dissabte, 29 d’octubre de 2011

GARO Fanfic - Cuestión de supervivencia, 4 (1)


Cap. 4: Sacrificios (parte 1)


Kaoru había necesitado el ciento veinte por cien de su valentía para tomar su decisión, el doscientos por cien para abrir el portal que le conduciría al otro mundo, y el mil por cien más no parece suficiente para decidirse a reintroducirse entre las ramas espinosas del arbusto que la trasformaron la primera vez.

Acompañada por una comitiva de solícitos horrores, asombrados por la iniciativa que salvaría a su mundo, quiso descender a la cámaras secreta bajo el arbusto, previo a entregarse a su futuro.

Sólo había una cámara, enorme, ocupada casi por completo por el gigantesco cuerpo de Meshia, incorrupto, pero con evidentes signos de desgaste. O, en este caso, de consumición. Cientos o miles de tallos blancuzcos se introducían en él y bombeaban hacia arriba la materia semilicuada que fuera el cuerpo de la Reina, que así continuava nutriendo a sus hijos a través de la vegetación espinosa propia de este mundo.

El inmenso cadáver tenía una parte del cráneo destrozado. Se habían visto obligados a hacerlo para poder incar en el cerebro el tallo único que suministra al arbusto espinoso que está esperando abrazar a Kaoru.

Consciente de que Meshia era el sustento de este mundo, Kiva mandó construir la cámara para albergar a su cuerpo hechizado. La Reina, incluso inconsciente, se autoproveía de la energía que necesitaba, por lo que no requería de mantenimiento alguno. Un ser extraordinario. Sólo después de su muerte, tras ser reintroducida en la cámara, empezó a consumirse, aunque no a corromperse. Sólo después de muerta dejó de concebir y dar a luz a los hijos de Kiva, y muchos quedaron abortados por el suceso. Y sólo su muerte trajo el desequilibrio a su mundo.

Y aquí está Kaoru ahora, lista para tomar el relevo.

¿Tener hijos horrores también entra en el lote? Ella no había contado con ésto. Por fortuna, ya no hay un macho adecuado para realizar tal función. O éso espera.

Sus recuerdos prestados la remontaron mucho más atrás en el tiempo, antes de Kiva, cuando Meshia había tomado parte activa en la procreación. Los padres fueron machos Bariri a los que ella había diseñado para este propósito, e hizo lo que quiso con los embriones y fetos. Ni siquiera los horrores sabían que a menudo fueron alimentados con los restos de sus congéneres que resultaron experimentos fallidos. Kaoru tuvo una arcada. La perversa creatividad de Meshia había sido la causa de tanta variedad de atributos entre los horrores.

Incluso mucho antes, los Bariri fueron el producto de varias razas fracasadas, todas las cuales fueron fruto de los múltiples experimentos que Meshia hizo con los habitantes originarios de este mundo, hasta exterminarlos.

En un rincón había cadáveres humanos. Los horrores le explicaron que habían hecho pruebas con mujeres embarazadas, con la esperanza de que alguna aceptase la sangre de Meshia, pero todas murieron entre las ramas del arbusto espinoso. Kaoru es única.

Ella miró el tallo que se clavaba en el cerebro con el corazón desbocado, combatiendo con todas sus fuerzas su apremio por huir. Se apoyó en la cabeza de su predecesora cuando vio que su ánimo flaqueaba. Ya no había marcha atrás. El portal del templo sólo se abre desde el otro lado, y los horrores no iban a dejarla escapar. Está atrapada. Ella misma entró en la trampa a sabiendas. ¿Por qué ahora es incapaz de recordar las muy buenas razones que la indujeron a dar semejante paso?

Buscó culpables. El anónimo hombre que se la llevó del hospital y le proporcionó paz suficiente para tomar la decisión, aunque en ningún momento él le hubiese sugerido ninguna acción en concreto.

Recordó que, mientras se aterrorizaba con lo que su corazón le decía que debía hacer, con su guardián al otro lado de la puerta, uno de los Seres Luminosos que se llevaron a Meshia para siempre apareció frente a ella.

