dimecres, 29 de setembre de 2010

GARO Fanfic – La llamada de la sangre, 6 y final.

Capítulo  6  : Permanencias (final)


Kaoru se despierta en la cama. Abre la luz de la mesilla y ve que el otro lado de la cama está vacío. La ventana muestra que es de noche. Koga debe haber salido de cacería.

Observa la habitación. ¿Cómo ha llegado hasta aquí? Pero si estaba en...

Lo recuerda todo. El martirio a la que la sometieron los seres luminosos. Cuando vino a por Koga. Su fusión con Meshia. Su huída de casa. Su embarazo...

Sus manos vuelan a su vientre vacío. ¡Su hijo había sido pervertido y muerto! Se da la vuelta en la cama hasta que su cara se hunde en la almohada, y derrama lágrimas. Por el hijo al que no ha llorado. Porque la habían convertido en malvada y lo había aceptado. Porque había dejado matar su amor por Koga. Por lo pequeña que se siente ahora que Meshia no está con ella.

*   *   *

– Cierto que no vi a tu padre haciéndolo –comenta Zaruba a su dueño– pero dudo que lanzar energía con el filo de la espada implique deshojar a los árboles. Así sólo consigues que rebote en cuantos obstáculos encuentre y te venga devuelta.

Koga siente tentaciones de darle un exabrupto, pero se calla y se dispone a probarlo de nuevo. Vuelve a concentrar una bola invisible junto a la punta de su espada.

– ¡Hola! –saluda una voz animada. Kaoru ha vuelto, y él le corresponde con un amago de sonrisa.

Gonza sale con el te y llega a la mesa del jardín casi al mismo tiempo que ella. Koga da por finalizado su entrenamiento y acude junto a ellos: le interesa más escuchar las novedades que trae su esposa que las protestas de un anillo parlante.

– ¿Cómo ha ido el día? –dice él al sentarse.

Kaoru lo mira con esa sonrisa enigmática que usa desde que ella se desprendió de su “carga extra”, y que él está empezando a interpretar como “sé algo que tú no sabes”. No puede reprochárselo. Ésta es una pregunta que nunca le habría hecho si no hubiese pasado lo que pasó.

– Pues no, hoy no ha pasado nada raro. Lo siento.

Pero no lo siente. Ella detesta preocuparle, él lo sabe bien. Mucho le costó que le dijera qué le sucedía cuando la vio tan afectada al volver el primer día en que fue a trabajar, cinco días antes.

Dijo que a lo largo del día se había cruzado con tres horrores –¿qué?, ¿tres?, se alarmó él– uno de ellos un Bariri –¿cómo puede saber éso?, volvió a interrogarse Koga.– Los tres se le acercaron.

– ¿Qué sucedió? –la apremió él, al ver que dudaba.

Tuvo que abrazarla antes que ella se decidiera a hablar. Ella necesitaba todo su apoyo en ese momento. Le contó que a sus dedos de las manos le crecieron largas prolongaciones óseas, parecidas a espinas, en cuanto cada uno de los horrores “normales” disfrazados se le pararon enfrente, y que ella clavó esos apéndices en sus cuerpos. Ambos se quedaron muy quietos. Sólo cuando su mente se tranquilizó lo suficiente para desear terminar con aquello, los apéndices fueron reabsorbidos por su cuerpo, y los horrores se marcharon pacíficamente. Con el Bariri fue distinto. A éste le creció un bulto a la altura del estómago que atraía hacia sí algo de ella misma. Y en esta ocasión también pudo decidir cuándo terminar. En los tres casos, al acabar sintió cansancio.

Terminado el relato Koga volvió a abrazarla, más fuerte, como si quisiera impedir que Meshia se la arrebatara de nuevo.

Por lo que Kaoru le ha ido contando, por los recuerdos de Meshia que conserva y que comparte con él, y por lo que la propia Meshia le dijo, Koga ha empezado a formar su visión de la situación en la que se encuentran.

Meshia había sido, literalmente, diosa de un mundo y madre de todos sus habitantes. Su desaparición dejaba a ese mundo en una situación crítica. Los tres horrores con los que Kaoru tomó contacto ese día fueron alimentados instintivamente por ella. Que fueran tres y no uno, y las cada vez más frecuentes llamadas de los santuarios a los Caballeros Makai, indican con claridad que los horrores empiezan a invadir el mundo humano, y ésto mismo creará más portales. Aunque Kaoru diga que aún queda de Meshia lo suficiente para mantener a su mundo durante varios años, los habitantes del mundo paralelo saben que tienen que hacer cambios para poder subsistir. La purificación de la humanidad por todas sus maldades se acerca a pasos agigantados, y no será leve.

