recall to lower her guard.

“ I needed to get off from that house!”  she tries to explain. “I lacked air, and safety!”

“Even in cases of severe mistreatment, the most of couples take pretty time to stop loving each other, but you have done it quickly”.

The horror, which has not found anything as that within Kaoru's mind, feels that the knight is about to uncover her, she need to improvise. She approaches him, slowly, and trying to sadden her eyes. She caresses both his arms.

“I don’t know. It’s happened. How important is it?” Her hands reach the young man’s neck.

“Really" her host went on, somewhat tired and resigned,  “ar’you taking advantage of my feelings, too?”

Kaoru/Poisoned Edge did not let transpire any surprised in front of the knight’s vulnerability.

“Rei ...”

“Hav’you ever loved Kouga?”

“If that's what you think about me, why did you help me?”

Her host does not respond. He, himself, does not know why he does it. Humans are surprisingly manipulable. So many possibilities for some Bariri with initiative!”

“Well," she finishes and turns her back to him. ”I'll go, I won’t force you to do anything”.

She turns her head slightly back towards the young man, her eyes almost tearful.

“Bye”.

Before she did the second step to the door, she feels caught her arm. Poisoned Edge can not suppress a smile of triumph. Not only she does not turn back, but her head falls forward smoothly.

“Don’t leave”.

*     *     *

After only two days, Rei forgot his fears about Kaoru’s apparent cruelty. Rather, he works hard forgetting it. So, he wants to give her a beautiful necklace that belonged to Shizuka. As she has gone to work, he looks for it to give her a surprise when coming back.

But that necklace, which he remembers very well, is not among Shizuka’s jewels. Is it lost? A memory comes to him as once she lost an earring, or a bracelet, without an apparent cause, and some time later it appeared also mysteriously enough, when its owner had lost any hope of finding it. He used to tell her, as a joke, that if she did not watch better, some day the gnomes were going to take her away.

Walking guided by his instinct, he smiles as she realizes where he has arrived. The underground of the house. Shizuka and he had explored it hundreds of times, and it had been their favorite place to play hide-and-seek. It is a room, a cellar, two storage rooms, and a hidden passageway cut into the rock, which leads to a few hundred meters away, and whose end was sealed shortly after he was adopted by the Silver Knight, to avoid childish pranks. Time ago, it must have been a very handy outlet. Rei walks, nostalgic, and a bit sad because Kaoru does not seem the type of girls who explores with you.

Suddenly, he cocks an ear. What’s that?

Just when he thinks that he begins to imagine weird things, he hears something again. A whimper? Nonsenses, who can be here! But he furthers into the dark passage, and then he have no doubts anymore: someone is crying softly.

“Who’s here?” His voice is high, clear, imperative.

The sobs end.

“Who’re you?” insists the owner of the place.

“Help! Help me, please” said an exhausted female voice.

diumenge, 4 d’octubre de 2009

GARO Fanfic – Regreso de los exiliados, 4


Capítulo 4: Seducción


Filo Envenenado sabe que su gran momento se acerca. Una vez más, se felicita por haber dado con Kaoru: la joven humana también guarda en su mente la llave para destruir a Garo, y éso es lo que está haciendo. En ningún momento enfadarlo entró en sus planes, pues habría pocas posibilidades de vencerlo y, además, los hechos habían demostrado que era capaz de convertirse en otra abominación.

Por culpa de Kiva y Barago, los horrores Bariri habían tenido que exiliarse, pues las abominaciones no sólo son depredadores, sinó que no toleran competencia de ningún tipo. Y también por culpa de Kiva Meshia había sido dormida y dejada incapaz de velar por los Bariri.¡No más abominaciones!

Levanta sus ojos hacia Rei, el caballero Makai que cree que va a conquistarla. Iluso. Luego se ocupará de él. Pero mientras debe ir con cuidado: le ha mirado varias veces con sospecha.

