dissabte, 16 d’abril de 2011

GARO Fanfic - Cuestión de supervivencia, 3 (1)

 

Cap. 3: Decidiendo el futuro (parte 1)


Cuado Kaoru despierta, todo está oscuro. Recuerda que el doctor Shimizu la hizo salir de la cama y... nada más. Pero quizá no era él. Oh, no... ¿la habrán secuestrado por fin los horrores? Fue una mala idea salir de casa, a fin de cuentas. No, no, por favor...

–Me alegra que ya haya recuperado la consciencia.

A pesar de lo apacible de esta voz masculina, su resonancia en el silencioso y oscuro lugar acelera su corazón. Quizá es un horror. Con timbre tembloroso, dice:

–¿Quién es usted?

Un pequeño fuego prende en algun lugar cercano. Quienquiera que lo tenga en su mano se acerca pausadamente hasta situarse frente a ella, y se agacha para situarse más a su nivel. Ilumina un rostro tranquilo con un amago de sonrisa.

–Mi nombre no es importante, pero lo que tiene que hacer usted sí lo es. Y mucho.

Por alguna razón que no entiende, se siente segura en su presencia.

–Entonces, no es un horror.

–Por supuesto que no. Pensaba que usted distinguía perfectamente a los horrores.

–¿Qué es usted?

–Soy un servidor de la humanidad.

–¿Un Caballero Makai?

–En absoluto. – El individuo se sienta en el suelo frente a ella y deja entre ellos el recipiente con el fuego, un extraño fuego azul–. Los Caballeros Makai tienen la misión de retardar la irrupción del grueso del karma sobre los humanos, con la esperanza que éstos aprendan a sublimarlo mediante su transformación individual. La misión de las personas como yo es hacer que esta oportunidad conseguida por los Caballeros se aproveche tanto como sea posible.

–Son ustedes maestros espirituales?

–¡Oh, no! Apenas sus discípulos. Los Maestros se liberaron de su cuerpo humano. Somos nosotros, los reencarnados, los responsables de liberarnos a nosotros mismos... aunque los Maestros nos instruyen en cómo hacerlo, y nos ayudan.

Kaoru tiene la sensación de estarse introduciendo en un terreno desconocido, y no está segura de querer continuar adelante.

–¿Qué tengo que ver yo con ustedes?

Una amplia sonrisa hace desaparecer algunas sombras en el rostro ténuemente iluminado por el fuego.

–¡Oh, vamos! Engañarse a sí misma no le hará ningún bien, ni a usted ni a nadie.

Mientras él habla Kaoru se da cuenta de que, en efecto, se está autoengañando. A fin de cuentas ella está deseando hacer algo para evitar el desastre que se les viene encima a todos.

–¿Qué puedo hacer yo?

–No lo sé. Pero usted, sí.

–¡Ha! –Su sarcasmo no parece impresionar a su enigmático interlocutor–. Si yo lo supiera no estaría tan... tan preocupada.

–Cada uno de nosotros lleva impreso en su corazón aquello que debemos hacer para cumplir nuestra misión sagrada. Si nos apartamos, sufrimos, y nuestro entorno refleja nuestro estado interno, pues éso es el mundo: un gran espejo. Y cuando lo de dentro y lo de fuera parecen haberse desquiciado, hay que apartarse para poder verlo con claridad y tomar la mejor decisión.

–¿Estoy desquiciada?

–Por lo menos, se siente demasiado presionada para poder decidir algo, ¿me equivoco?

No se equivoca, reconoce Kaoru para sí. Los periodistas en la puerta de casa, deseosos de obtener algo que excite las emociones de su audiencia y lectores. El médico y esa frialdad suya, sólo interesado en meterse en un laboratorio, seguramente para luego poder publicar sus descubrimientos y crearse un nombre entre la comunidad científica. Los horrores, decididos a volver a “entronizarla”. Koga, desgarrado entre su propia misión de servicio y protegerla a ella. El mundo, siendo invadido por los horrores. Y su propia conciencia, gritándole que haga algo.

El anónimo hombre frente a ella la observa con benevolencia.

–Usted está aquí para olvidarse temporalmente de todas las presiones y dedicarse a considerar de qué forma puede ofrecer un mejor servicio.

Una conmoción acelera nuevamente el corazón de Kaoru. Durante un microsegundo ha vislumbrado lo que sabía que podía y debía hacer, pero se ha ido igual de rápido sin dejar otro rastro que sus mejillas ardientes. Y un buen susto.

El hombre tiene razón: la respuesta la tiene ella. Aunque no está segura de querer volver a verla.

–¿Por qué se ha fijado usted en mi? –dice ella, tratando de distraer su mente de sus peligrosos pensamientos–. Sin duda habrá personas que puedan hacer más que yo.

–Hay muy pocas con sus experiencias.

Este hombre sabe más de lo que ella querría. Él asiente.

–Y ninguna con sus peculiarísimas características y conocimientos.

¡Lo sabe absolutamente todo! Kaoru queda cabizbaja.

–Su punto de vista es único, Kaoru –añade él–, por éso es necesario darle la oportunidad de emerger y manifestarse. –Él se levanta–. Voy a dejarla sola. Quédese el fuego. Yo estaré al otro lado de la puerta y le traeré comida y agua dos veces al día. Ah, –se aleja hacia la puerta que se perfila en la oscuridad, recoge algo del suelo y se acerca– tome ésto.

Es un futón, sencillo y limpio. Ella mira al hombre.

–¿Es que voy a permanecer aquí una noche?

–Una noche, días, no puedo saberlo. Pero, se quede lo que se quede, yo estaré ahí fuera y velaré por usted.

Tras decir lo cual se va y cierra la puerta, dándole a ella una sensación de que la han encerrado para siempre.