Al oir su profundo suspiro, la voz de Kaoru lo trae al presente.

– Quizá deba estudiar la forma de alimentarlos sin que me canse, y así...

– ¡De ninguna manera! –El es taxativo, y está algo confuso por la creciente facilidad de ella para adivinar sus pensamientos cuando están cerca el uno del otro.

– Pero, Koga –intenta ella hacerlo razonar– los horrores a los que he alimentado hasta ahora se han pasado todo un día sin comerse a ningún humano.

– Ésto no lo sabes.

– ¡Sí, lo sé! Aunque no quieras creerlo. Aunque... no “queramos” creerlo.

Él deja su taza de te en la mesa.

– Meshia te ha dejado mucho en herencia.

– ¿Tanto te preocupa?

– No quedó mucho de ti cuando compartíais cuerpo.

– Éso no es exacto. Imagínate a ti mismo considerando los pros y contras de una decisión que tienes que tomar. Era lo mismo. Por ejemplo, una parte de mí sabía que quería volver contigo, pero la otra parte juzgaba si era aceptable, el cómo, el cuándo y el por qué. ¿Qué argumentos podía esgrimir yo frente a alguien tan antiguo y con tantos conocimientos? Me superaba en todo, y se aprovechó de mis sentimientos, recuerdos y pensamientos para trazar sus planes. Yo no podía hacer otra cosa que entender por qué ella hacía lo que hacía.

– Y sin embargo –dice Koga– juraría que hubo unas pocas ocasiones en las que té ví o te sentí.

– Creo que Meshia bajó la guardia alguna que otra vez. Ahora que lo dices... –Se detiene, pensativa, por unos momentos– ... Sí, éso es, ya no me acordaba. –Otra de sus sonrisas enigmáticas. Tendrá que acostumbrarse a ellas.– ¿Sabes qué fue lo que la venció realmente?

– La intervención de los seres luminosos.

– Sí, pero no advertiste que allí hubo una auténtica batalla espiritual, ¿verdad?

– En efecto, una fuerza divina contra otra demoníaca.

– No exactamente. Una fuerza divina “con” otra fuerza divina.

El desconcierto en la cara de él es patente. Ella se explica.

– La naturaleza de los seres luminosos los hizo invulnerables para ella, y se dio cuenta de lo que ella habría podido ser y que no era porque dejó escapar su oportunidad. Su propio Yo divino, aislado y olvidado durante eones se despertó, sólo por un momento, pero suficiente para que Meshia sintiera la necesidad de... ¿cómo lo formuló?... “volver a casa”.

Koga piensa sobre ello. Es algo demasiado esotérico para que su corazón lo comprenda, pero su mente sí puede hacerlo. ¿Pero así, sin más?

– Así que ha “vuelto a casa”.

Kaoru niega con la cabeza.

– Apenas ha emprendido el camino. Le queda mucho que purificar.

Lo cual tranquiliza al esforzado luchador que es Koga, y pone las cosas en su sitio.

– Lo que quería decirte –prosigue ella– es que cuando le quedó claro que tú la abandonabas a los seres luminosos, Meshia comenzó a retraerse y a dejar de reprimir mi naturaleza y yo pude aprovecharme, por una vez, de sus propios conocimientos. Ponte en pie .

La mira sorprendido, pero lo hace. Ella le aparta más de la mesa y le pide que se ponga su armadura.

– ¿Por qué?

— Confía en mí.

Koga tiene que recordar que ésta es Kaoru y que puede confiar en ella. Un ejercicio mental que ha tenido que hacer varias veces los últimos días. Un breve asentimiento, coge su espada y abre la puerta interdimensional. La dorada armadura lobuna casi deslumbra bajo los últimos rayos de sol que la impactan de frente. Kaoru viene directa a ella, no pretenderá...

– ¡No la toq...!

Demasiado tarde. La muchacha pone su mano directamente sobre el sello de su cintura, pero no parece quemarle. Lo hace girar ciento ochenta grados, ante la sorpresa de Koga. Él experimenta una sacudida. Kaoru sonríe.

Ella le señala a su sombra, alargada en el suelo por el ocaso. Alas. A la armadura le han crecido dos grandes alas. El recuerda un cuadro que sólo llegó a ser realmente pintado en el mundo mágico, pero que le otorgó cierta igualdad con Meshia para lograr derrotarla. Koga está tan impresionado que permanece quieto y mudo.