– Kaoru –interrumpe él sus pensamientos, preocupado– ¿qué te pasa?

– Ahora ya nada. –Obsequia a su anfitrión la mejor sonrisa que encuentra en el repertorio de Kaoru.

Pero él no sonrie, y Filo Envenenado empieza a sospechar que ha hecho algo que no debería, aunque no recuerda haber bajado la guardia.

– ¡Quería salir de esa casa! –trata de explicarse–. ¡Me faltaba aire, y seguridad!

– Incluso en los casos de severos malos tratos las parejas tardan en dejar de amarse, pero a ti te ha pasado muy deprisa.

El horror, que no ha encontrada nada semejante en la mente de Kaoru, siente que el caballero está a punto de descubrirle. Necesita improvisar. Se acerca a él, despacio, tratando de entristecer sus ojos. Le acaricia ambos brazos.

– No lo sé. Sólo ha pasado, ¿tan importante es? –Sus manos llegan al cuello del joven.

– ¿De veras –continua su anfitrión algo fatigado y resignado– vas a aprovecharte también de mis sentimientos?

Filo Envenenado no deja que trasluzca su sorpresa ante la vulnerabilidad del caballero.

– Rei...

– ¿Alguna vez amaste a Koga?

– Si éso es lo que piensas de mi, ¿por qué me ayudas?

Su anfitrión no responde. Ni él mismo sabe por qué lo hace. Los humanos son sorprendentemente manipulables, ¡cuántas posibilidades para un Bariri con iniciativa!

– Muy bien –concluye, y se vuelve de espaldas–. Me iré, no quiero obligarte a nada.

Vuelve un poco la cabeza hacia el caballero, sus ojos casi llorosos.

– Adios.

Antes de dar el segundo paso hacia la puerta, nota su brazo cogido. Filo Envenenado no puede reprimir una sonrisa de triunfo. No sólo no se da la vuelta, sinó que su cabeza cae hacia delante con suavidad.

– No te vayas.

*     *     *

Apenas dos días después Rei ha olvidado sus temores sobre la aparente crueldad de Kaoru. Más bien se esfuerza en olvidarlos, y por ello quiere obsequiarla con un bonito collar que perteneció a Shizuka. Aprovecha que ella se ha ido a trabajar para buscarlo y darle la sorpresa cuando llegue.

Pero el collar, qué él recuerda vívidamente, no está entre las joyas de Shizuka. ¿Lo perdió? A su memoria viene que de vez en cuando ella perdía un pendiente, o una pulsera, sin causa aparente, y aparecía igual de misteriosamente tiempo después, cuando su propietaria ya había perdido la esperanza de encontrarlo. Él solía comentarle, a modo de broma, que si no vigilaba un día los duendes se la llevarían a ella.

Anda sin rumbo, dejándose guiar por su instinto, hasta que sonríe al ver dónde ha llegado. Los subterráneos. Shizuka y él los habían explorado cientos de veces, y había sido su lugar predilecto para jugar al escondite. Consta de una sala, la bodega, dos trasteros y un pasadizo escondido excavado en la roca que conduce a unos doscientos metros de allí, cuya salida se selló poco después que él fuera adoptado por el Caballero de Plata, para evitar travesuras infantiles. En su tiempo debió ser una vía de escape muy práctica. Se pasea, nostálgico, algo triste porque Kaoru no parece ser del tipo de chicas que explora contigo.

De pronto, aguza el oído. ¿Y éso?

Justo cuando cree que empieza a imaginarse cosas, otra vez oye algo. ¿Un gemido? Tonterías, ¡quién puede estar aquí! Pero se adentra más en el oscuro pasadizo, y entonces ya no tiene ninguna duda: alguien está llorando.

– ¿Quién hay aquí? –Su voz, alta, clara e imperativa.

Los gemidos callan.

– ¿Quién eres? –insiste el dueño del lugar.

– ¡Socorro! Ayudadme, por favor –dice una agotada voz femenina.