Primero, el ser le hizo analizar sus sentimientos, y luego la propuesta que emanaba de su interior. Entre llantos, rebeliones e insultos, Kaoru logró deducir que si no aceptaba su propia propuesta, la humanidad sería exterminada y sustituída por horrores. Estos, a pesar de su prolongada esperanza de vida –unos cuatrocientos años– acabarían también extinguiéndose al no poder criar a su prole.

Pero el Ser Luminoso, uno de los que en otro tiempo fuera miembro de la especie que Meshia usó para sus horrendas manipulaciones, guió su mente entre los recovecos de sus recuerdos hasta que la hizo descubrir otras razones, incluso mejores que ésas.

Para bien o para mal, los horrores eran los descendientes de los primitivos habitantes de éste mundo. Meshia les había arrebatado su libre albedrío, y al hacerlo, los condenó. Según El, estos desdichados seres pueden ser liberados y reincorporados a la corriente cósmica con un programa a largo plazo cuidadosamente estudiado, pero primero tienen que sobrevivir. Además, su mezcla con la humanidad complicaría el plan hasta lo indecible, al involucrar a la especie causante del desatino (Meshia fue humana en su origen) y el peso de su inmensa transgresión imposibilitaría a la humanidad para liberarse a sí misma.

Cierto, añadió el Ser Luminoso, la humanidad se ha buscado este destino, pero los horrores no. Además, los humanos están empezando a pensar en algo más que en sí mismos, proceso que para la mayoría sería abortado por la invasión inminente. Una pena.

La comprensión de todo ésto provocó un llanto intenso en Kaoru, que ella sabía que era su despedida del mundo que conocía.

Así, con el recuerdo recuperado, la joven reencuentra la fuerza que le había permitido tomar su decisión, y se endereza.

Los horrores que la acompañan la observan con interés. Siente lo que ellos sienten: si ella se arrepiente, peor. Seres condenados a no sentir jamás ni un ápice de bondad, ni de felicidad, por obra de un ser abominable. Ella se apresta a recoger el testigo, con la repugnancia horadando su cuerpo, y sin embargo, de algún modo sabe que ha nacido para ésto. Y no debe preguntarse por qué es así, ahora no, por si volvieran a fallarle las fuerzas.

Debe apresurarse, antes de que...

Ahora, escoltada por una guardia de horrores, y observada por varios miles de ellos por tierra y aire, contempla al ominoso y pálido arbusto. La agresión de sus espinas es larga y profunda, ella recuerda bien el dolor que sintió la primera vez.

Algo la distrae. Uno de los horrores de su escolta desconfía de ella cuando se convierta en la Reina. Los humanos son inestables y teme que ella pueda tener arranques de bondad. ¿Cómo podrían ellos soportarlo? El sabe que sólo así lograrán sobrevivir, pero teme los cambios que puedan producirse. Un horror lúcido, juzga Kaoru, y un posible enemigo. No. El sabe que serán impotentes para evitar cualquier cosa que a ella se le antoje.

Kaoru advierte más pensamientos que le llegan, los cuales no había captado antes porque estaba demasiado centrada en sí misma. Consideraciones sobre cómo educar a una reina humana; quienes serán los elegidos para convertirse en reproductores; ¿quedarán ellos exiliados cuando nazca una nueva raza, como hizo Kiva? Lo tienen claro, ironiza para sí la joven, será la Reina y hará lo que quiera. No puede aparentar debilidad ante ellos. Pero, como mostrarles gran firmeza evitando la imposición agresiva, es algo que aún no sabe.

Con una profunda inspiración, y aún con algunas lágrimas en los ojos, vuelve a concentrarse en lo que debe hacer, antes de que sus acompañantes se impacienten.

No sabe qué fuerza la hace andar hacia el arbusto espinoso a pesar de su terror, pero paso a paso, avanza hacia su destino.

dissabte, 22 d’octubre de 2011

GARO fanfic - A survival affair, 3 (3)

 
Cap. 3: Deciding the future (Part 3)


Three meals, twenty-four hours.

In her second day of isolation, Kaoru has achieved soothe her mind enough to think really. Exhausted because walking in circles, ascending to and descending from the altar just to watch the light switching on and off; exhausted of pounding on the door to call the attention of her guardian, and mourning because now she can do something, shw does not want, or does not dare to take decisions. Because of it, she achieves to sleep several hours.

When the anonimous guardian returns and puts in front of her a bowl of rice, another of steaming miso and a liter bottle of water, she says to want asking him a question. He sits forward and listens.