– Al principio –explica ella– tendrás que activarlas o desactivarlas girando el sello, pero con el tiempo obedecerán a tu voluntad.

El prueba de retraerlas como ella ha dicho, y lo consigue. Luego se libera del metal. La cara que se revela debajo refleja su nuevo y profundo respeto por la herencia que ha recibido su amada pues, en manos de Kaoru, podría hacer mucho bien.

– No fue Meshia sinó tú, la que manipulaste la armadura antes de que os separaran. –No es una pregunta, sinó la constatación de un hecho.– Entonces, es cierto que ella las inventó para los Caballeros Makai.

– Ella creó la primera, la de Kiva, para provar su valía como aliado. En aquella época los Caballeros Makai no existían, pero los conocimientos de Kiva sobre los horrores, sobre Meshia, sobre los mundos paralelos, así como las anotaciones que dejó sobre su armadura, permanecieron aquí y ayudaron a crear y definir a los que posteriormete serían los Caballeros Makai. Además, tuvo un discípulo que no quiso seguirlo por el camino oscuro y que contribuyó mucho a ello.

– ¿Podrías volver a alterar esta armadura o cualquier otra?

Kaoru suspira.

– Se necesita una gran concentración de energía dirigida para hacerlo posible, y además no estoy segura de recordarlo todo.

– En ese momento Meshia no estaba en situación de hacer semejante despilfarro.– Y recordó el continuo drenaje a la que la sometieron los seres luminosos.

– ¡No sabes cuánta energía se necesita para mantener y controlar a todo un mundo y a tu propio destino como ella quería hacerlo! Al reconocer que lo había perdido y abandonarse, yo dejé de ser influenciada por sus puntos de vista, me encontré con todo ese excedente energético y pude hacerte un regalo. Aunque, no sabía si tendría oportunidad de enseñártelo.

Es el turno de Koga de sonreir enigmático. Su armadura desciende otra vez, ahora con el simple concurso de su mente. Extiende sus nuevas alas girando el sello. Rodea con sus brazos la cintura de Kaoru y las alas empiezan a batir. Cuando ella siente que sus pies ya no tocan el suelo, protesta.

– ¡Oye! No has practicado el aterrizaje. ¡Espera! Nos pueden ver... Los aviones... ¡El radar del aeropuerto!...

Deja de quejarse mientras el suelo queda atrás, y Gonza, que viene corriendo con un sobre rojo en una pequeña bandeja contempla, sonriendo, como la figura de la pareja sigue elevándose en el cielo del crepúsculo.

FÍN

dissabte, 25 de setembre de 2010

GARO RED REQUIEM - Full trailer



Film to be released in October, 30th.

diumenge, 12 de setembre de 2010

GARO Fanfic – Blood call, 5

  
Cap. 5: Check to the Queen


The revelations of the bright being do that the four humans’ faces darken. The main charged one looks at them with obvious contempt, as if listening and witnessing nonsenses believed by others. She does not have time to make any ironical comment, as the bright being speaks to his or her audience again.

“Do you think it is time to begin to decrease the weight that oppresses your species?”

“No doubt”, Jabi answers immediately.

Meshia’s shout echoes in the room.

“Slaves remain silent!”

Suddenly, the horrors attack the knights and Jabi, who are in absolute minority. Meshia takes advantage of the confusion to try to open the gateway of the Temple again. But she can not move. And, little by little, the horrors are falling to an unexplainable drowsiness. Then, Meshia and the four somewhat battered humans realize that there are six bright beings else over them.

But, Meshia does not surrender. She is able to open the gateway only with her mind. Then she does realize that her muscles are not the only immobilized: her whole body is completely isolated from the environment. An invisible net, but a real one, surrounds her and pins her where she remains.

A new attempt. Her body starts to grow with the power of her superior biology. She gets to absorb the net. However, the seven luminous beings begin to throw a number of strands of purple light that drain her energy, slowly. A burst of red light fills the room due to the sudden glow by Meshia’s body, but decreases in intensity until it disappears. Shortly after, she returns to the human size and falls to the floor, overcome by exhaustion.

“Kaoru!”

Kouga, who had listened with great interest the exposure by the floating being, and hopes to escape from the dreadful fate that would be imposed by Meshia, is very surprised to be able to get the growing fear from the one who wants him so badly. He gets up on the platform of the altar, next to her, and tries to help her up, but the bright fibers continue working.

“Stop it”, he tells to his unexpected saviors.

“Stay away from her, don’t be crazy!” Tsubasa shouts, rising also until the couple is.

