divendres, 11 de setembre de 2009

GARO Fanfic – Regreso de los exiliados, 3


Capítulo 3: Abducción


A muchos kilómetros de distancia, un Rei presa de una ilusión que se impone a su inquietud cada vez que su bella invitada le sonríe, le sirve ceremoniosamente un gran pedazo de pastel de chocolate hecho en casa. Se siente feliz, y teme abordar otra vez la razón de su presencia. No quiere malentendidos. No quiere herir a Koga. No quiere echar a Kaoru. Y está solo. Ya se lo diré mañana, decide por enésima vez.

– ...Y entonces me empujó, me caí y me golpeé con...

Su conflicto le ha impedido oir toda la charla de la muchacha, pero estas palabras penetran en su corazón como flechas.

– ¿Qué? –Se levanta de su silla–. ¿Koga te maltrata?

– No es la primera vez.

Rei toma su asiento, lo trae junto al de ella, y se sienta con una suavidad que desmiente lo que grita en su interior, pero la chica tiene algún indicio de ello cuando él habla casi con las mandíbulas apretadas.

– Mataré a ese prepotente.

– No... –se apresura a responder Kaoru. Sus ojos se pasean por el rostro de él, y pronto sus pálidos dedos hacen lo mismo–. Para mí es suficiente tu intención.

El joven toma esa mano que lo martiriza y se atreve a besarla.

– Puedes quedarte todo el tiempo que quieras.

* * *

Cuando Kaoru marcha a trabajar al día siguiente, su mente apenas registra los semáforos, personas y obstáculos diversos que sortea con su bicicleta. Siendo tan difícil la comunicación con Koga, sabe que está desarmada para hacer frente a cualquier cosa que le contraríe. Y también sabe que su corazón no debería ser tan vulnerable, puesto que él es así. ¿Cómo va a poder arreglar algo, si él no le da pie? Está empezando a dudar que ambos tengan alguna oportunidad como pareja, cuando advierte que hay algo en su camino.

Una persona. Una mujer. ¡Un duplicado de sí misma! Su vehículo se detiene de forma tan brusca que está a punto de caerse. La mirada que le devuelve su alter ego es dura, mientras que sus labios se tuercen en una mueca de pesadilla.

Cuando puede salir de su estupefacción, su instinto de conservación le advierte que lo mejor es salir corriendo. Pero la extraña la abraza y la empuja tras unos matorrales de jardín próximos. Y todo se vuelve oscuro.

*     *     *
Al despertar, Kaoru oye ruídos. Piedras, tierra, vibración, resoplidos. Le duele la cabeza. Abre los ojos para descubrir que no ve nada.

– ¿Quien hay ahí?

Un gruñido casi animal le responde desde una cierta distancia. Está tendida en un suelo de tierra y tiene atados brazos y piernas. Entonces recuerda a la extraña, esa copia exacta de sí misma que le salió al paso... algo anda muy mal.

– ¿Quién eres?

Su captor, o captora, la ignora esta vez. Pero a medida que sus ojos se acostumbran a la oscuridad ve a alguien en movimiento, como excavando en una pared rocosa a mano desnuda, una extraña figura grisácea. Cuando el ser se vuelve para mirarla, atraído por sus movimientos, descubre unos ojos sorprendentemente circulares, boca sin labios, ausencia de orejas y un par de muy largos y gruesos filamentos en su cabeza, aparentemente muy flexibles. ¿Qué es éso? ¿Un extraterrestre?

– ¿Qué eres? –Su voz, tiembla.

Sólo una serie de gruñidos le contestan y sin embargo, la muchacha sabe que el ser trata de decirle algo. Apenas empieza a preguntarse qué tipo de lenguaje puede ser, una conmoción sacude todo su cuerpo. ¡Otra vez no!

Sus gritos alarman al horror lo suficiente como para taponarle la boca apresuradamente, tras arrancar trozos de tela que dejaron su blusa convertida en harapos. Nada más puede hacer, salvo contemplar como el bicho completa su obra de excavación. ¿Dónde está Koga?

Kaoru es arrojada al entrante en la pared recién hecho sin contemplaciones, lo que le vale golpes en distintas partes del cuerpo. A continuación el horror le destroza el vendaje. Gruñe contrariado. Arranca más tela de su blusa y limpia, concienzudamente pero sin cuidado, su herida de los restos de sustancias desinfectantes y regenerantes, ignorando los esfuerzos denodados de ella por gritar de dolor.

Cuando cree que la tortura ha terminado, las larguísimas antenas grises se doblan hacia delante, en su dirección. Tras quitar el trapo de su boca, una de ellas fuerza su apertura, se introduce hasta casi la garganta y secreta algo semilíquido que ella sólo puede tragar hasta casi ahogarse. Luego, el extremo de la otra antena desciende hasta su brazo y se introduce en su gran desgarro. Kaoru siente como lo toca todo ahí, pero su corazón está demasiado horrorizado como para permitirle una reacción que no sea la del llanto, y ni siquiera advierte que su herida vuelve a sangrar. Tras retirar la antena, el ser de otro mundo vierte su propia saliva, causando severas nauseas a la desdichada joven, pero ello corta la hemorragia.

Al terminar, el horror la desata y tapona lo excavado con piedras, unidas con un mortero a base de otra secreción de sus antenas. El espacio vital con que cuenta Kaoru es muy estreño y de forma semiesférica, con un agujero en el centro de la pared recién construída del tamaño de una cabeza.

Kaoru se asoma tímidamente y asiste a la progresiva transformación del horror... ¡en ella misma!

Poco después la falsa Kaoru se vuelve y le sonrie con esa mueca infernal que le mostró la primera vez que la vio.

– ¡Por fin puedo hablar como los humanos!