“It looks like, now, all the karma of humanity falls over. Have the Makai Knights failed in their task?”

“Achieving it for thousands of years, a failure?”

“But now ...”

“Perhaps our taking responsabilities by our actions might not be delayed else, because our purification is needed, and Heaven awaits. If so, the Makai Knights have finished their work”.

No, Kaoru thinks, they are putting ready war.

“You are worried about your husband”. Her guardian smiles sympathetically, but his voice is firm. “He, you, me, everyone, have committed offenses against the Cosmic Law, some ones more serious than others, but all them must be transmuted”.

“I mean that ... they have not completed their mission. Quite the contrary”.

“I understand they might believe the time has come to offer the ultimate sacrifice for the sake of their protégés. But that will not change anything. Plus, it could even exacerbate it. They may no longer be simple Makai Knights to become butchers, whose mission is to kill as efficiently as possible”.

“But Knights usually do not kill horrors. Only seal them to send them back toward their world!”

“You know it is not always like this. And from now onward it will be imperative to kill, do not you think?”

A protest rises from the you woman’s heart. She puts her feelings in order before going on”.

“But the horrors are ... not innocent, but ...”

“Yes, they are innocent. And you know it. They never could choose to be different than they are”.

Some tears cloud Kaoru’s vision.

“So, we have no the right to defend ourselves?”

And that is not the only thing that haunts her. Actually, the world seems to have come to the end. Even if Kouga had not killed Meshia the very first time, she would have also been the mistress of the world. Horrors were to rule in anyway. There is no an escape.

As his partner has not answered her question, she herself responds.

“If we must die, better fighting”.

The man sighs.

“Yes. But it is a shame that human beings always have found the enemy outside, and not inside themselves. Yes, Kaoru, we will die fighting, but fighting against which is horror within us. This is the real war, and no one else!”

Silence. Some soft sobs are all that it is heard. Until he continues.

“But if, as usual, we got the wrong enemy, fear, hatred, pride and selfishness that will be generated by this tension will grow our lower self. Then, more and more portals between both worlds will open in order to ... supply us ... properly. You know that horrors feel attracted to humans in the same frequency. And, soon, the world will become a living hell”.

More tears, accompanied by a nod. The end of the world is here. No consolation to believe that Heaven comes afterwards.

*   *   *

An overwhelmed with self-reproach Kouga, with Jabi, reaches the Temple of Darkness. She has realized his inner conflict and watches him stomping gait, his eyes fixed on the dark and cubic structure. The more troubled he is, more determined he looks to violate his own ethics. No, it is not a reaction against his altruistic self. He does not know allowing himself to doubt. Fate is hard enough to him, why is he committed to punish himself? Jabi does not know neither how to help him nor how to stop him.

It was not easy getting here. Several horrors appeared along the way, which identified them as Makai people and attacked them. The magic path collapsed halfway and they had to use conventional transport. The bullet train they were traveling was stopped for a couple of hours, because the one preceded had broken down and blocked the railway. They were stopped and distracted several times: a disguised Bariri rushed toward them thinking they were to steal its meal (a normal horror ). Some gardeners shortstopped  the way while carried on a truck some pieces of some diseased trees that were knocked down. An unprecedented collision between two buses which forced them to help the injured people (luckily there were no serious injuries). A shootout among policemen and yakuzas ... It was as if something or someone wanted to prevent them from going on. Nearly four days after the disappearance of Kaoru, they reached their goal.

They come into the cubic mass, swift going to the altar room. Beside the entrance there is a tatami, a gas stove, a bag containing empty plastic bottles of water, a pot, and a few bowls. Strange place to camp, who else could know about this temple?

They open the door suddenly to surprise whoever it is. Nobody. A futon on the floor, and above it, a sealed envelope. Kouga’s name on it. Kaoru’s letter. He sighs a bit relieved. And he opens it.

Jabi watches his face as he read. Eager interest from the beginning, his eyes open more than usual, and finally drops, hes knees buckling, and sitting on his heels, staring and staring at the paper, as unwilling to believe whatever it is written there .

“What?”

He only  feels strength enough to lift his hand lightly and to give the paper to her. After reading it, she just puts her hand on his shoulder in silent solidarity.