But Kouga does not listen. He only has eyes for the smile she does to him. Kaoru’s drained smile. He has no illusions: he knows that both of them remain as a single being, but she also knows he is the only one whom she can expect some help now.

“The gateway is open”, she whispers, “help me to cross over”.

“How?”

“Cut the strands with your sword”.

“My sword was forged to deal with some very different energies. It won’t work”.

“I know”. She takes his face betweem her hands and kisses him briefly. “But now I've seen that, despite everything, you still love me and would do everything for me”.

“You don’tt understand anything about love”. His voice is as sad as decisive.

“Thanks to Kaoru I’m remembering. I knew a lot of love. It was ubiquitous when I was serving in this temple”.

“So, how could you forget it?”

“I didn’t even notice”.

“You gave your back to it consciously, Emersie”, one of the luminous beings interrupts. “When you tried to convince your daughter to contiue your work of destruction in our world, and she refused. Her soul remained untouched, and you wanted to understand it as a betrayal to your person. Then you got aware of the ego by the first time, which won over you. Since then you're just an ego, do not fool yourself”.

“Stop talking about the past”, she concludes it, ignoring her ethereal accuser and looking at Kouga. “You can not let them kill me, you know”.

He feels a hand resting on his shoulder firmly.

“Don’t listen to her anymore”, Tsubasa says. “ She only cares about her own skin, and won’t hesitate to sacrify you. She isn’t Kaoru.”

Kouga glances to him. He knows it's useless to say to him she is.

“I know she’d sacrifice me”, he replies, “but not as the way you think”.

He gets up and speaks to the seven floating beings.

“What will you do with her?”

“The blood of both of them has been locked in a way that it will not be possible to separate them until they die”, one of them replies. “Until then, we will proceed with another type of surgery. We will wrest Emersie’s soul from Kaoru’s body and will separate as much of her mind as possible. We will disable as much of Meshia’s genetic contributions as Kaoru’s body could operate as an integral being. Then, to avoid the undesirable effects of which remained within her etereal bodies shall be submitted to the Transmuting Fire”.

The silence that follows is soon interrupted by Jabi.

“Can you do all that?”

“With your help, we can. Emersie knows it is possible”.

“What are going to be the consequences for Kaoru?” Kouga says.

“The risk is great. Another reason why we need your help is that, as you all are of the same species and similar vibration than her, you will adapt our energy flow to one tolerable by her. Still, the process is complicated and some things may fail. Even, if all goes well, some consequences from the fussion will remain”.

Definitely, Kouga finally admits, Kaoru has disappeared. In the best case she will be changed. Should we go ahead with the plan? Would not it be better to release both of them? He looks at the woman lying half with deep compassion and, again, lows at her side.

She grabs the lapel of his coat to try to be more right.

“I want to live!” Her request is barely a whisper. “The gateway is open: you just have to raise your arm in the air while my mind helps, and we’ll be safe on the other side!” The tightening in his eyes makes her to change tactics. “You don’t know what I can do for you: the armor of the Makai Knights are my invention. I’ll give you a power like you never had!”

“I don’t hear Kaoru anymore” the knight says coldly, “your anxiety has banished her, and this will continue if I do what you say”.

“That's not true! We both just want what rightfully belongs to us: life. I offer all I have in order to survive, it’s so surprising? I never had to negotiate with anyone, but now I have to do it and I do it. What I'm offering is leaving me intact, and makes no sense to think that afterwards I’ll break my word. You don’t want we to live together? Oh, come on, what do you think it meant when I went looking for you at home? Meshia doesn’t need you, but Kaoru does!"

He attempts not forgetting that she wants just to increase his doubts to escape her fate. He remember that Kaoru once asked him to kill her because she would not cause troubles to him. Kaoru has fled. She has very little chance to develop as a human beings with Meshia there. The less of her, the more chances to Kaoru. He turns towards the luminous beings, getting on feet.

“What are we going to do?”

“No!”

The cry by the unhappy one can be heard clearly. She grabs his leg in desperation. Kouga looks at her back, unable to hide his uneasiness. Those beautiful and pleading eyes, the risk her to die, to know that whatever happed he will lose her. Although he feels his heart breaking, he understands that he only can hope saving her soul.

“We need your power of Makai Knights” one of the bright outsiders replies. “Call on your armor and the Madou Fire. Move to the platform surounding her. Jabi, you should be able to make those three fires to become a triangle, and maintain it. If everything gets well, the triangle will become a prism and will lock Emersie whithin. Jabi, seeks to maintain the integrity of that cage: note that there will be some variations about the intensity, quality and type of energy, as required. Knights, this will require from you to be able to withstand these energies, and someone may feel to be failed. You must keep you unharmed”.

