dimecres, 25 de juny de 2008

Garo - Impresiones personales

A modo de aviso hacia el desprevenido lector occidental medio, antes de que se aventure a mirar esta serie o cualquier otra oriental, tendría que tener en cuenta algunas cosas:

- Es un producto de una cultura diferente. Eso se traduce, por ejemplo, en una cierta contención de los actores a la hora de expresarse verbalement, dejando de lado que sus personajes lo requieran o no o, por el contrario, lo que llamaríamos "sobreactuación".

- Es un género de obra al que aquí no estamos muy acostumbrados, o sólo lo admitimos para el público infantil y/o adolescente porque se supone que nosotros ya hemos superado la etapa de la fantasía, la magia, los poderes especiales. Si eso es cierto, yo no lo he superado en absoluto. Es más, considero la "realidad", como la llamamos nosotros, como una auténtica ficción por la sencilla razón que no tiene un fundamento real: sólo se basa en lo que se ve, se toca, se siente; es decir, todo apariencias. La ciencia no para de decirnos que los sentidos y los sentimientos nos engañan continuament, pero no nos lo creemos (el colmo de la inconsecuencia); incluso la lógica es subjetiva porque depende de lo que sabemos y de lo que, por lo tanto, podemos admitir. De la fantasía, de la magia, de los mundos alternativos, de los seres que los habitan, etc. se pueden sacar magníficas metáforas y/o símbolos de lo que para mí es la realidad y, por lo tanto, lo encuentro más creíble. Esta serie pertenece a un tipo de literatura que ha perdido vigencia entre nosotros, pero que para los orientales, y especialmente para los japoneses, conservan una gran estimación: la de los héroes (la diferencia es que, en esta serie en concreto, los héroes no son perfectos).

- La profusión de efectos especiales y de animaciones computerizadas se ponen al servicio de esta orientación mental. Y para ellos, la fantasía y la edad adulta no son incompatibles.

Hechas estas advertencias, os diré que la crítica no ha sido nunca mi punto fuerte, pues tengo tendencia a dejarme llevarse por la historia que se cuenta qué es, de hecho, lo que más me interesa. Por eso, sólo me atrevo a hablar de "impresiones personales".

A mí no me acostumbran a gustar las historias que implican lucha. Si seguí la serie cuando la pusieron en la tele por cable fue porque la encontré entretenida. Recuerdo que yo misma me preguntaba, episodio tras episodio "¿hacia donde lleva todo eso?". Vaya, que echaba de menos un poco de movimiento en el argumento principal, pero eso solo no me pudo apartar de la tele, y yo misma me sorprendí. Poco a poco se iba dando información útil o destinada a ser útil con el tiempo. No me aburría, no lo encontraba pesado, ni infantil, ni tampoco había ninguno "demasiado" lo bastante estridente como para molestarme de verdad.

Eso sí, hay algunas cosas chocantes, que no me suponen ningún problema porque es evidente que han sido hechas con total deliberación. Por ejemplo:

- Cuando se quiere representar un derramamiento importante de sangre, vemos una gran salpicadura roja, que desaparece difuminada en el aire ... y no volvemos a ver la sangre por ninguna parte. Se llega a los extremos de dejar intacta también la ropa a través de la cual se ha producido la herida. Eso no nos tendría que resultar tan extraño -excepto si nos gusta el gore, que no es mi caso- cuando vemos que los personajes, a los que se supone altamente entrenados y capaces de hacer proezas físicas importantes, pueden rehacerse de sus heridas en el acto (dependiendo del adversario que se lo haga) y continuar luchando.

