diumenge, 24 d’octubre de 2010

GARO Fanfic – Cuestión de supervivencia, 1 (1)


Este fic se inicia siete u ocho meses tras el término de “La llamada de la sangre”

Cap. 1: Acecho (parte 1)


Kaoru sale de su adormilamiento al oir un ruido. Koga ha regresado. Ya era hora, son casi las cinco de la madrugada.

En vano lo espera durante un rato. Intrigada, abandona el lecho y desciende al piso inferior. El se ha acomodado en el sofá, completamente vestido, zapatos y gabardina incluidos.

Ella abre la luz. El aprieta sus párpados en protesta, antes de abrir los ojos. Esas ojeras... Se ha pasado el día y la noche persiguiendo horrores, y ya van diez días seguidos. Necesita descansar, pero es un tema tabú, y ella opta por no decir nada. Se acerca al sofá y él se sienta para darle espacio a ella.

–¿Por qué no vienes a la cama? –le dice.

–¿Para qué? –responde Koga con voz apagada.

–Aunque sólo fuera por una hora, deberías poderte tender para relajarte. Vamos, sube. –Coloca sus manos en jarras–. Y no acepto un no por respuesta.

Un amago de sonrisa de los suyos, seguido de él poniéndose en pie, satisfacen a Kaoru. Un agradable cambio. Los últimos días ha tenido un humor de perros, y al parecer ahora está demasiado cansado incluso éso.

Ya arriba, pretende ayudarlo a desvestirse, pero él la rechaza. Lo hace echarse en la cama boca abajo, y a continuación le masajea la espalda. Koga ronronea con suavidad, antes de quedar profundamente dormido. Una buena señal, él vuelve a sentirse tranquilo en su presencia, sus pensamientos ya no se preocupan por ella. Si no fuera porque no le gusta nada que los horrores se alimenten de ella... pero Kaoru no le da opción a escoger. No, cuando los Caballeros Makai ya no bastan para mantenerlos a raya.

Ella se tiende a su lado, cubre ambos cuerpos con el edredón y se dedica a observar su rostro, que sería hermoso si no estuviese tan tenso. Le posa su dedo índice en el entrecejo y lo mantiene allí, hasta que consigue relajarlo. Luego le acaricia la cabeza, muy despacio, como si no quisiese despeinarlo, aunque sólo quiere comunicarle de alguna manera lo mucho que lo necesita, lo mucho que sufre al verlo tan agotado con pocas esperanzas de que las cosas cambien.

Antes de que ella pueda volver a dormirse, el bien entrenado reloj biológico de Koga lo despierta justo cuando debería empezar a su hora la sesión matinal de ejercicios. Ella se pregunta si podrá terminarla, y sobre todo, si tendrá tiempo para desayunar. El puede pasar días enteros sin dormir, pero no perdona mucho las comidas, y en los últimos días se ha visto obligado a prescindir de seis.

Mientras Koga se encamina a la sala de entrenamiento con paso decidido, ella va a la cocina, donde Gonza le enseña a preparar desayunos decentes y nutritivos. El mayordomo está inmóvil y con la antigua cafetera a medio cerrar entre las manos, pendiente de la televisión.

–¿Qué es? –le pregunta ella.

–A un hombre le han arrancado un brazo de un mordisco. –Su voz no disimula su preocupación–. Hacía demasiado tiempo que no teníamos indicios de los horrores Bariri... aparte de las experiencias que usted nos comunica, señora. ¿Por qué se manifiestan ahora?

Kaoru hace un leve suspiro.

–Al contrario de los horrores de siempre, los Bariri no son nada aficionados a la carne humana. Suelen limitarase a pequeñas agresiones: un pinchazo, un corte, hincar un colmillo como mucho, para obtener unas gotas de sangre y copiar al sujeto. Se han dado cuenta que si llaman la atención pueden ser localizados. Imagino que ese horror en particular no ha encontrado otra forma de alimentarse.

Mientras Gonza retorna a la tarea de cerrar la cafetera, el corazón de Kaoru se contrae. Sólo un brazo se ha comido el horror. Cuando la necesidad de supervivencia obligue a los Bariri a cambiar su dieta, el mundo se convertirá en un campo de batalla entre especies. Sólo ella sigue siendo capaz de percibirlos cuando están disfrazados porque nota un tirón magnético, pero hay que encontrar una manera menos personal de identificarlos.