“Sir”, Rei adds, “I guess you know that our armor has a limited time of use”.

“In normal circumstances, it has. The energies that we are going to use are divine, and they counteract the demonic nature of the armors”.

“Then” Jabi asks, “would it not be better to avoid them?”

“Your human bodies would succumb to their intensity. That is why you, Jabi, can not stand with them and have another mission”.

Rei and Jabi join Kouga and Tsubasa on the altar. Kouga, who as the luminous being talked had noticed that Meshia grabbed his leg more and more weakly, parts from her. All three knights are at their place. Jabi is the outside of the triangle to be. The men invoke their armor, which fit.

From the froor, the woman in the center raises her arms to Kouga, as if was calling him at her side. Almost immediately he feels as though something heavy beats hard and almost knocks him down, and his armor begins to vibrate. By the time Rei can immobilize her arm, the vibration is almost finished.

She smiles. Kaoru’s smile.

“What hav’you done to me?” the alarmed and angry Kouga asks.

“A gift,” she says, enigmatically.

“Nothing affecting your immediate task” the floating beings involve. “Do not worry”.

This is not an explanation convincing to any of the human being there. The lightning outsiders accept to explain them.

“Kouga, Meshia destroyed a world and must bear the consequences. Similarly, Kaoru and you have chosen you to each other: she with all her circumstances and nature, and you with all yours. Doing so,  both of you have created your own destiny”.

“ Do you mean” Kouga asks, “that is Kaoru’s fate of having become Meshia?”

“Believing in fate is reassuring because you are acquitted of anything”  the incorporeal being answers, “but the more you let in the hands of any external factor, you will have less power to influence anything, not even in your own life. You know that, Kouga, you always used your power to overcome the most extreme circumstances. Why believing that Kaoru has used her own power is so hard for you?”

“I do not think she was aware of that”.

“Your world is like it is because you humans use your power without knowing it”.

Jabi gets close to Kouga and tells him about the ear:

“I'm afraid it was a ploy to make you doubt by Meshia. I see nothing rare in your armor”.

“So, she sent only kinetic energy”.

She sighs.

“Really, I don’t know what she has sent. Her knowledge is unknown to me. Everything in her is strange”.

Kouga agrees that nothing can be done. So he decides to believe that Kaoru has interfered and there will not be bad consequences.

“We wear the armor and time runs”, he decides at last, and aloud: “Let’s begin”.

“Knights”, one of the floating beings says “ignite the fire. Jabi, you can begin to combine them as they have done”.

As soon as the three fire are mixed, each of the seven beings send down a green ray into the newly formed triangle of light, increasing its intensity and its tinging it. Meanwhile, three softer beams –blue, yellow and pink– part from one of the beings to Jabi.

A scream of pure terror tells Kouga that Kaoru is fully aware of what is going to happen, and he doubts. Jabi and realizes and warns him.

Shortly after the cage was closed and light flooded inside, a increased green beam coincides with a piercing scream by torture. Kouga loses some of its determination.

“Kouga!” Jabi shouts frightening. “Please!”

He does not realize it, but she does: another triple beam blue, yellow and pink, descended to him and slowly regains his strength, and screams no longer affect his work.

The light blue replaces green in this treatment. Meshia stops screaming. Then, pink light remains and, finally, a violet one. None of them know when the victim fell into unconsciousness.

*   *   *

The room is dark. The light beings have disappeared. Also the asleep horrors that filled the room. And the gate of the temple is closed.

Jabi is sitting on her knees, hands flat on the floor, panting.

The three men, already without their armor, are also looking for strong support of the floor in different forms. Rei grabs his stomach as if to vomit. Tsubasa seems to be crushing his head with his own hands. Kouga tries to contain the terrible stinging feeling within his heart.

In their midst, the lone figure of Kaoru remains, unconscious, and finally, her face calmed.

Nobody knows how much time has passed, but they do not care. One by one, the four ones are falling victim to a restful sleep.

dijous, 2 de setembre de 2010

GARO Fanfic – La llamada de la sangre, 5.

    
Cap.  5 : Jaque a la Reina


Las revelaciones del ente luminoso hizo que los cuatro humanos ensombrecieran sus rostros. La principal imputada los mira con evidente desprecio, como si estuviera oyendo tonterías y siendo testigo de que los otros las creen. No le da tiempo a hacer ningún comentario irónico, como pretende, pues el ser luminoso vuelve a dirigirse a su audiencia.