Mientras se viste con ropa que había tenia allí preparada continua hablando.

– Realmente los humanos sois débiles y paranoicos, me sorprende que vuestra especie se haya podido propagar tanto. Para que te enteres, éso que te he hecho tragar es comida de la vuestra, concretamente manzana, patatas fritas y cocacola, que predigerí especialmente para ti.

Un violento espasmo de asco sacude el estómago de Kaoru. Vomita.

– Como he dicho: paranoica perdida. –El horror se encoge de hombros y, habiendo terminado de vestirse, se coloca su parche de la herida en el brazo para que la semejanza sea completa–. Bueno, voy con tus dos novios. No me mires así, sabré cómo tratarlos. ¡Eres tú quien deberías aprender! Volveré a alimentarte cuando necesite copiarte de nuevo. Vuestro ADN es tan flojo que se mantiene poco tiempo. ¡Increible que la naturaleza os haya permitido sobrevivir!

Necesita a Koga, ¡por qué no está aquí, con ella?!, piensa, mientras su estómago se está vaciando.
*     *     *

– Vengo a recoger mis cosas. Me voy.

Koga la mira estupefacto, a ella, que cruza el umbral de la puerta tranquilamente tras soltar esta bomba, y a Rei Suzumura, que la sigue.

– ¿Cómo?

– Yo te lo explico... –interviene Rei, falsamente servicial.

– ¡Tú no te metas! –le interrumpe.

Kaoru sube la escalera y se pierde de vista, pero Rei permanece frente al dueño de la casa, impidiendo así que éste suba a pedirle explicaciones a la chica.

– ¡Rei! –grita ella desde arriba.

– Ya ves: sí que puedo meterme, –vuelve a sonreir el visitante, pero una poderosa mano le agarra un brazo cuando se dirige hacia la escalera.

– ¿Qué le has hecho? –El tono de Koga es peligroso.

– ¿Quien, yo? ¡Éso deberías preguntártelo a ti mismo!

El involuntario anfitrión le agarra las solapas de su gabardina negra, dispuesto a luchar por lo que es suyo, y lo empuja hasta golpear con él dos veces la pared que los detiene, arrancando un leve gemido de su oponente.

– ¡Déjate de adivinanzas! ¿Por qué Kaoru ha decidido de repente dejar esta casa?

– Al parecer no eres lo suficientemente hombre para ella.

El puño del dueño de la casa vuela hacia la cara del visitante, qué lo esquiva, y responde levantando su rodilla para golpear al aire.

– Rei, ¿se puede saber por qué no vienes? ¡No pretenderás que yo cargue con todo!

– ¡Ya voy! – responde, zafándose de Koga.

Ambos hombres la ven asomada  al rellano de la escalera, indiferente a la escena que ha presenciado, cosa que les sorprende. Pero, ilusionado el uno y ofuscado el otro, no hacen caso de la señal.

Koga sube los pendaños tras Rei, y los observa recoger ropas, atar cuadros, limpiar pinceles, mientras siente su corazón como siendo hurgado por una daga. Y a medida que comprende que nada puede hacer, su ánimo se va apagando.

– ¿Por qué? –es lo único que puede decirle a ella cuando pasa por su lado al salir de la casa. Ella se para a mirarlo.

– ¿Y me lo preguntas? Tu memoria es muy mala, deberías ir al neurólogo.

– Kaoru... –Koga la retiene por un brazo, resistiéndose aún a creer lo que sucede ante sus ojos.

A su vez, Rei le agarra a él.

– ¡No la toques! ¡Cómo te atreves!

Koga se vuelve contra él, toda su prostración desaparecida de repente. Una de sus manos vuela al cuello del visitante, mientras la otra trata de liberarse de su zarpa.

– ¿Qué le has hecho, maldito? ¿A qué artimañas Makai o no Makai has recurrido para lavarle el cerebro?

Rei no lo tiene fácil para responder con la presión de su oponente en el cuello. Así enzarzados, ninguno de ellos advierte la leve sonrisa satisfecha de Kaoru.

– ¡Ya basta! –chilla algo más tarde. Los obliga a soltarse con una fuerza sorprendente y se enfrenta a Koga–. ¿Sigues sin tener memoria? Yo te la refresco. Estoy harta de que me trates como a una niña pequeña. Estoy harta de que me zarandees, me pegues, me empujes...

– ¿Qué...? –Koga ni siquiera puede oir su propia voz. Sus ojos se han abierto desmesuradamente.

– ...Quédate con tu casa y decórala como un cementerio, si quieres, con tal de no volver a verte. ¡Que te soporte tu madre!

Kaoru se da la vuelta y arrastra a Rei tras de si. Koga los ve marcharse con su corazón convertido en hielo. No entiende por qué ella ha mentido, ni comprende por qué le ha dejado. Ahora ya le es difícil creer que Rei le haya podido hacer algo. La muchacha no parecía en absoluto influenciada por nadie, al contrario, la ha visto más segura que nunca. Es alguien que no necesita que la protejan: en cualquier otra circunstancia, él se habría alegrado. Pero algo la ha cambiado de una forma extrema, ya no tiene afecto alguno por él, i él mismo la empieza a sentir lejana. Ha perdido a su amada, y ésto es lo único real.

– Koga –la cabecita metálica en su dedo interviene– no permitas que ésto te afecte.

Zaruba hace una pausa, pero viendo que el joven ni siquiera parece haberlo oído, añade:

– ¿Por qué ha hablado así Kaoru? Le está pasando algo serio, ¡lo sé!.

Koga deja caer su cabeza hacia delante. Probablemente, ella sólo estaba con él por agradecimiento, y ésta ha sido la única manera que ha visto para deshacerse de él. Sus propios sentimientos deben haberlo cegado a la verdad.