dissabte, 15 de gener de 2011

GARO Fanfiction - Cuestión de supervivencia, 2 (2)

 
Cap. 2: Asedio (parte 2)


      ¡Ni hablar! No permitiré que esos matasanos hipotequen tu vida.

Kaoru siente que la tristeza la inunda mientras es testigo del desgarro interno de Koga. Sus palabras, su enfado, no dejarían lugar a dudas si su corazón no se autoreprochase su amor. Ese amor que le ha vuelto humano y, por lo tanto, débil. ¡Otra vez con éso! En cuanto él baja la guardia, ni que sea un poco, los viejos hábitos vuelven con fuerza renovada.

El no dice nada más. Debe combatir al alud de sus emociones a su manera. Y también a su instinto de plantarla e irse a entrenar, éso que puede significar indistintamente “no entiendo nada”, “¡no!”, “éso es una tontería”, “me importa un rábano,” o enfado puro y simple.

Kaoru quiere razonar con él, pero no está segura de que ahora su voz pueda llegar a su corazón, por lo que le llama la atención de una manera que él no puede ignorar.

      ¡Invoco al protector que hay en ti! ¡Tienes que escucharme!

Koga suspira.

      Entiendo tu punto de vista, y lo honro, pero no hagas nada hasta que se haya tomado una decisión en la reunión Makai. Si quieres les expondré tu propuesta, pero no esperes que yo esté de acuerdo. Y en cuanto a las amenazas de los Bariri, no volverás a estar sin protección. Por lo tanto, te despedirás de tu trabajo ahora mismo.

      ¿Qué?

      ¿Vas a discutírmelo? –Koga se está enfadando y levanta la voz–. ¿Cómo esperas ser protegida si te pasas el día expuesta a ellos? Conocen tus movimientos. ¡Te encuentran cuando quieren! ¿Acaso estás ciega?

Kaoru se deja caer en una silla. A la esclavitud de los médicos se añade la que le impone su marido. ¿Cuándo la vida dejó de valer la pena? Incluso contra su voluntad, capta el pesar de Koga por su muestra de abatimiento. Pero él no es un hombre dulce. Lo único que se le ocurre es agachasrse para poder mirarle a los ojos y decirle con emoción no muy bien encubierta:

      No quiero que te ocurra nada malo, ¿tan difícil es de entender?

Ella le toma la cabeza entre sus manos y la acerca hasta que sus frentes se tocan.¿Qué han hecho para merecer un tal destino? Probablemente están siendo afectados por el karma global de la humanidad, no se puede escapar de ésto.

*   *   *

      ¿Qué le habéis hecho? Parece cabreado.

Rei Suzumura deja caer un periódico sobre la mesita del salón. Ha llegado a la mansión con la preocupación exhibiéndose a través de su sarcasmo. Kaoru lo escucha, y no pudo menos que compartir ese sentimiento. A las alarmantes noticias de la televisión sobre misteriosas agresiones y sobre gente comiendo insectos, cuidadosamente monitoreadas por Gonza, ahora se suma ésto. Ella recoge el periódico.

El doctor Shimizu ha desvelado el nombre de Kaoru como origen del virus que mata a las personas agredidas, añadiendo que se niega a colaborar para conseguir el antídoto. Mañana empezarán a aparecer los comentarios de los lectores, quizá hoy mismo en la página web del periódico. Y mañana, una nube de periodistas asediarán su casa. El maldito médico no bromeaba cuando dio que no se rendiría. Les ha declarado la guerra.

Y cuando Koga llega de su cacería más tarde, lo que les cuenta deja claro que están perdiendo el control de la situación. El no ha podido acabar con un horror disfrazado que encontró en un parque porque varias desconcertados transeúntes lo estaban observando cazar un cuervo de un solo manotazo, desplumarlo y comérselo crudo.

      Ya no se enconden –concluye Koga–. De nadie. O están dispuestos a enfrentarse a lo que sea, o están desesperados.

      O ambas cosas –añade Rei–. Actuan en pleno día sin reparo, y realmente parece que cada vez hay más. En unos días todo se irá al carajo. –Fija su mirada en su  colega–. Mañana en la reunión pienso exigir la toma de medidas que incluyan algún tipo de información o formación a un grupo más o menos amplio de gente no Makai. Espero que me apoyes.

      Por supuesto.

*   *   *

Tal como habían previsto, temprano por la mañana, menos de una hora después que Koga partiera hacia la reunión, los periodistas invadieron el jardín, los fotógrafos retrataron la casa desde todos los ángulos e intentaron ver más allá de las cortinas que cubrían las ventanas. Kaoru se refugió en el piso superior para amortiguar, en lo posible, el ruido incesante del timbre de la puerta. Gonza recibió instrucciones de no abrir y de mantener el teléfono descolgado.

Pero ella no puede concentrarse en pintar. Dividida entre sus remordimientos por no hacer algo útil, la prudencia de no revelar información que acabara generando pánico, y la resistencia a que su vida se viera tan alterada, sólo consigue ponerse nerviosa. Contempla a los buitres del jardín que revolotean a sus anchas, dispuestos a saltar sobre ella y a despedazarla a la mínima oportunidad. Y tienen su parte de razón. Kaoru cree que ella podría hacer algo para controlar a los horrores, pero ¿qué? Los conocimientos heredados de Meshia están fragmentados. Incluso aunque lo supiera, tendría que enfrentarse a la oposición de Koga.

No puede evitar verter algunas lágrimas. Por la humanidad, a quien se le ha acabado la complacencia en la que ha vivido hasta ahora. Y por ella misma, que necesita hacer algo y no puede. No sabe. No quiere. No se atreve.

El agotamiento emocional hace que su marido la encuentre dormida cuando llega. El le acaricia el rostro con el pulgar para despertarla.

Sus ojos traen graves noticias. Ella capta trozos de sus pensamientos, los cuales se suceden con rapidez en su mente. Algunos pueblos bajo en dominio absoluto de los horrores. Mujeres secuestradas. Obuses. Combates entre grupos de horrores y grupos de humanos. Metralla de metal del alma. Crisis a nivel mundial. Informar a las autoridades. Formación elemental makai a policías y soldados. Diseño de nuevas armas...

Fragmentos. Señales en sí mismos de la alteración de Koga. Y un fragmento que predomina sobre los demás: echarla a ella a las fauces insaciables de los médicos. Y, de alguna forma, el júbilo prende en el corazón de Kaoru.

En realidad, según reconoce él luego, lo único que se le pide es que dé una única muestra de sangre para la investigación. Kaoru se siente aliviada, retendrá su vida después de todo.

¿Seguro? ¿Qué pasará cuando ellos descubran las rarezas que sin duda esconde su sangre? ¿La dejarán en paz algún día? ¿Tomarán cartas en el asunto más altas instancias por razones de salud pública?

Koga capta su zozobra y la abraza. Son sus mismos temores. Todo va a cambiar, y cuanto antes lo acepten, mejor.