– ¿Os parece llegado el momento de empezar a aligerar el peso que oprime a vuestra especie?

– Sin duda –responde Jabi en seguida.

El grito de Meshia retumba en la sala.

– ¡Los esclavos se callan!

De repente, los horrores atacan a los caballeros y a Jabi, en absoluta minoría. Meshia aprovecha la confusión para volver a intentar abrir el portal del templo. Pero no puede moverse. Y, poco a poco, los horrores van cayendo víctimas de una inexplicable somnolencia. Meshia y los cuatro algo maltrechos humanos se dan cuenta entonces que hay seis seres luminosos más sobre ellos.

Pero Meshia no se rinde. Logra abrir el portal con el único concurso de su mente. Sólo entonces se da cuenta que sus músculos no son los únicos inmobilizados: su cuerpo está completamente aislado del entorno. Una red invisible, pero real, la rodea y la fija donde está.

Nuevo intento. Su cuerpo empieza a crecer con la fuerza de su super biología. Consigue absorber la red. Sin embargo, los siete seres luminosos empiezan a lanzarle una serie de filamentos de luz violácea que drenan su energía, despacio. Un estallido de luz rojiza llena la sala por efecto de la incandescencia del cuerpo de Meshia, pero disminuye de intensidad hasta que desaparece. Poco después ella vuelve a su tamaño humano y cae al suelo, vencida por el agotamiento.

– ¡Kaoru!

Koga, que había escuchado con gran interés la exposición del ser flotante, y ya con esperanzas de escapar al espantoso destino que Meshia iba a imponerle, se sorprende mucho al ser capaz de captar el miedo creciente de aquella que le quiere tanto mal. Sube a la plataforma junto a ella e intenta ayudarla a levantarse, pero los filamentos luminosos continuan haciendo su trabajo.

– Dejadla ya –les dice a sus inesperados salvadores.

– ¡Apártate de ella, no seas loco! –grita Tsubasa, subiendo también a donde está la pareja.

Pero Koga no escucha. Sólo tiene ojos para la sonrisa que ella le hace. La sonrisa agotada de Kaoru. No se engaña: sabe que ellas dos siguen siendo un solo ser, pero también ella sabe que él es el único de quien puede esperar algo de apoyo ahora.

– El portal está abierto –le murmura ella– ayúdame a cruzar al otro lado.

– ¿Cómo?

– Corta los filamentos con tu espada.

– Mi espada se forjó para lidiar con energías muy distintas. No funcionará.

– Lo sé. –Ella toma el rostro de él entre sus manos y lo besa brevemente.– Pero ahora he visto que, a pesar de todo, me sigues amando y lo harías todo por mí.

– Tú no entiendes de amor –Su voz es tan triste como determinante.

– Gracias a Kaoru estoy recordándolo. Yo sabía mucho de amor. Era algo omnipresente cuando yo servía en éste templo.

– Entonces, ¿cómo pudiste olvidarlo?

– No me di ni cuenta.

– Le diste la espalda conscientemente, Emersie –interrumpe uno de los seres luminosos–. Cuando trataste de convencer a tu hija para que prosiguiera tu obra destructora en nuestro mundo, y ella se negó. Su alma permanecía incontaminada, y tu quisiste interpretar éso como una traición a tu persona: ahí fuiste consciente por primera vez del ego, que te venció. Desde entonces sólo eres ego, no te engañes a ti misma.

– Basta de hablar del pasado –concluye ella, ignorando a su etéreo acusador y dirigiéndose a Koga–. Escúchame, no puedes permitir que me maten, lo sabes.

Él nota una mano que se posa sobre su hombro con firmeza.

– No la escuches más –dice Tsubasa–. Sólo le importa su propio pellejo, y no dudará en sacrificarte a ti. No es Kaoru.

Koga le mira. Sabe que es inútil decirle que sí lo es.

– Sé que me sacrificaría –le replica– pero no de la forma que crees.

Se levanta y se dirige a los siete seres flotantes.

– ¿Qué vais a hacer con ella?

– La sangre de ambas se ha trabado de tal manera que no será posible separarlas hasta que mueran –responde uno–. Hasta entonces, procederemos con otro tipo de cirugía. Arrancaremos el alma de Emersie del cuerpo de Kaoru y separaremos tanto de su mente como sea posible. Desactivaremos tanta de su aportación genética como el funcionamiento de Kaoru como ser integral lo permita. Luego, para evitar los efectos indeseables de lo que permanezca en sus cuerpos sutiles, deberá ser sometida al Fuego Transmutador durante un cierto tiempo.