- El protagonista lleva una especie de abrigo o gabardina preciosa, larga, abierta, ancha, prácticamente de diseño y de color blanco roto que siempre está inmaculadamente limpia, no importa que su portador esté en pleno combate, ruede por el suelo o lo estampen contra un árbol -me pregunto cuántas piezas de éstas habrán tenido que hacer. Hay pocas excepciones, que desaparecen tan pronto como la cámara se aparta de él ni que sea un momento. Se da el caso de conservarla limpia, mientras que el chico tiene cara y manos sucios. Sobre este abrigo dejadme decir que, en movimiento, dota a nuestro protagonista de una elegancia magestuosa, sobre todo en contraste con el traje ea dos piezas de piel negra ceñido que lleva debajo.

Diferente es el caso de lo que yo llamo el "gran descenso" del capítulo 25. Que dicho abrigo blanco no se mueva con el viento durante un rato cuando el resto de tiempo sí que lo hace, ya se parece más a un fallo. Hay más. Eso es especialmente notable porque en el disco del Making of se dice que han tenido mucho cuidado con los detalles, pero quien hablaba era el director de escenas de acción, y quizás él sólo se refería a su campo de actividad.

Aunque no soy, de ninguna de manera, una entendida, incluso es patente para mí como las animaciones computerizadas mejoran a medida que avanza la serie. No tiene nada que ver el "gran descenso" de qué hablaba antes con la cacería del horror en la galería de arte del primer capítulo.

Unas palabras sobre la actuación de Hiroki Konishi, que hace el papel protagonista. En un principio estoy de acuerdo con algunas críticas que he leído y que dicen que está un poco verde para el personaje que le ha tocado, el de Koga Saejima, un tipo frío y arisco que en los primeros episodios cuesta un poco creerse. Afortunadamene chupa mucha cámara y podemos ver su progreso expresivo, así como su evolución como personaje. En mi opinión, la mejoría es evidente en el capítulo 3. Lo veremos aprender a dominar la mirada y ponerla al servicio de su papel. A menudo son sus ojos el único indicio que tendremos de lo que oye a un personaje tan cerrado como Koga. Más adelante, con la aceleración de la trama principal, cuando los acontecimientos lo asaltan y empiezan a caer algunas barreras, se enriquece su manifestación expresiva, obsequiándonos con excelentes momentos emotivos -sobre todo teniendo en cuenta los estándares japoneses.

El disco del Making of dice otra cosa muy interesante y que me ha dejado verdaderamente de una pieza. Tanto Konishi como Ray Fujita, qué hace el papel de Rei Suzumura, reciben el agradecimiento de Keita Amemiya por haber aceptado rodar las escenas de acción sin el concurso de especialistas; lo considera un milagro. Si tenéis oportinitat, mirad el disco en cuestión, y os daréis cuenta de que eso de no tener dobles –al menos mientras ruedas– a veces es arriesgado para la integridad física. También se dice qu la Mika Hijii, que hace de Kaoru Mitsuki, también hizo las suyas del capítulo 24 ... Vaya por Dios!

Aunque la mayor parte de escenas están filmadas en ambientes cotidianos -interiores de edificios, aparcamientos, carreteras, calles urbanas, etc- la caza de horrores y buena parte de la acción se hace sobre todo de noche, así que la serie tiene un aire gótico.

Algo que no esperaba era que representaran la casa de Koga como una mansión casi victoriana, pero de interiores austeros y sombríos, ni que se comiera con cubiertos de estilo occidental. En esta misma línea, su espada es recta y de doble filo, y si no fuera por el mango y el mecanismo de cierre, podría pasar perfectamente por europea.

Sobre ésto, también me ha llamado poderosamente la atención que en ningún momento se ha mencionado nombre propio alguno de ciudad, de pueblo, de país; los únicos nombres de lugar mencionados -edificio, complejo residencial- estaban en inglés. Que los nombres de persona y los rasgos raciales sean japoneses, que algo de la ciudad la identifique como Tokio, parecen casi casualidades. Es como si nos dijeran "eso puede pasar en cualquier lugar". Y sí: la proliferación de horrores como reflejo de las miserias humanas tiene una voluntad universalista indudable, por no hablar de las veces que se menciona a los humanos y a la humanidad como especie, por oposición a los horrores.