El silencio que sigue es pronto interrumpido por Jabi.

– ¿Podéis hacer todo éso?

– Con vuestra ayuda, si. Emersie sabe que es posible.

– ¿Cuáles serán las consecuencias para Kaoru? –interviene Koga.

– El riesgo es grande. Otra de las razones por las cuales necesitamos vuestra ayuda es que, siendo vosotros de su misma especie y parecida vibración, adaptaréis nuestro flujo energético a uno tolerable para ella. Aún así, el proceso es complicado y algunas cosas pueden fallar. Incluso si todo marcha bien, quedarán secuelas de la fusión.

Definitivamente, admite Koga por fin, la Kaoru que él conoce ha desaparecido. En el mejor de los casos estará cambiada. ¿Hay que seguir adelante con el plan? ¿No sería mejor liberarlas a ambas? Mira a la medio tendida mujer con profunda compasión y vuelve a agacharse a su lado.

Ella le agarra la solapa de la gabardina para intentar ponerse más derecha.

– ¡Quiero vivir! –Su petición es a penas un susurro–. El portal está abierto: sólo has de levantar tu brazo en el aire mientras mi mente te ayuda, ¡y estaremos a salvo al otro lado! –El endurecimiento en los ojos de él la hace cambiar de táctica–. Tú no sabes lo que puedo hacer por ti: las armaduras de los Caballeros Makai son una invención mía. ¡Te dotaré de un poder como nunca has tenido!

– Ya no oigo a Kaoru –dictamina con frialdad el caballero– tu ansiedad la ha desterrado, y así continuará si hago lo que dices.

– ¡Éso no es cierto! Lo único que queremos las dos es lo que nos pertenece por derecho: la vida. Te ofrezco todo lo que tengo a cambio de poder sobrevivir, ¿es tan sorprendente? Yo nunca antes tuve que negociar con nadie, pero ahora hay que hacerlo y lo hago. Lo que te estoy ofreciendo deja intacto a mi ser, y no tiene sentido que pienses que luego romperé mi palabra. ¿No quieres que vivamos juntos?  Oh, vamos, ¿qué crées que pretendía cuando fui a buscarte a tu casa? Meshia no te necesita, pero Kaoru sí.

El trata de no olvidar que ella sólo quiere acrecentar sus dudas para escapar de su destino. Recuerda que Kaoru, en una ocasión, le rogó que la matara porque no quería causarle más problemas. Kaoru ha huído. Tiene muy pocas posibilidades de desarrollarse como ser humano con Meshia ahí. Cuanto menos de ella haya, más oportunidades tendrá Kaoru. Se dirige a los seres luminosos poniéndose nuevamente en pie.

– ¿Qué tenemos que hacer?

– ¡No!

El grito de la desdichada se oye ahora con claridad. Se agarra a la pierna de él con desesperación. Koga la mira, sin acertar a disimular su desasosiego. Esos ojos bellos y suplicantes, el riesgo de que muera; saber que, suceda lo que suceda, la perderá. A pesar de que siente a su corazón rompiéndose, comprende que ya sólo puede aspirar a guardar su alma.

– Necesitamos vuestro poder de Caballeros Makai –responde uno de los luminosos forasteros–. Invocad a vuestra armadura y al Fuego Guía. Colocáos en la plataforma alrededor de ella. Jabi, tú deberías ser capaz de formar con el fuego de los tres un triángulo, y mantenerlo. Si todo a bien, el triángulo se convertirá en prisma y encerrará a Emersie. Jabi, procura mantener íntegra esa jaula: ten en cuenta que habrá variaciones en la intensidad, calidad y tipo de energía, según se requiera. Caballeros, ésto exigirá de vosotros ser capaces de soportar estas energías, y puede que alguno se sienta flaquear. Debéis manteneros incólumes.

– Señor –añade Rei– supongo que sabes que nuestra armadura tiene un tiempo limitado de uso.

– Lo tiene en circunstancias normales. Las energías que vamos a utilizar son divinas y contrarrestarán su naturaleza demoníaca.

– Entonces –inquiere Jabi– ¿no sería mejor prescindir de ellas?

– Vuestros cuerpos humanos sucumbirían a la intensidad. Por éso tú, Jabi, no puedes ponerte con ellos y tienes otra misión.

Rei y Jabi se unen a Koga y a Tsubasa en el altar. Koga, que a medida que el ser luminoso hablaba había notado que Meshia le agarraba la pierna cada vez más debilmente, se aparta de ella. Los tres se colocan. Jabi queda en el exterior de lo que ha de ser el triángulo. Los caballeros invocan a sus armaduras. Se acoplan.