La lucha contra los horrores -seres de naturaleza demoníaca- a lo largo de tantos episodios le dan un formato de "monstruo de la semana" pero no se me ha hecho pesado.

Me han dejado fascinada las coreografías de lucha. Gracias a Garo sé por qué se les llama "coreografías": tienen la precissió de un ballet y, si puedes abstraerte de las imágenes en sí y te fijas en la estética, hay incluso una cierta belleza.

Rompo una lanza a favor de las espléndidas armaduras que visten Koga y Rey. Tienen un gran realismo, a pesar de ser muy diferentes: la de Koga es dorada y sugiere brillo -ironías del destino, que el más cerrado de los personajes brille de esta manera, pero es que es el prota!- a la de Rey se la llama "plateada", pero parece de un metal más oscuro, aunque más brillante que el antimonio -será símbolo de sus motivos ocultos? Y ya que hablamos de atavíos, ya he mencionado el atuendo de Koga, magnífico en blanco y negro; pero el de Rey, todo en negro y con un abrigo también largo y un sofisticado motivo circular en la espalda, tampoco tiene nada a envidiarle. Kaoru es la más normal, porque ella es una chica normal, cosa que no son Rei y Koga.

También son espectaculares las joyas parlantes de los dos Caballeros Makai: el anillo de Koga y el colgante con cadena de Rei. Son muy elaborados, y cuándo se los anima para hacerlos hablar parece que muevan diminutos músculos faciales metálicos, dotándolos de un realismo chocante. El guión les ha dado inteligencia e incluso personalidad.

Aunque la trama en sí no es nada complicada -un poco demasiado senzilla, diría yo- la complementan las historias colaterales de las personas que, involuntariamente, han atraído los horrores que las han poseído, y podemos apreciar por qué eran presas fáciles.

Lo que encuentro realmente mal aprovechado es el villano de la serie. Sólo lo vemos moverse hacia el final, y desaparece de forma bastante inesperada, dejándome un sabor de demasiado poco villano para la polvareda argumental que había levantado. La pregunta que me hago es: ¿realmente hacía falta este individuo, teniendo en cuenta que es eliminado por otro villano de más jerarquía? Seguramente sí ya que, según descubrimos al episodio 22, ha sido una pieza clave en muchos acontecimientos, sin embargo ... En fin, que la trama principal no se ha puesto en marcha hasta acabar el capítulo 17, y habría podido empezar antes.

De hecho hay una sucesión de tres villanos en los dos últimos episodios, peones aparte. Seguramente eso no tiene otro objetivo que obligar al prota a enfrentarse a ellos. Pero incluso eso no se hace pesado en mi opinión: cada uno lucha en un ambiente distinto y todos tienen su cosa. Por mi parte, yo definiría la lucha del prota contra los tres villanos sucesivos así:

1. La voluntad de respetar el propio camino.
2. El triunfo del amor.
3. La propia superación.

Espero poder comentarlo más adelante, ya que me estoy dando cuenta de unas cuantas cosas.

Por otra parte, considero que se ha hecho abuso del arquetipo de la chica en peligro rescatada por el chico. Es cierto que gran parte de la serie gira en torno a este esquema y no tiene sentido que me moleste. Lo que a mí me parece que es pasarse es la cantidad de desmayos y caídas fáciles que sufre la pobre Kaoru. Además, si me pongo en su lugar, encontraría muy molesto que después de cada lapsus memorístico me encontrara el mismo individuo insociable cerca, o incluso demasiado cerca –quizás me estoy pasando: Koga ha resultado siempre muy honorable en este sentido.

Y, por fin, echo de menos un beso como Dios manda. Pero -ai!- me temo que los japoneses son bastante puritanos en este aspecto.

El final sí que es inesperado. De hecho es lo único que queda sin cerrar en la serie. Para ver el auténtico final habrá que enviar al espectador a la última escena de la miniserie La bestia de la Noche Blanca.