Desde el suelo, la mujer del centro levanta sus brazos hacia Koga, como si le llamase a su lado. Casi inmediatamente él nota como si algo pesado lo hubiese golpeado con fuerza y casi lo tumba, y la armadura empieza a vibrar. Para cuando Rei inmoviliza los brazos de ella, la vibración ya casi ha terminado.

Ella sonríe. És la sonrisa de Kaoru.

– ¿Qué me has hecho? –pregunta el alarmado y enfadado Koga.

– Un regalo –responde ella, enigmática.

– Nada que pueda afectar a tu cometido inmediato –intervienen los seres flotantes–. No te preocupes.

No es un argumento que convenza a ninguno de los humanos presentes. Los forasteros luminosos aceptan explicarse.

– Koga, Meshia destruyó un mundo y debe asumir las consecuencias. De la misma forma, Kaoru y tú os habéis elegido el uno al otro: ella con todas sus circunstancias y naturaleza, y tú con todas las tuyas. Y al hacerlo, habéis creado vuestro propio destino.

– ¿Estáis diciendo –pregunta Koga– que es el destino de Kaoru haberse convertido en Meshia?

– Creer en el azar es tranquilizador porque os exculpa de todo –responde el incorpóreo ser– pero cuanto más dejéis en manos de cualquier factor externo a vosotros mismos, menos poder tendréis para influir en algo, ni siquiera en vuestra propia vida. Tú lo sabes bien, Koga, pues siempre has usado tu poder para vencer las más extremas circunstancias. ¿Por qué te cuesta tanto creer que Kaoru también ha utilizado el suyo?

– No creo que ella haya sido consciente de éso.

– Vuestro mundo está como está porque los humanos usáis vuestro poder sin saberlo.

Jabi se acerca a Koga y le dice casi al oído:

– Me temo que ha sido una treta de Meshia para hacerte dudar. No observo nada raro en tu armadura.

– Entonces sólo me ha enviado energía cinética.

La muchacha suspira.

– Francamente, no sé lo que ha enviado. Su ciencia es desconocida para mí. Todo en ella es raro.

Koga acepta que nada puede hacerse. Por éso ha decidido creer que Kaoru ha interferido y que no habrá consecuencias.

– Tenemos las armaduras puestas y el tiempo pasa –decide al fin en voz alta.– Empecemos.

– Caballeros –dice uno de los seres flotantes– encended el Fuego. Jabi, podrás empezar a combinarlo en cuanto lo hayan hecho.

Tan pronto como los tres fuegos dan signos de mezclarse, de cada uno de los siete seres desciende un rayo verde hacia el triángulo luminoso recién formado, incrementando su intensidad y tiñiéndolo con su color. Mientras, tres haces más suaves de colores azul, amarillo y rosa parte de uno de los seres hacia Jabi.

Un grito de puro terror indica a Koga que Kaoru es consciente de lleno de lo que va a suceder, y duda. Jabi se da cuenta y le advierte.

Poco después que la jaula luminosa se cerrara y la energía inundara su interior, la intensificación del rayo verde coincide con el chillido desgarrador de un ser torturado. Koga pierde parte de su determinación.

– ¡Koga! –grita Jabi, con un timbre alarmante– ¡Por favor!

El no se da cuenta, pero ella sí: otro rayo triple azul, amarillo y rosa, desciende hacia él y, poco a poco, recupera su fuerza y los gritos ya no lo influyen en su tarea.

La luz azul sustituye a la verde en el tratamiento. Meshia deja de gritar. Luego la luz rosa le sigue y, finalmente, la violeta. Ninguno supo en qué momento la víctima se sumió en la inconsciencia.

*   *   *

La sala está a oscuras. Los seres luminosos han desaparecido. Los horrores dormidos que llenaban la sala tampoco están, y el portal del templo, cerrado.

Jabi está sentada sobre sus rodillas, con las manos apoyados en el suelo, jadeando.

Los tres caballeros, ya sin sus armaduras, buscan también el apoyo firme del suelo. Rei se agarra el estómago como si fuese a vomitar. Tsubasa parece que vaya a aplastarse la cabeza con sus propias manos. Koga trata de contener los terribles pinchazos que siente en el corazón.

En medio de ellos se halla la solitaria figura de Kaoru, inconsciente, y con el rostro por fin sereno.

Nadie sabe cuánto tiempo ha pasado, pero no les importa. Uno a uno, los cuatro van cayendo víctimas de un sueño reparador.